Enfermería
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Enfermería Ginecoobstétrica
Capítulo 12. Atenciones de enfermería a pacientes con inflamación pélvica
Enfermedad inflamatoria pélvica
Preguntas de autoevaluación

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Enfermedad inflamatoria pélvica

Es una inflamación de la cavidad pélvica que implica: útero (endometritis), trompas de Falopio (salpingitis) (Figs. 12.1 y 12.2), ovarios (oofaritis), peritoneo pélvico o sistema vascular pélvico. La infección puede ser aguda, subaguda, recurrente o crónica y localizada o propagada. Por lo general es provocada por bacterias pero puede ser también por virus, hongos o parásitos. Los microorganismos de la gonorrea y Chlamydia son causas más probables de cirugía.


Fig. 12.1. Salpingitis aguda en fase catarral o exudativa. Tomado de: FH Netter,
op. cit.


Fig. 12.2. Salpingitis avanzada con formación de un piosalpinx. Tomado de: FH Netter, op. cit.

Enfermedad inflamatoria pélvica aguda

La OMS estimó que en el año 2000 una de cada mujer que alcanzó la edad reproductiva en los años 70 habría tenido un episodio de enfermedad inflamatoria pélvica. De ellas 25 % estuvo hospitalizada, 25 % fue sometida a cirugía y 20 % quedaron estériles.

En los países industrializados la frecuencia de salpingitis aguda aumentó de 20 a 50 % en los últimos 10 años.

La mayor parte de los casos se produce por algún microorganismo transmitido por vía sexual, así que, la epidemiología de esta enfermedad es semejante a las demás de transmisión sexual. Más de 25 % de las pacientes tienen menos de 25 años y 70 % son nulíparas.

Causas

La causa de la enfermedad infla-matoria pélvica es de naturaleza polimicrobiana, una amplia variedad de microorganismos han sido aislados en el tracto genital de mujeres afectadas, entre estas Neisseria gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis que se transmiten por contacto sexual. También micoplasmas, bacterias anaerobias y aerobias, tales como: especie de bacteroides, peptoes-treptococos, Gardnerella vaginalis, Escherichia coli y estreptococos del grupo B.

Los gérmenes que se encuentran en la vagina y el endocérvix, atraviesan el orificio cervical interno y penetran al endometrio y, de ahí, van a las trompas de Falopio donde pueden seguir varias vías, cerrar el extremo fímbrico y formar una colección purulenta (piosalpinx) o drenar el pus en la cavidad pelviana que origina el absceso de saco de Douglas, si se colecciona en el fondo de saco posterior; o una pelviperitonitis aunque, en ocasiones, las trompas se adhieren a los ovarios y forman un absceso tuboovárico con participación del parametrio (parametritis) o, incluso, forman un apelotonamiento de asas adheridas entre sí por las fibrinas, lo que provoca el plastrón pelviano.

Valoración

Los factores de riego son:

  1. Mujeres jóvenes sexualmente activas, solteras con varios compañeros sexuales o frecuentes cambios de pareja son más propensas a adquirir una infección genital.

  2. Mujer con infección de transmisión sexual, especialmente gonorrea e infección genital por Chlamydias tienen un alto riesgo de desarrollar enfermedad inflamatoria pélvica.

  3. Antecedentes de enfermedad inflamatoria pélvica incrementan el riesgo de un nuevo episodio, ya que, posiblemente, se produce una anexión en el epitelio tubárico, disminuyendo las defensas de las trompas para futuras infecciones.

  4. Inserción y el retiro de los dispositivos intrauterinos, cuando no se cumplen las condiciones de asepsia, favorece el desarrollo de la enfermedad inflama-toria pélvica.

  5. Otros factores de riesgo son:
  1. Las infecciones puerperales y posaborto.

  2. Ectopia cervical, más frecuente en mujeres mayores.

  3. Fase preovulatoria del ciclo menstrual en la que los estrógenos alcanzan su más alta concentración y el moco cervical tiene mayor filancia y permeabilidad.

  4. La menstruación, pues al haber perdido el moco cervical y ser la sangre un medio de cultivo para algunos gérmenes, junto a las cantidades bajas de progesterona en esta etapa del ciclo, lo cual inhibe el crecimiento del gonococo in vitro, facilitan el ascenso, sumado a una menstruación retrógrada.

  5. Dilataciones y curetajes cervicales, que rompan el tapón mucoso cervical.

  6. Pruebas de permeabilidad tubaria.

  7. Fertilizaciones asistidas.

Los anticonceptivos orales se consideran factores protectores de la enfermedad inflamatoria pélvica. La progesterona aumenta la densidad del moco cervical, impidiendo la entrada bacteriana dentro del útero. La progesterona también disminuye la actividad muscular uterina y, por tanto, evita el ascenso de bacterias a tramos altos del aparato genial, además de inhibir el crecimiento de ciertas bacterias en las trompas. Los esteroides también pueden influir por sus efectos antiinflamatorios.

Los métodos de barrera y los espermicidas químicos se asocian a un riesgo menor de enfermedad inflamatoria pélvica y disminuyen la incidencia de gonorrea cervical.

Las principales vías de entrada son:

  1. La vagina y el canal genital, que es la más frecuente y su principal vehículo es el acto sexual.

  2. La sangre lo hace con mayor frecuencia, como por ejemplo: el bacilo de Koch, el cual origina la tuberculosis del aparato genital femenino.

  3. Traumatismo del aparato genital que se puede infectar secundariamente.


Las principales vías de propagación son:

  1. Infección ascendente por la luz del tracto mulleriano, comprende: bartholinitis, cervicitis, endometritis, salpingitis, piosalpinx, absceso tubárico, absceso ovárico, pelviperitonitis, absceso de saco de Douglas y peritonitis generalizada.

  2. Otra vía es la infección ascendente por los espacios conjuntivos y los linfáticos del paratejido, comprende secuelas obstétricas, ejemplo: parto y aborto. También puede ser por tumores malignos del cuello uterino o del endometrio, que son poco frecuentes. Los gérmenes penetran por los linfáticos, en el parametrio y originan una parametritis que se puede extender y provocar una pelviperitonitis.

  3. La infección por vía hematógena: algunas enfermedades (tuberculosis y sida) infectan el aparato genital por medio de una siembra hematógena.

  4. La infección por contigüidad, tiene importancia en la peritonitis de origen extragenital, en las apendicitis perforadas u otras perforaciones donde los exudados tienden a acumularse en saco de Douglas y la trompa, por un mecanismo de transporte similar a la captación del óvulo.

Cuadro clínico

Se manifiesta por dolor pelviano que puede variar desde ligeras molestias, que se exacerban en el examen pélvico, hasta el dolor agudo, intenso en bajo vientre que no permite el examen ginecológico, también se puede incrementar con los cambios de posición y la deambulación. El dolor es el síntoma más frecuente, se hace intolerable cuando la enfermedad inflamatoria pélvica se extiende al peritoneo, y obliga a la paciente a permanecer acostada. Fiebre alta hasta 39 o 40 ºC, acompañada de escalofríos con variaciones bruscas, es decir "en aguja", y malestar general. La leucorrea con frecuencia precede de 10 a 20 días el inicio del dolor pelviano. Aproximadamente 3/4 partes del total de las mujeres refieren un aumento del flujo vaginal. En la enfermedad inflamatoria pélvica causada por gonococo o Chlamydia, los síntomas, por lo general se inician durante la menstruación o durante la fase proliferativa del ciclo menstrual. Los síntomas gastrointestinales son poco frecuentes en la enfermedad inflamatoria pélvica ligera o moderada; pero en las formas severas con participación peritoneal sí están presentes las náuseas y vómitos. Se han reportado dolor o molestias en el cuadrante superior derecho del abdomen en 5 % de los casos debido a perihepatitis
concomitante. Estos síntomas se acompañan de taquicardia, polipnea y, en ocasiones, toma del estado general.

Las distintas formas clínicas tienen un cuadro muy parecido, pero con diferencias que dependen de la posición del tracto genital que esté afectado.

La endometritis es la inflamación de la mucosa uterina cuando es invadida por microorganismos, con predominio del dolor en bajo vientre y ante la movilización del útero.

En la salpingitis se produce la inflamación de la mucosa tubaria, por lo general, es bilateral y puede evolucionar desfavorablemente con el cierre del extremo distal de la trompa, y la consiguiente acumulación del pus que se denomina piosalpinx.

El contenido tubario pude escapar por su extremo distal y provocar peritonitis pélvica que, de acumularse en el fondo de saco de Douglas, forma el denominado absceso de Douglas (Fig. 12.3).


Fig. 12.3. Peritonitis pelviana . Tomado de: FH Netter, op. cit.

El extremo fímbrico de la trompa se puede unir a la corteza ovárica y, el material infectado, penetrar en el ovario por el punto de rotura folicular o penetrar directamente a la cortical ovárica, con lo que se forma un verdadero absceso ovárico.

El piosalpinx puede evolucionar hacia la resolución con modificación del pus, que toma un aspecto claro, transparente y mantiene la distensión tubaria, a lo que se le denomina hidrosalpinx (Fig. 12.4). A pesar de lo anterior puede tener una evolución desfavorable, ya que el absceso tuboovárico se puede fisurar o romper, y verter su contenido en la cavidad abdominal, lo cual provoca un cuadro de extrema gravedad, es decir, formarse una peritonitis (Fig. 12. 5).

Fig. 12.4. Hidrosalpinx bilateral. Tomado de: FH Netter, op. cit.


Fig. 12.5. Peritonitis y absceso del fondo de saco de Douglas. Tomado de: FH Netter, op. cit.

Diagnóstico

Se deben examinar los genitales externos en busca de: enrojecimientos, fisuras, ulceraciones, verrugas y secreciones. La inspección del cuello uterino es fundamental, ya que puede mostrar la existencia de endocervicitis mucopurulenta o la presencia de más de 10 leucocitos polimorfonucleares por campo microscópico de gran magnitud al observarse en la coloración de Gram.

Durante el examen pélvico bimanual, el dolor a la movilización del cuello uterino y de los anexos uterinos es la piedra angular en el clásico diagnóstico clínico de enfermedad inflamatoria pélvica.

El examen mediante ultrasonido permite mostrar la presencia de las masas pélvicas (abscesos tuboová-ricos), trompas dilatadas (piosalpinx o hidrosalpinx) y líquido en el fondo de saco de Douglas.

El estudio laparoscópico fue, de inicio, utilizado para la confirmación del diagnóstico clínico y está indicado en pacientes en quienes, además de la sospecha clínica de enfermedad inflamatoria pélvica, se incluye la posibilidad de apendicitis, enteritis regional, embarazo ectópico, endometriosis o quiste de ovario. Se puede utilizar en la toma de muestra para estudio microbiológico.

El diagnóstico diferencial se debe realizar con:

  1. Apendicitis aguda.

  2. Embarazo ectópico.

  3. Quiste de ovario.

  4. Obstrucción intestinal.

  5. Pielonefritis.

  6. Neumonía.

  7. Colecistitis.

  8. Enteritis regional.

  9. Endometriosis.

Exámenes complementarios

Los exámenes complementarios que se deben indicar son los siguientes:

  1. Hemograma con diferencial que puede demostrar una leucocitosis con desviación izquierda.

  2. Eritrosedimentación acelerada.

  3. Serología.

  4. Parcial de orina.

  5. Exudado vaginal y endocervical con cul- tivo.

  6. Ultrasonido ginecológico.

  7. Laparoscopia ginecológica.



Complicaciones

En la enfermedad inflamatoria pélvica se pueden presentar las complicaciones siguientes:

  1. Infertilidad, ocasionada por infecciones de las trompas uterinas, en la mayoría de los casos (debido al aumento de infecciones transmitidas sexualmente como causa de enfermedad inflamatoria pélvica).

  2. Embarazo ectópico (tubario) que también se asocia con la enfermedad inflamatoria pélvica y la oclusión incompleta de la luz tubaria.

Las mujeres que han padecido de esta enfermedad inflamatoria pélvica tiene 6 a 10 veces probabilidad de tener un embarazo ectópico. En la mayoría de los estudios, aproximadamente, la mitad de las trompas extirpadas por embarazo ectópico muestran signos de infección anterior y las pacientes refieren una historia de enfermedad inflamatoria pélvica.

  1. Otra consecuencia conocida por todos los ginecólogos es el dolor pelviano crónico, definido como aquel que se presenta con una duración de 6 o más meses, frecuentemente, relacionado con el ciclo menstrual y más pronunciado durante la ovulación y la fase preovulatoria.

La enfermedad inflamatoria pélvica casi siempre es consecuencia de una infección de transmisión sexual, por lo que su profilaxis se fundamenta en la prevención de las infecciones del tacto genital inferior, un diagnóstico precoz y oportuno y en el tratamiento eficaz de estas infecciones antes que avance a enfermedad inflamatoria pélvica.

También una adecuada atención prenatal, corregir la anemia, cumplir con la dieta balanceada con un aporte vitamínico adecuado y el tratamiento de focos sépticos.

En la enfermedad inflamatoria pélvica aguda el tratamiento puede ser ambulatorio, siempre que se presente temperatura menor que 38 ºC y conteo de leucocitos inferior 15 000/mm³ y no existan masas pélvicas, ni reacción peritoneal. El tratamiento es por vía oral y se deben reevaluar dentro de 72 h, después de la evaluación inicial de las que no hayan mejorado deben ser hospitalizadas o cuando tiene temperatura de 38,3 ºC o más y leucocitos igual 15 000/mm3 o más y existe masas pélvicas y reacción peritoneal.

Diagnóstico de enfermería

El personal de enfermería debe realizar los diagnósticos siguientes:

  1. Hipertermia relacionada con la infección.

  2. Posible intolerancia a la actividad relacionada con dolor.

  3. Trastorno del patrón de sueño relacionado con dolor.

  4. Ansiedad relacionada con hospitalización.

  5. Miedo relacionado con falta de conocimiento.

  6. Déficit de autocuidado, dificultad para la higiene personal relacionado con falta de conocimiento.

Intervención

El personal de enfermería, ante una paciente con enfermedad pélvica aguda, debe realizar acciones dependientes e independientes para brindar la atención requerida.

Acciones de enfermería dependientes

Las acciones dependientes están relacionadas con el tipo de tratamiento que se realice, o sea, si es ambulatorio o no y si el tratamiento es quirúrgico.

El tratamiento ambulatorio consiste en:

  1. Ceftrioxona: 250 mg por vía intramuscular, en dosis única o cefoxitin: 2 g por vía intramuscular, en dosis única más probenecid: 1 g por vía oral; seguido de doxiciclina: 100 mg por vía oral, 2 veces al día durante 14 días, o tetraciclina: 500 mg por vía oral, 4 veces al día por 14 días o eritromicina en igual dosis y tiempo. Algunos recomiendan el metronidazol: 500 mg por vía oral, 4 veces al día durante 14 días.

  2. Se le debe orientar reposo físico y sexual hasta que todos los síntomas hayan desaparecido y su pareja sexual haya sido tratada.

  3. El tratamiento a pacientes hospitalizadas debe tener en cuenta:
  1. Dieta blanda acompañada de laxante, si es necesario.

  2. Reposo físico en posición semisentada.

  3. Aplicar bolsa de hielo en el hipogastrio.

  4. Llevar hoja de balance hidromineral.

  5. Examen ginecológico cada 3 días para valorar la evolución.

  6. Se suministran antimicrobianos, antiinflama-torios y analgésicos:

    - Esquema A:

    • Cefoxitina: 2 g por vía intravenosa, cada 6 h.

    • Cefoletán: 2 g por vía intravenosa, cada 12 h u otra cefalosporina en dosis equivalente; simultáneamente se suministra doxiciclina: 100 mg por vía intravenosa u oral cada 12 h o tetraciclina: 500 mg cada 6 h.

    - Esquema B:

    • Gentamicina: 2 mg/kg de peso como dosis inicial y continuar con 1,7 mg/kg de peso cada 8 h, más metronidazol: de 0,5 o 1 g por vía intravenosa u oral cada 6 a 8 h o clindamicina: 600 o 900 mg por vía intravenosa cada 8 h.

    Cualquiera de estos esquemas es suministrado por lo menos hasta 48 h o más, después que la paciente mejore. Después del alta hospitalaria se debe continuar la doxiciclina o tetraciclina hasta totalizar 14 días.


  7. También se puede utilizar la combinación de cefalosporina más metronidazol seguida de tetraciclina.
  1. Tratamiento quirúrgico a las pacientes con:
  1. Drenaje abdominal o extraperitoneal si está localizado el absceso a través del hipogastrio.

  2. Colpotomía posterior, si se rompió el absceso y ocupa el fondo de Douglas.

  3. Salpingectomía o histerectomía en bloque, si hay absceso tuboovárico con toma del estado general y en estado latente, posterior al tratamiento médico.

Acciones de enfermería independientes

Estas acciones de enfermería consisten en:

  1. Las pacientes con enfermedad inflamatoria pélvica se muestran temerosas y preocupadas por su enfermedad y es importante que el personal de enfermería le ofrezca psicoterapia de apoyo para disminuir su preocupación, explicándole el tratamiento y que evolucionará satisfactoriamente, si lo cumple, y preparar a la paciente para las pruebas diagnósticas.

  2. Orientar evitar constipación, mantener la higiene y no tener contacto sexual hasta: terminar el tratamiento, que desaparezcan los síntomas y su pareja sexual haya sido tratada.

  3. También se orienta la importancia del empleo del condón para evitar la infección de transmisión sexual, así como evitar tener varios compañeros sexuales.

  4. Asistir a la consulta de ginecología periódicamente (cuando menos una vez al año).

  5. Si presenta dolor, secreciones o fetidez vaginal asistir al médico de su consultorio.

  6. Medir los signos vitales haciendo énfasis en la temperatura, por la hipertermia que presentan estas pacientes y conocer cómo está evolucionando.

  7. Debe colocar un apósito estéril en la vulva para evaluar las pérdidas vaginales.

  8. Explicar a la paciente que debe realizar reposo físico en posición semisentada para facilitar el drenaje de las secreciones pelvianas.

  9. Realizar preparación psicológica (explicándole la importancia del reconocimiento ginecológico para valorar su evolución) y la preparación física orientando que debe orinar antes del reconocimiento.

  10. Además, colocar a la paciente en posición ginecológica. Mantener la privacidad y se mantenerse a su lado durante el examen.

  11. Educación sanitaria sobre la colocación del apósito en la vulva que debe ser siempre de alante hacia atrás, para evitar contaminar la vagina con la flora intestinal normal.

  12. El aseo de la vulva antes de colocar óvulos vaginales. Se enfatiza en la higiene, que no se debe aplicar ducha vaginal porque reduce la flora natural que combate las infecciones y suelen introducir bacterias hacia la parte superior.

  13. El personal de enfermería recoge las muestras para las distintas pruebas diagnósticas. La recogida de estas ha de realizarse durante una exploración ginecológica completa en inspección y palpación de los genitales internos y externos.

  14. Se debe investigar, previamente, si se ha aplicado tratamiento tópico durante 24 h anterior o si ha recibido medicamento antibiótico por alguna vía de administración durante 72 h anteriores a la toma de muestra.

  15. El tiempo óptimo entre la recogida de la muestra y el procesamiento en el laboratorio no debe exceder de 24 h. La muestra se debe recoger después de colocar el espéculo sin lubricar en la vagina.

Toma de muestra vaginal

Para el examen directo se recoge la secreción vaginal con un aplicador y luego se deposita en un portaobjetos para estudio del examen en fresco (se observa al microscopio con solución salina o KOH a 10 %, tinción de Gram, o bien otras tinciones según el microorganismo causal a estudiar).

Para el cultivo la muestra se obtiene mediante un aplicador que se introduce, posteriormente, en el medio de transporte.

Según el microorganismo causal, la muestra se debe recoger de las paredes vaginales (Candida y Gardnerella vaginalis) o del fondo de saco posterior de la vagina (Trichomona vaginalis).

Toma de muestra endocervical

Después de visualizar, perfectamente, la zona, se introduce el aplicador en el canal cervical para impregnarlo de la secreción cervical.

Al retirar el aplicador se debe hacer sin tocar las paredes vaginales y se introduce en su medio de transporte. Puede transcurrir desde la toma de la muestra hasta su análisis 24 h como máximo.

Para la determinación de Neisseria gonorrhoeae, al recoger la muestra endocervical es necesario limpiar el cuello uterino de forma que se retire todo el moco y todos los restos que presente el endocérvix. Posteriormente se ha de introducir un aplicador montado para que se impregne del material purulento. Después se introduce el aplicador en el medio de transporte adecuado. Puede transcurrir desde la toma de la muestra hasta su análisis un máximo de 24 h.

Para la determinación de Chlamydia, primero se debe limpiar el cuello uterino con una torunda y, a continuación, se introduce el aplicador hasta que la punta no sea visible y se efectúa una rotación durante 5 o 10 s, con la presión suficiente para arrastrar células epiteliales. Al retirar el aplicador no se deben tocar las paredes de la vagina y se debe introducir en el tubo de protección

Evaluación

Las acciones que realiza el personal de enfermería tiene éxito si:

  1. Logró alivio del dolor, manifiesta reducción progresiva del dolor, molestias e incomodidad.

  2. Experimenta disminución de la temperatura y signos vitales normales.

  3. Experimenta menos ansiedad:

  1. Disminuye temor.

  2. Demuestra que conoce signos y síntomas de su enfermedad.

  1. Participa en los cuidados personales:

  1. Aseo de la vulva según instrucciones.

  2. Evita relaciones sexuales sin protección.

Enfermedad inflamatoria pélvica crónica

La enfermedad inflamatoria pélvica crónica puede tener su punto de partida en alteraciones estructurales que, como secuela, deja una enfermedad inflamatoria
pélvica aguda (EIPA), aun cuando la paciente fue tratada adecuadamente. Dichas alteraciones se convierten en espinas irritativas que determinan la denominada enfermedad inflamatoria pélvica crónica, que se agudiza en cada nueva infección o en cada maniobra quirúrgica sobre el útero.

La enfermedad puede, además, presentarse como consecuencia de una terapéutica insuficiente en su fase aguda o en el seguimiento. Deja secuelas que afectan notablemente la psiquis de la mujer por el temor que tiene de no poder parir, pues presentan las trompas obstruidas y eso ocasiona esterilidad.

Valoración

Las formas clínicas más frecuentes son tres: me-troanexitis crónica, salpingitis crónicas e hidrosalpinx.

En la valoración de enfermería es igualmente importante los datos que se obtienen en el cuadro clínico en la enfermedad inflamatoria pélvica crónica, como se explicó anteriormente en la enfermedad inflamatoria pélvica aguda, así como los exámenes complementarios, para realizar un diagnóstico y tratamiento oportuno y evitar así las complicaciones.

Cuadro clínico

Se caracteriza por presentar dolor pelviano, difuso y de intensidad variable que, en ocasiones, las mujeres lo describen como pinchazos en la pelvis y sensación de peso, también se puede manifestar con dismenorrea aunque no siempre está presente, dispareunia, constipación y diarreas bajas o ambas, disuria, trastornos menstruales, leucorrea persistente y febrícula.

Exámenes complementarios

Los complementarios que se deben indicar son los siguientes:

  1. Hemograma.

  2. . Eritrosedimentación.

  3. Exudado vaginal y endocervical.

  4. Ultrasonido.

  5. Laparoscopia.

Diagnóstico

Se fundamenta en los antecedentes, la sintoma-tología, el examen físico, ultrasonido y laparoscopia.

En el examen ginecológico, por lo regular, los anejos se presentan dolorosos, engrosados o hasta tumorales e irregulares. La eritrosedimentación es, por lo general, normal, salvo en las fases de agudización. La laparoscopia y el ultrasonido son de gran importancia para el diagnóstico.

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial se debe realizar con el embarazo ectópico, la endometriosis pélvica o la neoplasia de ovario.

Diagnóstico de enfermería

El personal de enfermería debe plantearse los diagnósticos siguientes:

  1. Dolor relacionado con infección.

  2. Posible intolerancia a la actividad relacionada con dolor.

  3. Miedo relacionado con falta de conocimiento.

  4. Desesperanza relacionados con incapacidad de procrear.

Intervención

La intervención de enfermería se fundamenta en acciones dependientes e independientes, con el objetivo de lograr una buena atención a la paciente.

Acciones de enfermería dependientes

El personal de enfermería en estas pacientes realiza las acciones siguientes:

  1. Antimicrobianos.

  2. Corticoides de 10 a 30 mg diarios durante 4 a 6 semanas.

  3. Analgésico y antiinflamatorio.

  4. Tratamiento para la leucorrea, según el germen que la produzca.

  5. Tratamiento quirúrgico.

  6. Tumoraciones tubáricas y anexales, cuando no desaparecen o, al menos no mejoran los síntomas.

Acciones de enfermería independientes

La infección puede ser muy perturbadora, tanto en lo físico como en lo emocional, la paciente se llega a sentir bien un día y tener síntomas y molestias vagas al siguiente.

El personal de enfermería en estas pacientes realiza las acciones siguientes:

  1. Brinda psicoterapia de apoyo y explica los síntomas de la enfermedad, además debe colocar apósito estéril en la vulva para evaluar las características de las secreciones y la cantidad.

  2. Orienta el reposo en posición semisentada y cómo realizar el autocuidado (higiene personal y aseo de la vulva).

  3. Recoger las muestras para exudados y valorar los signos vitales para detectar alteraciones.

  4. Preparación física y psicológica para reconocimiento médico.

  5. Orientaciones para el hogar:
  1. Explicar que para mantener una buena salud debe realizar una dieta balanceada con vitaminas.

  2. Evitar las infecciones, mantener buena higiene (realizar aseo de la vulva de adelante hacia detrás y no duchas vaginales).

  3. Cumplir tratamiento médico, dosis y horario.

  4. Si presenta dolor, leucorrea fétida y fiebre asistir al consultorio.

  5. Tener relaciones sexuales con protección.

Evaluación

Las acciones de enfermería tienen resultados satisfactorios si:

  1. Disminuyó el dolor y miedo.

  2. Adquiere conocimientos sobre su enfermedad y tiene confianza en el equipo de salud y esperanza de procrear.

  3. Comprende la importancia de cumplir con el tratamiento médico.

  4. Realiza autocuidado adecuadamente.

  5. Recupera la actividad.

Caso práctico

RM es una adolescente de 16 años de edad, soltera, que dejó los estudios, y que acude al consultorio 45 del médico de la familia por presentar leucorrea amarilla verdosa, mal oliente, dolor bajo vientre, fiebre de 38 ºC y náuseas. Refiere que hace 5 días se retiró un dispositivo intrauterino y que realiza duchas vaginales frecuentes.

En el examen ginecológico se observa el cuello uterino enrojecido, edematoso, con secreción purulenta, y al tacto vaginal abdominal se encuentra útero doloroso a la movilización y anejos engrosados. Se remite para su ingreso en el hospital ginecoobstétrico.

Al ingreso se observa nerviosa, ansiosa y refiere estar muy preocupada, por lo que le está ocurriendo y por la hospitalización.

Los diagnósticos de enfermería que se deben plantear son los siguientes:

  1. Ansiedad relacionada con la hospitalización.

  2. Déficit de autocuidado relacionado con la higiene personal, falta de conocimiento.

  3. Dolor pélvico relacionado con infección.

  4. Hipertermia relacionada con infección.

  5. Deterioro del mantenimiento de la salud relacionado con ansiedad y estilo de vida poco sano.

  6. Alteración de la nutrición, por defecto, relacionada con vómito.

Las expectativas consisten en que la paciente:

  1. Disminuya la ansiedad y acepte la necesidad de la hospitalización para su recuperación al término de 24 h.

  2. Recupere su autocuidado, que comprenda que las duchas vaginales reducen la flora natural de la vagina que combaten la infección.

  3. Elimine el dolor y la hipertermia con el tratamiento médico en 24 h.

  4. Logre el mantenimiento de la salud y conozca la evolución de su proceso, así como que disminuya la ansiedad y la preocupación en una semana.