Enfermería
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Enfermería Ginecoobstétrica
Capítulo 5. Atención de enfermería en el embarazo de riesgo
Riesgo maternofetal
Hábitos tóxicos y embarazo
Hiperemesis gravídica
Gestorragias del embarazo
Gestorragias de la primera mitad de la gestación
Gestorragias de la segunda mitad de la gestación
Enfermedades asociadas al embarazo
Anemia y embarazo
Infección urinaria y embarazo
Diabetes y embarazo
Cardiopatías y embarazo
Asma bronquial y embarazo
Enfermedad hipertensiva durante el embarazo
Enfermedad hemolítica perinatal por isoinmunización
Enfermedades infeccionas y embarazo
Alteraciones del término de la gestación y el crecimiento fetal
Mioma y embarazo
Preguntas de autoevaluación

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Gestorragias de la segunda mitad de la gestación

Las afecciones placentarias y complicaciones uterinas que producen sangrado y posible hemorragia, en el último trimestre del embarazo, por lo general ponen en peligro la vida fetal y la salud de la madre.

Las causas más frecuentes de hemorragias leves y graves (pérdida de sangre de 500 mL o más) en este período gestacional son: la placenta previa, el desprendimiento prematuro de la placenta y la rotura uterina.

Placenta previa

Es la inserción total o parcial de la placenta en el segmento inferior del útero (Fig. 5.3).




Fig. 5.3. Modalidades de placenta previa. Tomado de: Benson RC: Handbook of Obstetrics and Gynecology, 6th ed. Los Altos, CA, Lange Medical Publications, 1977.


Valoración

En la placenta previa es muy importante que el personal de enfermería tenga en cuenta, durante la valoración la clasificación, las causas y las manifestaciones clínicas, para poder con sus acciones posteriores influir positivamente en la conducta que se ha de seguir con la paciente, así como en su evolución y recuperación.

Clasificación

Clínicamente para su estudio se clasifica en:

  1. Placenta previa lateral (inserción baja): es la que se inserta en el segmento inferior del útero sin alcanzar el orificio cervical interno.
  2. Placenta previa marginal: es cuando la superficie placentaria alcanza el orificio cervical interno.
  3. Placenta previa oclusiva: es cuando la superficie de esta cubre el orificio cervical interno y puede ser:
  1. Parcial: ocupa solo parte del orificio cervical.
  2. Total: ocupa totalmente el orificio cervical.

Causas

Las alteraciones del endometrio y la capa muscular del útero favorecen esta urgencia obstétrica. Se consideran como factores predisponentes:

  1. Multiparidad.

  2. Embarazo múltiple.

  3. Endometritis crónica.

  4. Legrados a repetición.

  5. Miomas uterinos.

  6. Cesárea anterior.

  7. Intervenciones quirúrgicas uterinas.

Cuadro clínico

Se suele presentar con sangrado rojo, sin coágulos, indoloro en reposo, intermitente y progresivo, de aparición brusca e inesperada. Cuanto más precoz es el sangrado, más baja suele ser la implantación placentaria.

A la palpación el útero es de tamaño y consistencia normal con relación a la edad gestacional. El estado general debe corresponder con la cantidad de sangre perdida. Se utiliza espéculo para precisar de dónde procede la hemorragia y, el tacto vaginal está contra
indicado por el peligro de aumentar la pérdida de sangre, provocar infección o ambas.

Exámenes complementarios

El ultrasonido es el método más sencillo, preciso e inocuo.

Cuando el diagnóstico se realiza al inicio del embarazo, se debe seguir por ultrasonido vaginal o abdominal después de la semana 24 de la gestación.

Complicaciones

Las complicaciones más frecuentes son las siguientes:

  1. Hemorragia.

  2. Desgarramiento del útero.

  3. Rotura prematura de membrana.

  4. Sufrimiento fetal.

  5. Shock hipovolémico.

Diagnóstico de enfermería

  1. Alteración de la nutrición fetal: por defecto, relacionada con los trastornos placentarios.

  2. Déficit de conocimiento, sobre conducta a seguir de su enfermedad, relacionado con la inexperiencia sobre dicho trastorno.

  3. Temor, relacionado con posible pérdida del embarazo.

  4. Riesgo de déficit de volumen de líquidos, relacionado con sangrado vaginal, secundario a la implantación placentaria anormal.

  5. Riesgo de infección, relacionado con hemorragias intensas.

Intervención

La intervención de enfermería se realiza mediante acciones dependientes e independientes.

Acciones dependientes de enfermería

Toda gestante con sospecha de placenta previa, se debe remitir para ingreso en un centro hospitalario con recursos quirúrgicos.

En el hospital las acciones que se han de realizar son las siguientes:

  1. Colocar a la paciente en reposo absoluto con vigilancia maternofetal estricta.

  2. Valoración de la cuantía del sangrado (control de la presión arterial y el pulso, así como de los valores hemáticos).

  3. Reposición de sangre, si es necesario.

  4. Evitar las contracciones uterinas.

  5. Si no existe madurez pulmonar fetal, utilizar inductores para lograrlo.

  6. Si el sangrado cesa, se debe adoptar una conducta expectante y mantener las indicaciones mencionadas antes para tratar de prolongar el embarazo hasta la viabilidad y la madurez fetal.

  7. De no cesar la hemorragia y ser abundante, se debe realizar cesárea hemostática.

  8. De aparecer un nuevo sangrado, la conducta está en dependencia de: la intensidad de este, el estado clínico de la paciente y del feto, la edad de gestación y de la necesidad de reposición de sangre.

  9. Si la placenta es oclusiva total, o el embarazo está a término o aparece pérdida de sangre importante sin estar la paciente en trabajo de parto, se debe interrumpir la gestación mediante cesárea.

  10. Si la paciente está en trabajo de parto y la placenta no es oclusiva total, se hace una amniotomía para que cese el tironamiento sobre el borde placentario, descienda la presentación y la placenta se comprima contra la pared uterina; con lo que debe cesar la hemorragia.

  11. Se estimula la dinámica uterina con oxitocina y se trata de obtener un parto transpelviano.

  12. Si el sangrado continúa a pesar de estas medidas y el parto no es inmediato, está indicado realizar una cesárea.

  13. Cuando se trata de una paciente gran multípara, se aconseja realizar esterilización quirúrgica en el acto operatorio, previa autorización de la paciente.

  14. El neonatólogo debe estar presente en el salón para la atención al recién nacido, momento en que se debe tomar una muestra de sangre del cordón umbilical para determinar la hemoglobina.

Acciones de enfermería independientes

La preparación psicofísica de la paciente es de gran importancia para lograr su cooperación al realizar las diferentes pruebas diagnósticas, el tratamiento clínico y la intervención quirúrgica. El personal de enfermería debe:

  1. Valorar la evolución clínica de la gestante.

  2. Mantener a la paciente en reposo absoluto en posición de decúbito lateral izquierdo.

  3. Vigilancia maternofetal estricta y valoración del sangrado.

  4. Control de los parámetros vitales, fundamentalmente, el pulso y la presión arterial, para detectar posibles alteraciones.

  5. Registrar la suministración y la eliminación de líquidos.

  6. Valorar examen obstétrico y registrar la frecuencia cardíaca fetal.

  7. Proporcionar medios de recreación.

  8. Mantener la interrelación con la familia para aliviar sus temores.

Evaluación

Se espera que, mediante el cumplimiento de las acciones de enfermería la evolución de la gestante sea satisfactoria porque:

  1. Comprenda los efectos que su enfermedad puede ocasionar durante el embarazo, el parto, así como sobre el feto.

  2. Cumpla con el tratamiento prescrito con la finanilidad de evitar complicaciones.

  3. Manifieste confianza y seguridad en el tratamiento prescrito.

  4. Disminuya temores ante el parto quirúrgico (cesárea).

  5. Mantenga una buena irrigación de los tejidos y oxigenación de la unidad maternofetal.

  6. Tenga un niño saludable a término o cercano a este.

Caso práctico

En la sala de perinatal se encuentra ingresada la paciente ER, de 28 años de edad y 37 semanas de gestación. Con antecedentes de un hijo de 3 años y ningún aborto, presenta sangrado rojo brillante, irregular.

Al examen obstétrico está normal, el feto vive y se sospecha una placenta previa.

Ella está preocupada por el sangrado y por la evolución de su niño y angustiada por estar separada del otro, y presenta anorexia.

La enfermera se relaciona con ella y le orienta como debe ser su conducta para evitar complicaciones.

Los diagnósticos de enfermería deben ser:

  1. Déficit de volumen de líquido, relacionado con el sangrado vaginal, secundario a implantación placentaria anormal.

  2. Déficit de conocimientos, sobre conducta ante su enfermedad, relacionado con la inexperiencia de este trastorno.

  3. Alteración de la nutrición: por defecto, relacionada con sentimientos de angustia.

  4. Alteración de los procesos familiares, relacionada con separación de su hogar.

  5. Riesgo de lesión fetal, relacionado con trastornos placentarios.

  6. Riesgo de infección, relacionado con el sangrado vaginal.

Las expectativas u objetivos de enfermería son los siguientes:

  1. Recupere el volumen de líquido y la paciente exprese la disminución del sangrado vaginal a corto plazo.

  2. Adquiera conocimientos sobre su afección y exprese las medidas necesarias para su control a mediano plazo.

  3. Recupere nutrición adecuada y se demuestre en la paciente mejoría en su estado anímico a corto plazo.

  4. Disminuya alteración de los procesos familiares, mediante la visita de sus familiares a corto plazo.

  5. Evite riesgo de lesión fetal y se compruebe que no aparezcan signos y síntomas de complicaciones a largo plazo.

  6. Evite riesgo de infección y se compruebe la disminución de las pérdidas vaginales a corto plazo.

Desprendimiento prematuro de la placenta normoinserta

Es la separación parcial o total de la placenta normalmente insertada en la cavidad uterina, que ocurre después de la semana 20 de la gestación y antes del tercer período del parto (Fig. 5.4).


Fig. 5.4. Desprendimiento prematuro de la placenta normoinserta en diversos
sitios de separación. Hemorragia externa (izquierda); hemorragia
interna u oculta (centro); separación total (derecha). Tomado de: Enfermería
maternoinfantil. Reeder, Martin y Koniak, 17ª. Ed., 1995.

Valoración

Es una de las complicaciones más graves en obstetricia con un mal pronóstico e incremento de la mortalidad materna y fetal.

Causas

Aunque se desconoce la causa de esta complicación, se atribuyen algunos factores como:

  1. Fenómenos hipertensivos y toxemia gravídica.

  2. Hipertonía uterina.

  3. Endometritis.

  4. Defectos del metabolismo de los folatos.

  5. Perturbaciones del retorno venoso.

Cuadro clínico

El cuadro clínico es variable y está relacionado con el tipo de separación de la placenta que, generalmente, se caracteriza por la separación central y, la sangre queda retenida entre la pared uterina y la placenta; en este caso la hemorragia es oculta, y con frecuencia, no se detecta la complicación de forma precoz.

Cuando la hemorragia es marginal, la sangre está entre la pared uterina y las membranas fetales y se observa en el exterior por el canal vaginal. Cuando el sangrado es total o parcial, en dependencia de su desprendimiento, se denomina prolapso placentario.

A la palpación, el útero es de consistencia leñosa, las contracciones son frecuentes y de baja intensidad, con aumento del tono en reposo. La altura uterina está en desproporción con la amenorrea (signo de más). No se perciben los movimientos fetales y no hay latidos cardíacos.

Al tacto vaginal las membranas están tensas y se alcanza fácilmente la presentación.

Las formas clínicas de presentación son las siguientes:

  1. Forma leve: puede haber una hemorragia interna, escasa, oscura, con pequeños coágulos, aunque puede faltar. El útero de consistencia normal con ligera hipertonía o polisistolia y, los tonos cardíacos fetales están normales o taquicárdicos.

  2. Forma moderada: la hemorragia vaginal es discreta o ausente (sangre oculta). Hay dolor abdominal moderado e hipertonía uterina moderada, además, cambios en la frecuencia cardíaca fetal que sugieren hipoxia, a veces hay muerte fetal.

  3. Forma grave: se presentan hemorragias internas de inicio súbito, que no guardan relación con el estado general de la paciente, y dolores espontáneos del abdomen o a la palpación de este. Útero de consistencia leñosa y la altura uterina puede estar en desproporción con la amenorrea (signo de más). Ausencia de latidos cardíacos fetal y shock materno, con trastornos de la hemostasia o sin estos.

Exámenes complementarios

Las pruebas diagnósticas que se realizan son las siguientes:

  1. Ultrasonido: para localizar la placenta y evidenciar su reparación, así como para confirmar la actividad cardíaca fetal. No sustituye el examen clínico y solo se debe realizar cuando no comprometa la vida del producto por la posible demora en el procedimiento.

  2. Control hematológico: grupo y factor Rh, hemograma, coagulograma completo, glucemia, ácido úrico, creatinina, ionograma y gasometría.

Diagnóstico de enfermería

El desprendimiento de la placenta normalmente insertada ocasiona trastornos en la irrigación del tejido placentario y deficiencia del volumen del líquido, ante esta alteración clínica la gestante puede manifestar:

  1. Dolor, relacionado con acumulación de sangre retroplacentaria y distensión uterina.

  2. Alteración de la nutrición: por defecto fetal, relacionado con trastornos placentarios.

  3. Déficit de conocimiento, sobre conducta a seguir de su enfermedad, relacionada con la inexperiencia sobre este trastorno.

  4. Temor, relacionado con posibles complicaciones maternofetales durante el embarazo.

  5. Riesgo de déficit de volumen de líquidos, relacionado con el sangrado vaginal, secundario a la separación prematura de la placenta.

  6. Riesgo de infección, relacionado con hemorragias intensas.

  7. Riesgo de lesión fetal, relacionado con alteración de la irrigación de los tejidos placentarios en el útero.

Intervención

En la intervención, el personal de enfermería debe realizar acciones dependientes e independientes:

Acciones de enfermería dependientes

Medidas generales:

  1. Ingreso en un centro ginecoobstétrico con posibilidades quirúrgicas.

  2. Examen abdominal cuidadoso para determinar el tamaño y la sensibilidad e irritabilidad del útero.

  3. Examen vaginal y del cuello con espéculo (para excluir la causa local de la hemorragia).

  4. Ultrasonido.

  5. Canalización de una vena, o mejor dos con trócares gruesos.

  6. Extracción de sangre para exámenes de laboratorio (hemograma completo, glucemia, ácido úrico, creatinina, grupo sanguíneo, factor Rh, ionograma, gasometría y coagulograma completo).

  7. Examen de orina.

  8. Medir diuresis y anotarla cada hora.

  9. Suministrar de inmediato volúmenes con soluciones cristaloides y hemoderivados, según las pérdidas sanguíneas y la evaluación de los signos vitales.

  10. Recordar y evitar la tendencia a subestimar la hemorragia. La presión venosa central es una guía excelente para la reposición de la volemia.

  11. Medir los signos vitales cada 30 min, mientras dure la gravedad de la paciente.

  12. Oxigenoterapia por catéter o tienda.

El tratamiento obstétrico depende de las condiciones que presente el feto, este consiste en lo siguiente:

  1. Con feto vivo no viable:
  1. Medidas generales antes señaladas.

  2. Inducción del parto, tratando de que este se produzca por vía transpelviana. Si en el transcurso de la inducción se incrementa el sangrado con repercusión sobre el estado materno, o aparecen alteraciones del coagulograma con condiciones desfavorables del cérvix para el parto transpelviano, se realiza la cesárea.

  3. Amniotomía, siempre que el cuello la permita.

  4. Sedación de la paciente.

  1. Con feto vivo viable:
  1. Medidas generales antes señaladas.

  2. Amniotomía, si las condiciones del cuello lo permiten.

  3. Se realiza cesárea con hemostasia cuidadosa, si hubiera:

- Sufrimiento fetal.

- Condiciones desfavorables para el parto vaginal.

- Desprendimiento prematuro severo; sangrado importante.

- Falta de progreso en el trabajo de parto.

- Otra circunstancia o condición materna o fetal que, por sí misma, indique una cesárea.

d) Es posible el parto transpelviano si:

- Se considera que se puede producir en muy poco tiempo.

- El grado de dilatación está adelantado.

- No existe sufrimiento fetal.

- No hay alteración de la coagulabilidad de la sangre ni pérdidas cuantiosas que repercutan sobre el estado de la madre o del feto.

Esta conducta requiere la monitorización de la frecuencia cardíaca fetal.

  1. Con feto muerto:
  1. Medidas generales antes señaladas.

  2. Amniotomía, independientemente del estado del cuello uterino.

  3. Sedación de la paciente, de ser necesaria: meperidina a una dosis de 50 mg con prometazina (25 mg), por vía intravenosa o intramuscular.

  4. Inducción del parto.

Acciones de enfermería independientes

El personal de enfermería debe:

  1. Mantener una relación estrecha con la gestante, pues esta manifiesta, en ocasiones, temor y angustia por la presencia de la hemorragia que pone en peligro su vida y la del feto. Por lo que es importante el apoyo psicosocial que se le brinde y las orientaciones a los familiares para lograr su sedación y que cooperen en el bienestar de la paciente.

  2. Se debe ubicar a la paciente en una unidad individual, en posición de decúbito lateral izquierdo, con la cabeza levantada para aumentar el retorno venoso y permitir que regrese más sangre a los pulmones, facilitando así, la oxigenación y que aumente la irrigación sanguínea placentaria.

  3. En casos graves se suministra oxígeno por catéter nasal para prevenir o reducir la hipoxia fetal.

  4. Controlar los signos vitales para valorar su evolución clínica y detectar complicaciones.

  5. Extremar las medidas de asepsia y antisepsia al canalizar venas para cumplir el tratamiento, así como en la suministración de transfusiones sanguíneas.

  6. Pasar sondas vesicales para valorar las características de la orina.

  7. Mantener la higiene personal y preparar la región para posible intervención quirúrgica.

  8. Valorar el sangrado vaginal.

  9. Observar estado general para detectar signos de hipovolemia como: tos, ruidos respiratorios alterados, disnea, color de piel y de mucosas.

  10. Observar evolución obstétrica y reacciones adversas al tratamiento.

  11. Después del parto el personal de enfermería continúa valorando: el equilibrio del volumen de líquidos, signos vitales, evolución obstétrica, siendo necesario palpar con frecuencia el útero para detectar atonía y comprobar su contracción.

La interrelación de la paciente con su familia es importante en la recuperación de su salud.

Evaluación

La evaluación de la eficacia de los cuidados de enfermería en la gestante, con un desprendimiento prematuro de la placenta normalmente insertada, es un proceso continuo. Este personal emplea objetivos específicos para determinar el éxito de las intervenciones como son:

  1. Identifique los signos y síntomas de complicaciones precozmente.

  2. Comprenda las alteraciones que su afección puede ocasionar a su embarazo.

  3. Cumpla con el tratamiento médico indicado, para prevenir las complicaciones.

  4. Logre la culminación de su embarazo con un niño saludable a término.

  5. En casos extremos asimile y comprenda la pérdida de su hijo.

Caso práctico

JLR, es una paciente de 30 años de edad, con antecedentes de G4P2 A1, que acude al cuerpo de guardia acompañada de su esposo por tener dolor abdominal intenso y hemorragia vaginal. Presenta palidez de piel y mucosas. Al examen físico obstétrico se diagnostica desprendimiento prematuro de la placenta, por tal motivo, se indica urgencia quirúrgica.

La paciente está temerosa por su embarazo y los niños que dejó en la casa. La enfermera la orienta para aliviar sus temores y le explica al esposo el tratamiento.

Los diagnósticos de enfermería que se deben plantear son:

  1. Dolor abdominal, relacionado con acumulación sanguínea retroplacentaria y distensión uterina.

  2. Déficit del volumen de líquido, relacionado con el sangrado vaginal secundario a la separación prematura de la placenta.

  3. Temor, relacionado con posible desarrollo de complicaciones maternofetales durante el embarazo.

  4. Riesgo de infección, relacionado con hemorragias intensas.

  5. Riesgo de lesión fetal, relacionado con alteración de la irrigación de los tejidos placentarios en el útero.

Las expectativas u objetivos de enfermería son:

  1. Disminuya el dolor abdominal y lo refiera la paciente, a corto plazo.

  2. Recupere el volumen de líquido y se compruebe la disminución o cese del sangrado vaginal a corto plazo.

  3. Disminuya temor y exprese confianza y seguridad en el tratamiento prescrito durante el embarazo a mediano plazo.

  4. Evite riesgo de infección y se compruebe la disminución o el cese del sangrado vaginal a corto plazo.

  5. Evite riesgo de lesión fetal y se compruebe que no aparezcan signos y síntomas de complicaciones, a largo plazo.

Rotura uterina

Toda solución de continuidad no quirúrgica del útero es rotura uterina, la práctica ha completado y limitado la definición al establecer las condiciones:

  1. Que la lesión asiente por encima del cuello.

  2. Que se produzca después de alcanzar la viabilidad fetal.

Valoración

La rotura uterina durante el embarazo o el parto constituyen el accidente más grave y dramático que se puede presentar en la práctica obstétrica. Se acompaña de altas tasas de morbilidad y mortalidad mater
na y perinatal.

Causas

Las roturas uterinas pueden ocurrir igualmente, si existe una cicatriz previa o sin esta. Existen factores predisponentes, como son:

  1. Multiparidad.

  2. Deformidades del útero.

  3. Tumores uterinos.

  4. Embarazos múltiples.

  5. Empleo inadecuado de oxitócicos.

  6. Instrumentaciones cruentas.

Cuadro clínico

Las manifestaciones clínicas que se pueden presentar son las siguientes:

  1. No hay signos seguros de la inminencia de la rotura uterina, por lo general se presenta en: gestantes multíparas intranquilas, excitadas, se quejan de molestias constantes, con un trabajo de parto prolongado, desproporción cefalopélvica no diagnosticada, presentación viciosa o bajo el empleo de oxitocina.

  2. Contracciones uterinas enérgicas sin el progreso correspondiente de la presentación.

  3. Dolor intenso en el vientre.

  4. Hipersensibilidad abdominal generalizada, especialmente, en la zona del segmento inferior.

  5. A la palpación se percibe un surco oblicuo a través del abdomen entre el cuerpo del útero contraído y el segmento inferior adelgazado (útero en reloj de arena).

  6. Distensión excesiva del segmento inferior, con ascenso del anillo de Blandi hasta las proximidades del ombligo.

  7. Tensión de los ligamentos redondos, como 2 cuerdas tirantes (signo de Frommel).

  8. Puede presentar hematuria.

  9. Al tacto vaginal, el cuello está estrechamente ceñido alrededor de la presentación, engrosado y, a veces, elevado tirando de la vagina.

  10. Si el feto sale del útero se palpan con facilidad las partes fetales a través de la pared abdominal.

Clasificación

Las roturas uterinas se clasifican según:

  1. El momento de ocurrencia: durante el embarazo o el parto.

  2. El grado: completas o incompletas.

  3. La localización: en el segmento inferior o en el cuerpo.

  4. La causa: traumática y espontáneas.

En el análisis de las muertes maternas por rotura uterina resaltan 2 hechos, estos son:

  1. Síntomas y signos que no fueron reconocidos hasta que el shock era irreversible.

  2. Demora en realizar la laparotomía para el control de la hemorragia.

El diagnóstico temprano y el tratamiento activo son premisas indispensables para afrontar la rotura uterina.

Exámenes complementarios

Se realiza estudio hematológico completo.

Diagnóstico de enfermería

Los diagnósticos que el personal de enfermería debe plantear son los siguientes:

  1. Dolor, relacionado con las contracciones uterinas enérgicas.

  2. Déficit del volumen de líquido, relacionado con el sangrado vaginal secundario a una solución de continuidad en el útero.

  3. Déficit de conocimientos, sobre la conducta a seguir ante su enfermedad, relacionado con la inexperiencia sobre este trastorno.

  4. Temor, relacionado con posibles complicaciones maternas y fetales durante el embarazo.

  5. Riesgo de infección, relacionado con las maniobras realizadas.

  6. Riesgo de lesión fetal, relacionado con las pérdidas vaginales.

Intervención

En la intervención, el personal de enfermería realiza acciones dependientes e independientes, y se tiene en cuenta el tratamiento profiláctico y el específico.

Acciones de enfermería dependientes

El tratamiento profiláctico consiste en:

  1. Toda paciente con riesgo de rotura uterina se debe remitir antes del término de la gestación a un centro hospitalario; al igual que las pacientes con an
    tecedentes de cesárea u otro tipo de cicatriz uterina, estas últimas es necesario vigilarlas estrechamente.

  2. Realizar el diagnóstico precoz de la desproporción cefalopélvica y de las presentaciones viciosas.

  3. Prestar atención esmerada en cuanto a:
  1. Seguimiento correcto del trabajo de parto.

  2. Adecuada utilización y control de los oxitócicos.

  3. Aplicación correcta del fórceps y de las espátulas.

  4. No se debe realizar la maniobra de Kristeller.

El tratamiento específico consiste en:

  1. Ante la inminencia de rotura uterina lo primero es la rápida paralización de la cavidad uterina, con tocolíticos que se puede asociar con la anestesia general profunda y poder realizar así la intervención quirúrgica que resuelve la distocia.

  2. Están contraindicadas las instrumentaciones o cualquier otra maniobra obstétrica.

  3. En caso de rotura uterina consumada, se deben tomar las medidas siguientes:
  1. Canalizar 2 venas con trocar y suministrar electrólitos y hemoderivados.

  2. Atención directa por el facultativo y personal especializado en urgencia.

  3. La intervención quirúrgica que se realiza es la laparotomía urgente.

Acciones de enfermería independientes

Las acciones de enfermería consisten en:

  1. Observar el estado general de la paciente para cumplir el tratamiento efectivo y evitar complicaciones.

  2. Canalizar vena con trocar para suministrar electrólitos y transfusión sanguínea, medir presión arterial, pulso y respiración, valorándolos.

  3. Pasar sonda vesical y observar las características de la orina.

  4. Valorar la pérdida sanguínea y mantener el control de exámenes hematológicos.

  5. Preparar la región abdominal para intervención obstétrica, cumpliendo las medidas de asepsia y antisepsia.

  6. Registrar las indicaciones cumplidas y observaciones realizadas en la historia clínica.

  7. Orientar a los familiares sobre el peligro de este accidente en la madre y en el feto.


Evaluación

Al cumplir el tratamiento de urgencia y el seguimiento directo, la paciente evoluciona a un estado satisfactorio donde comprenda con posterioridad al acto quirúrgico el motivo de la pérdida del feto.

Caso práctico

JP, es una paciente de 34 años de edad, que acude al cuerpo de guardia acompañada de su esposo, por presentar dolor intenso con hemorragia vaginal abundante. Refiere antecedentes obstétricos de G5P1A3.

Al examen obstétrico se diagnostica rotura uterina y se decide su ingreso de urgencia.

La paciente se encuentra en mal estado, llora pues le preocupa su embarazo, los hijos, el esposo y la casa, además está angustiada y temerosa, la enfermera trata de orientarla para evitar alteraciones y posibles complicaciones.

Los diagnósticos de enfermería que se deben plantear son los siguientes:

  1. Dolor, relacionado con contracciones uterinas enérgicas.

  2. Déficit del volumen de líquido, relacionado con el sangrado vaginal secundario a la solución de continuidad uterina.

  3. Déficit de conocimientos, sobre el tratamiento de su enfermedad, relacionado con la inexperiencia sobre este trastorno.

  4. Temor, relacionado con posibles complicaciones maternofetales durante el embarazo.

  5. Riesgo de lesión maternofetal, relacionado con el accidente obstétrico presentado.

Las expectativas u objetivos de enfermería deben ser:

  1. Disminuya el dolor y lo refiera la paciente, a corto plazo.

  2. Recupere volumen de líquido y se compruebe la disminución o el cese del sangrado a corto plazo.

  3. Adquiera conocimientos sobre su enfermedad y exprese la paciente las medidas necesarias para su control a mediano plazo.

  4. Disminuya el temor y la paciente refiera mayor confianza y seguridad en el tratamiento prescrito a mediano plazo.

  5. Evite riesgo de lesión y se compruebe que no aparezcan signos y síntomas de complicaciones, a largo plazo.