Enfermería
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Fundamentos de Enfermería. Parte II
Capítulo IV. Necesidades de eliminación de orina
Unidad 1. Eliminación urinaria
Unidad 2. Proceso de atención de enfermería
Unidad 3. Procedimientos de enfermería
Unidad 4. Necesidades sexuales

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Unidad 3. Procedimientos de enfermería

Alain Agramante del Sol, Nilda L. Bello Fernández,
Cristobalina Valdés Marrero† y Reinel Farres Vázquez

Los procedimientos o técnicas de enfermería que se utilizan con frecuencia en pacientes con afecciones urinarias son:

Cateterismo o sondaje vesical.
Instilación vesical.
Lavado vesical.

Factores que alteran la función urinaria

En condiciones de buena salud diversos factores pueden afectar el volumen de la eliminación de orina, el patrón de micción y las características de la orina eliminada; es necesario tomarlos en cuenta para la valoración de enfermería del estado de eliminación urinaria de cada persona.

En la orina se elimina la mayor parte del exceso de agua del cuerpo, como consecuencia, en la ingestión de líquido y el volumen que se pierde por otras vías afectará la cantidad y por lo general también la frecuencia de eliminación urinaria.

Además de los cambios que suceden en la función urinaria durante el ciclo de vida existen diferencias innatas en la estructura anatómica y la función fisiológica. Algunas personas tienen mayor capacidad vesical que otras o un sistema urinario al parecer más eficaz, quizás no necesiten orinar con tanta frecuencias como otras:

La ansiedad puede estimular el impulso para orinar con mayor frecuencia.
El dolor puede inhibir la micción.
Las infecciones.
Las mujeres son particularmente propensas a infecciones vesicales por la cortedad de su uretra.
Las embarazadas son particularmente vulnerables a las infecciones de las vías urinarias debido a su predisposición al estasis de orina en la vejiga.
Las cardiopatías y las enfermedades del sistema venoso y arterial suelen interferir con la circulación de la sangre en los ri?ones.
Normalmente a través de los ri?ones de un adulto se filtran 170 L de sangre en un día.
Las anomalías congénitas como las estructurales pueden bloquear las vías urinarias y originar otros problemas funcionales.
Las alteraciones hormonales como el mal funcionamiento de las glándulas suprarrenales o de la hipófisis.
Traumatismo generalizado como hemorragia, quemaduras, shock o una infección sistémica.
Cualquier trastorno muscular generalizado.
Diversos factores neurológicos pueden interferir con la función normal de los ri?ones y la vejiga.

Los principios relacionados con la función urinaria son:

Los ri?ones tienen un papel importante en la conservación del equilibrio de líquidos.
La supresión de la formación de orina en los ri?ones pone en peligro la vida de la persona.
Las estructuras neuromusculares necesarias para el control evaluativo de la micción suelen estar bien desarrolladas hasta 2 o 3 a?os.
La pérdida de control voluntario de la micción es una amenaza grave para la autoestima de la persona.
El promedio de orina en el adulto es de 1 000 a 1 500 mL/24 h; los ni?os en edad escolar eliminan hasta 1 000 mL en igual tiempo.
Los líquidos constituyen una proporción mayor de peso corporal.
El adulto siente necesidad de orinar cuando la vejiga contiene de 300 a 500 mL de orina.
El recubrimiento de las vías urinarias consiste en una capa continua de mucosa.
La estrecha relación anatómica de las vías urinarias y las de reproducción determina que el funcionamiento urinario sea un tema delicado para la mayoría de las personas.
La localización del meato urinario muy próximo al ano y los órganos sexuales externos hace que las vías urinarias sean vulnerables a infecciones provenientes de estas fuentes.
La eliminación de orina menor que 25mL/h (600 mL/24 h) se considera inadecuada en el adulto.


Cateterismo vesical

Sistema genitourinario. Incluye el sistema urinario y genital, ambos muy relacionados desde el punto de vista morfológico porque son de origen embriológico común y en el adulto algunas de sus estructuras están muy vinculadas. Sin embargo, estos sistemas orgánicos realizan funciones distintas: el urinario de excreción y el genital de reproducción (Figs. 4.1 y 4.2).

Fig. 4.1. Representación anatómica del aparato genital femenino.Tomado de: Propedéutica clínica y semiología médica. La Habana. Ecimed, 2005.

Fig. 4.2. Representación anatómica del aparato genital masculino. Tomado de: Propedéutica clínica y semiología médica. La Habana. Ecimed, 2005.

El sistema o aparato urinario es el conjunto de órganos que realizan la función urinaria, o sea, la elaboración y excreción de la orina. La función urinaria contribuye a mantener la homeostasis (persistencia de las condiciones constantes del medio interno), al lograr

En el mecanismo de función urinaria se destacan 4 procesos: filtración, resorción, secreción y excreción.

La filtración es el proceso mediante el cual la sangre circula por los ri?ones y se filtra en los capilares sanguíneos (glomérulos de los corpúsculos renales que forman la neurona, unidad estructural y funcional de los ri?ones).

El proceso de resorción ocurre al nivel de los túbulos renales y consiste en transportar o reintegrar a la circulación sanguínea, las sustancias necesarias al organismo que se encuentran en el ultrafiltrado (agua, electrólitos, glucosa, aminoácidos y otros solutos).

La secreción es un proceso inverso a la resorción, también ocurre al nivel de los túbulos renales y consiste en transportar determinadas sustancias de la circulación sanguínea hasta el ultrafiltrado, que circula por los túbulos renales a través de las células epiteliales que revisten las paredes de estos túbulos (ácidos y bases orgánicas, iones de hidrógeno y potasio).

La excreción es la eliminación de las sustancias innecesarias la organismo, que son expulsadas y forman parte de la orina.

La orina es un líquido, generalmente transparente, de color amarillento debido a la presencia de pigmentos (urocromo, urobilina, otros) y con olor característico por la presencia de ácidos orgánicos, que cuando pasa un tiempo adquiere olor amoniacal por la descomposición de la urea.

La orina está compuesta por agua (95 %) y solutos (5 %) formados por sustancias orgánicas e inorgánicas. La sustancias orgánicas son fundamentalmente nitrogenadas, producto del metabolismo proteico (urea, ácido úrico, ácido hipúrico, creatinina, amoníaco y otros). Las sustancias inorgánicas minerales comprenden sales como cloruros, fosfatos, sulfatos, carbonatos y otras; además, contiene otros solutos en cantidades insignificantes, por lo que son de menor importancia.

Componentes del sistema urinario. El sistema urinario está compuesto por 2 porciones: los órganos urinarios que elaboran la orina y las vías urinarias que forman un sistema de conductos excretores (Fig. 4.3).

Fig. 4.3. Aparato urinario. Tomado de: Propedéutica clínica y semiología médica. La Habana. Ecimed, 2005.

Los ri?ones son los órganos urinarios que elaboran la orina, que reciben el 20 % del volumen total de sangre del organismo y procesan 120 L de sangre diarios para la elaboración y excreción de orina, de la cual se eliminan aproximadamente 1 200 a 1 500 mL al día. En los ri?ones, órganos principales del sistema, ocurren los procesos de filtración, resorción, secreción y se inicia la excreción de la orina; estos órganos se encuentran en la cavidad abdominal.

Las vías urinarias están constituidas por un sistema de conductos excretores destinados a la conducción, el almacenamiento temporal y la evacuación de la orina. Este sistema de conductos se inicia en los ri?ones y se extiende hasta terminar en un orificio situado en la región perineal, en íntima relación con los órganos genitales externos. En las vías urinarias se destacan varios segmentos: cálices renales, pelvis renal, uréter, vejiga urinaria y uretra.

La interrupción de uno de los 4 procesos implícitos en la función renal -la excreción- puede ser contrarrestada entre otras medidas, gracias a la colocación temporal o permanente de un catéter a través de la uretra, cuyo destino final es la vejiga. A este procedimiento se le atribuyen varios beneficios o fines para los pacientes a los que se les practica. De igual modo la industria de efectos e insumos médicos se esfuerza por disponer de productos cada vez más ajustados a las necesidades y crecientes demandas de satisfacción de las personas.

La historia de los avances de la urología está muy ligada a los progresos tecnológicos que han permitido confeccionar sondas y catéteres cada vez más sofisticados, así como sistemas colectores que garantizan mayor calidad, confiabilidad y seguridad al paciente que necesita de este procedimiento.

El catéter es un instrumento tubular flexible que pasa a través de los canales corporales para el retiro de líquidos (o su introducción) de la cavidad corporal.

Una diversidad de catéteres ha sido dise?ada de acuerdo con los fines con que se pueden utilizar. Entre los que se asocian a la necesidad de eliminación urinaria se encuentran fundamentalmente:

De autocorrección: dise?ado para permanecer en la vejiga y efectuar un drenaje constante.
De uretral: cualquiera de los tipos de catéter que se han dise?ado y fabricado para su inserción a través de la uretra en la vejiga urinaria.
De Foley: alojado en la vejiga que se retiene por un balón dilatado con aire o líquido.

 

Se denomina sonda a un tubo delgado que se introduce en el organismo como método de exploración o para suministrar sustancias; debido a su utilidad y al orificio por el que ingresa al organismo puede ser, entre otras: vesical, nasogástrica, nasoyeyunal y rectal.

En el caso de la sonda vesical se trata de un catéter que se emplea para vaciar la vejiga, mediante su introducción a través de esta.

Las más utilizadas son las Nélaton y la Foley de 2 y 3 ramas.

Sonda Nélaton. Es la más simple, usada en diversas alternativas, muy útil para los autosondaje uretrovesicales. Algunas en materiales blandos producen poco trauma y otras son confeccionadas expresamente con materiales semirígidos. Son útiles para vencer obstáculos en la vía urinaria, pero deben ser empleadas solo por personas muy entrenadas.

La dureza de las sondas rígidas las hace temibles en manos no expertas. Con gran facilidad crean falsas vías en la uretra (que es muy frágil). El sodaje vesical en pacientes con dificultad para vaciar la vejiga en un posoperatorio debe ser hecho con sondas No. 16 o 18 Fr, pueden ser rígidas o blandas. Las sondas más finas da?an la uretra.

Sonda Foley. Es una Nélaton, aunque a su tecnología se le agregó un balón, un conducto fino y una válvula que permite inflar este balón y hacer autocontención en la vejiga. Es la más empleada en nuestra especialidad e imprescindible cuando se desea dejarla por un tiempo prolongado. Los materiales han variado y existe la de goma corriente para los usos poco prolongados, hasta las de siliconas que permiten que permanezca sin necesidad de cambio durante 8 semanas.

Existen también las de materiales semirrígidos para aquellos casos en que haya dificultad en el pasaje o para casos en que se quiera extraer coágulos sin que la sonda se colapse.

Existe otro modelo muy usado donde se agrega otra vía -una tercera- que permite irrigar la vejiga con suero fisiológico, muy utilizada en la cirugía prostática, existen variedades con balones de 15, 30 y 100 mL para los casos extremos. Su utilidad radica en irrigar la vejiga impidiendo que la sangre coagule y obstruya la sonda. Cuando existen coágulos en el interior es peligrosa porque se obstruye la salida pero no la entrada y el paciente sufre las consecuencias de enormes globos vesicales, con dolor y aumento de la hemorragia. Para que sea útil, primero deben vaciarse los coágulos y luego colocar la irrigación (Fig.4.4).

Fig. 4.4. Representación de la evolución de las sondas vesicales (Nélaton, Foley de 2 o 3 ramas o vías). Tomado de: Las Sondas y la Urología. En: Manual de Urología Esencial. Dr. Carlos Martínez Sanz. Pontificia Universidad Católica de Chile, 2007.

En un tiempo fue usada para aclarar orinas purulentas. Hoy día su uso se ha restringido, ya que un globo vesical por obstrucción de la sonda permite el paso muy importante de gérmenes al torrente sanguíneo, lo que puede ser la causa de sepsis urinaria.

Según el tiempo de permanencia del catéter se puede clasificar en:

Sondaje intermitente (ya sea único o repetido en el tiempo): después de realizar el sodaje se retira el catéter.
Sondaje temporal: después de realizar el sodaje el paciente permanece un tiempo determinado con el catéter.
Sondaje permanente: después de realizar el sodaje, el paciente ha de permanecer indefinidamente con el catéter (con los recambios correspondientes).

 

Sonda urinaria. Las sondas urinarias son unos dispositivos que constan básicamente de 3 partes (Figs. 4.5, 4.6, 4.7, 4.8 y 4.9):

Fig. 4.5. Representación del catéter para el sondaje tipo Foley. Tomado de: Grasa I. Cateterismo vesical y mantenimiento de la sonda. En: Espinás et al. Guía de actuación en atención primaria. Segunda edición. Barcelona: semFYC, 2002

Fig. 4.6. Representación del funcionamiento de los componentes de una sonda vesical (Foley de 2 ramas).

Fig. 4.7. Representación del sistema de autorretención de una sonda vesical (en este caso Foley).

Fig. 4.8. Representación del catéter para el sondaje intermitente. Tomado de: Grasa I. Cateterismo vesical y mantenimiento de la sonda. En: Espinás et al. Guía de actuación en atención primaria. Segunda edición. Barcelona: semFYC, 2002.

Fig. 4.9. Representación de una sonda confeccionada con PVC. Tomado de: Las Sondas y la Urología. En: Manual de Urología Esencial. Dr. Carlos Martínez Sanz. Pontificia Universidad Católica de Chile, 2007.

La punta (es la porción por la que la sonda se introduce en la uretra).
El cuerpo.
El embudo colector o pabellón (es la porción por la que sale la orina).
El balón (en el caso de la Foley permite fijarla).

La oferta posible de catéteres vesicales es muy amplia y se puede clasificar desde diferentes puntos de vista:

Según la duración del sodaje (intermitente, temporal o permanente).
Según el material del catéter.
Según el calibre y la longitud.

Según la duración del sondeo. El catéter para el sodaje intermitente se caracteriza por ser semirrígido y poseer una sola luz. Los tipos más frecuentes son:

Sonda Nélaton: tiene la punta recta, se usa tanto en hombres (más larga) como en mujeres (más corta).
Sonda Tiemann: tiene la punta acodada y más fina, lo cual facilita el avance en el caso de los varones con la uretra estrecha (Fig. 4.8).

El catéter que se usa para los sondeos temporales y permanentes es un dispositivo flexible con las particularidades siguientes:

En la zona próxima a la punta posee un balón de autorretención que se infla desde una válvula externa situada cerca al pabellón (sondas tipo Foley). La capacidad del balón aparece impresa en el embudo colector así como en el envoltorio de la sonda (entre 5 y 20 mL).
En el embudo colector se conecta el sistema de drenaje que se haya elegido (también se puede colocar un tapón).
Pueden ser de 2 vías (una para evacuar la orina y otra para inflar el balón desde el exterior) o de 3 (se a?ade una tercera vía para poder introducir o sacar líquido de la vejiga).

Según el material del catéter. El material con el que ha sido elaborado el catéter va a determinar sus características:

Elasticidad.
Coeficiente de fricción (preferiblemente bajo).
Biodurabilidad (tiempo máximo de permanencia sin deteriorarse).
Biocompatibilidad (capacidad de inducir reacciones o toxicidad).
Tendencia a la incrustación (precipitación de mucoides y cristaloides).
Tendencia a la adherencia bacteriana.

Los catéteres están hechos con biomateriales poliméricos que pueden ser naturales (látex) o sintéticos (cloruro de polivinilo, teflón, silicona u otros plásticos más modernos):

El látex ha sido el material de uso estándar ya que es blando y maleable; sin embargo, puede presentar incrustación rápida y toxicidad local con inducción de estenosis uretral. Su duración es de 45 días.
La silicona es más adecuada para el sodaje permanente, es más biocompatible (induce la estenosis uretral con menor frecuencia) y muy resistente a la incrustación. Su excesiva flexibilidad obliga a fabricar catéteres de paredes gruesas y con orificios de drenaje peque?os, mientras que su permeabilidad permite el desinflado progresivo del balón de retención (conduce a la pérdida de la sonda o al recambio precoz). Como los catéteres de silicona pura son más caros, la mayoría están fabricados con látex que se recubre con silicona o teflón para mejorar su tolerancia y facilitar su inserción. Pueden durar hasta 90 días.
El cloruro de polivinilo (PVC) es un material más rígido y permite proporciones diámetro externo-interno, óptimas para un drenaje adecuado. Es mejor tolerado que el látex y más barato que la silicona, aunque no es apto para el uso prolongado por la rápida incrustación que presenta.
Los materiales más modernos de superficie hidrofílica, por su mayor biocompatibilidad y su menor coeficiente de fricción reducen la irritación de la mucosa y la incrustación.
El grado de adherencia bacteriana a la superficie del catéter es mayor con el látex y la silicona, variable con el teflón y escasa con los catéteres con superficie hidrofílica.

En la actualidad se fabrica una sonda (catéter) Foley que su composición es de látex con revestimiento de silicona, es muy utilizada en nuestros servicios.

Según el calibre y la longitud de la sonda. El calibre de la sonda se expresa según la escala francesa de Charriére (Ch). El Ch es equivalente a 0,33 mm. Son sinónimos de Ch las unidades French (FR) y French Gauge (FG). Los calibres disponibles se escalonan de 2 en 2. La longitud varía según el tama?o de la uretra (varón, mujer o ni?os) y del propósito del cateterismo, se expresa en centímetros o pulgadas (una pulgada equivale a 25 mm). Tanto en el pabellón de la sonda como en su envoltorio aparecen impresos el calibre y la longitud del catéter. La válvula a veces presenta un código de color para facilitar su identificación rápida. En la elección del calibre de la sonda se tendrá en cuenta que la uretra del varón tiene un diámetro que oscila entre 20 y 30 Ch y en la mujer entre 24 y 30 Ch. Una recomendación práctica es comenzar con una sonda de 18 Ch, si existe dificultad, intentarlo con sondas más delgadas. Las medidas más empleadas son las siguientes:

Calibre: 8 Ch para los ni?os, entre 14 y 18 Ch para los hombres y entre 16 y 20 Ch para las mujeres.
Longitud estándar: 41 cm (aunque en las mujeres y los ni?os la sonda puede ser más corta).

En la práctica habitual se actúa de la manera siguiente:

Para cateterismos únicos o intermitentes se utlizan los de PVC, simples, sin balón, de punta recta (Nélaton) o angulada (Tiemann).
Para los sondeos temporales y permanentes se prefieren los de látex recubiertos de silicona o silicona pura, tipo Foley, con 2 o 3 vías según cada caso.

Sistema colector. Los sistemas colectores se pueden clasificar desde diferentes puntos de vista:

Según la facilidad con la que se pueden contaminar: cerrados o abiertos (menos y más proclives a la contaminación, respectivamente).
Según el tipo de paciente: encamado (sistema colector para cama) o ambulante (sistema colector para pierna).


Sistema colector cerrado. Es el más completo y seguro, presenta varios mecanismos que dificultan la contaminación bacteriana. Consta de (Figs. 4.10 y 4.11):

Fig. 4.10. Representación del sistema colector cerrado. Tomado de: Esteve J, Mitjans J. Enfermería. Técnicas clínicas. Técnicas específicas. Eliminación Renal. Madrid: McGraw-Hill Interamericana, 2002.

Fig. 4.11. Partes del circuito cerrado. Tomado de: Serrate G, Canals M, Fontanals D, Segura F, Torremorell D, Nogueras A. Prevalencia de infección urinaria nosocomial. Medidas alternativas al cateterismo vesical. Med Clin (Barc) 1996; 107: 241-245.

Tubo de drenaje: es un tubo flexible que se encuentra en la parte superior de la bolsa y está unido herméticamente a ella. Puede disponer de 1 o 2 válvulas unidireccionales (una en la porción del tubo que conecta con la sonda urinaria y la otra en la zona de conexión con la bolsa de drenaje) que dificultan el reflujo de la orina.
Tubo de drenaje de la bolsa: se halla situado en la parte inferior de la bolsa y también está unido herméticamente a ella. Posee una llave de paso que al abrirla permite el vaciado de la bolsa así como la posibilidad de tomar muestras (sistema cerrado).
Respiradero de la bolsa: es un peque?o orificio por el que entra aire, con el fin de facilitar el vaciado de la bolsa.
Filtro para bacterias: el orificio del respiradero posee un filtro que impide que las bacterias del medio externo penetren en el sistema.
Dispositivo para colgar la bolsa: se encuentra en su parte superior. Posee 2 ganchos a modo de percha que permiten colgar la bolsa del lateral de la cama.
Escala graduada: permite conocer la cantidad de orina existente en la bolsa en un momento dado.

 

Sistema colector abierto. La bolsa solo posee la escala graduada y el tubo de drenaje, lo que representa inconvenientes como (Fig. 4.12):

Fig. 4.12. Representación del sistema colector abierto. Tomado de: Esteve J, Mitjans J. Enfermería. Técnicas clínicas. Técnicas específicas. Eliminación Renal. Madrid: McGraw-Hill Interamericana, 2002.

 

No se puede vaciar cuando está llena de orina: cada vez que se precisa el recambio de la bolsa se debe desconectar el tubo de drenaje de la bolsa llena y conectar a la sonda una bolsa vacía (sistema abierto), todo ello favorece la contaminación bacteriana.
No permite la toma de muestras.

Sistema colector para el paciente encamado. Se pueden emplear cualquiera de los 2 descritos (abierto y cerrado). La capacidad de la bolsa es variable, por lo general se trata de utilizar las que poseen capacidad de 2 L para que la manipulación sea menor y evitar molestias y complicaciones al paciente.

Sistema colector para el paciente ambulante. En la actualidad las políticas salubristas se esfuerzan por ajustar los servicios que se planifican y desarrollan en función de las demandas y necesidades de los consumidores; los equipos e insumos médicos no están exentos de este propósito. En el caso del paciente ambulante que necesita la conexión de una sonda vesical se ha dise?ado un sistema colector cerrado donde lo que varía es el procedimiento de sujeción de la bolsa, en este caso no se cuelga de la cama, se coloca en la pierna del paciente; para ello, la bolsa presenta los elementos siguientes (Fig. 4.13):

Fig. 4.13. Sistema colector para el paciente ambulante: detalles de las partes superior e inferior de la bolsa para apreciar sus ojales. Tomado de: Botella M, Hernández OM, López ML, Rodríguez A. Cuidados auxiliares de enfermería. Técnicas básicas de enfermería. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, 2002.

Cuatro ojales, 2 en su parte superior y 2 en la inferior.
Dos tiras elásticas de 50 cm de largo y 2 de ancho. A lo largo de la tira existen ojales y 2 botones que están colocados en los ojales de uno de los extremos de la tira.

Si la cateterización es el pasaje de un catéter por un canal o cavidad corporal, entonces se define como cateterismo vesical o sondaje vesical a la técnica que consiste en la introducción de una sonda o catéter por el meato urinario a través de la uretra hasta la vejiga urinaria, para extraer la orina de manera espontánea.

Puede ser definido también como la introducción de una sonda a través de la uretra con fines diagnósticos o terapéuticos y ambos.

Este término es de uso frecuente si se refiere a la introducción de un catéter a través de la uretra en la vejiga urinaria.

Es una técnica de enfermería que demanda la observación estricta de los principios médicos (de enfermería para nosotros) y de la asepsia quirúrgica, de modo que microorganismos patógenos no sean introducidos en el sistema urinario. Debido a que el tracto urinario es normalmente estéril, cualquier alteración en el procedimiento durante la inserción del catéter o en el cuidado de un catéter residente, que se deja en la vejiga, puede causar una infección grave.

Objetivos del cateterismo vesical

El cateterismo vesical es un proceder urológico que tiene variadas utilidades y beneficios para el paciente. Los objetivos fundamentales son:

Evacuar la vejiga.
Mantener la vejiga vacía para evitar accidentes durante el acto quirúrgico y micciones innecesarias sobre las zonas quirúrgicas.
Evitar úlceras por decúbito para lo cual se mantendrá al paciente seco.
Eliminar la retención urinaria causada por diferentes afecciones, ejemplo, vejiga neurógena, obstrucción por neoplasias y otras.
Mantener permeable, observar y tratar las vías urinarias en pacientes con hematuria.
Medición de diuresis horaria.

Además de lo antes expuesto, esta técnica posee otros fines, que pueden ser diagnósticos y terapéuticos:

Diagnósticos:
  Exploración uretral o vesical.
  Obtención de muestras de orina.
  Medición del residuo posmiccional.
  Control de la diuresis.
  Determinar si la supresión de la orina es ocasionada por retención urinaria, obstrucción o anuria.
Terapéuticos:
  Alivio de la retención urinaria (aguda o crónica).
 
Tratamiento crónico en pacientes con fracaso en el vaciado vesical espontáneo (obstrucción infravesical o atonía vesical) cuando no hayan tenido éxito y no se les pueda practicar otro procedimiento alternativo.
  Tratamiento de algunos pacientes con vejiga neurógena.
  Administración de terapias intravesicales (instilación vesical).
  Posoperatorio de algunas cirugías (uretra, próstata, vejiga).
  Fístulas vesicales y rotura vesical extraperitoneal.
  Hematuria de origen vesicoprostático en pacientes que requieran lavados vesicales continuos.
 
Tratamiento intraoperatorio y posoperatorio de intervenciones quirúrgicas prolongadas o en pacientes con riesgo previsible de retención de orina.
  Para posibilitar la curación más rápida de escaras de decúbito en pacientes con incontinencia.

Contraindicaciones:

Prostatitis aguda.
Uretritis aguda, flemones y abscesos periuretrales.
Estenosis o rigidez uretral (valorar el caso).
Sospecha de rotura uretral traumática.
Alergia conocida a los anestésicos locales o al látex.

Precauciones:

Realizar aseo de los genitales para reducir las bacterias a ese nivel y evitar que sean arrastradas al interior de la vejiga.
No forzar la sonda al pasarla, esto evita ocasionar traumatismos en la uretra. Tener en cuanta el calibre de las sondas para el diámetro de la uretra. Pedir al paciente que tosa durante la inserción de la sonda, esta acción facilitará el paso del catéter.
En el caso de la sonda Foley, se debe fijar, insuflando el balón con solución salina, nunca se debe hacer con aire ni solución glucosada, esta acción garantizará el éxito y la durabilidad de la operación.
Si la sonda permanece fija, pinzarla periódicamente para recuperar el tono vesical.
Si existe orina retenida, permitir la salida hasta 400 mL, interrumpirla esta y después cada 30 min dejar salir 200 mL, lo cual evitará un vaciamiento rápido de la vejiga que puede provocar complicaciones en el paciente (hemorragias por descompresión, paros cardíacos o shock hipovolémico).
En caso de que el paciente sea varón (no circundado), después de terminar el procedimiento, asegurarse de deslizar el prepucio hacia delante.
Los pacientes que presentan dilataciones uretrales debido al uso prolongado de sondas requieren sondas de mayor calibre.
Los casos que presentan estenosis en el meato requieren sondas de menor calibre y en ocasiones el uso de dilatadores, donde participará el personal médico (se tendrán preparadas bujías de Hegar para la dilatación de la uretra en la mujer y las de Benique para la dilatación de la uretra en el hombre).
Cuando se realice el cateterismo para tomar muestra, no utilizar sustancias oleosas como lubricantes.
No introducir varias veces la misma sonda.
Cambie la sonda de acuerdo con las normas epidemiológicas de servicio y la institución. Se recomienda cada 7 días, si el paciente no presenta infecciones asociadas u otras complicaciones, elementos que se tendrán en cuenta durante la valoración de enfermería y que, en el caso del enfermero especializado, este decidirá el cambio de la sonda vesical. El enfermero técnico informará, al licenciado en enfermería o al personal médico, la alteración identificada durante la valoración.

Material necesario para la realización del cateterismo vesical. Antes de comenzar cualquier técnica se debe tener preparado el material que se va a emplear, en este caso consiste en (Fig. 4.14):

Fig. 4.14. Equipo que se utiliza para la fase de higiene de los genitales del cateterismo vesical. Tomado de: Tuorial catetrismo vesical autor: Lic. Lloine Concepción Velarde. Copyright © 2006 Centro Ciberético Aplicado a la Medicina "Dr. José A. Prenso Albarrán".

Para la fase de higiene de los genitales:
  Bandeja o carro.
  Guantes (pueden ser desechables o utilizar dediles, en muchas instituciones y servicios se emplean estériles).
  Cu?a.
  Hule y sábana tirante.
  Torundas estériles (se recomienda de algodón para la higiene de los genitales externos y gasa para la cateterización).
  Toalla.
  Recipiente con agua.
  Jabón o agua jabonosa.
  Suero fisiológico (solución salina 0,9 %).
 
Suero fisiológico-solución salina 0,9 %, agua yodada o antiséptico aprobado por la institución y establecido en las normas epidemiológicas o indicado por el médico.
Para la fase de sondaje (Fig. 4.15):
  Bandeja o carro.
 
Sonda urinaria de calibre, tipo y material adecuados (Nélaton No 10, 12, 14 y 16; Foley No 12, 14 y 16, al menos 2 unidades, por si el primer intento de sondaje resulta fallido).
  Guantes estériles.
  Jabón o agua jabonosa.
  Hule y sábana tirante.
  Depresores.
  Recipiente estéril.
  Lubricante hidrosoluble o lubricante urológico anestésico.
  Torundas estériles de algodón.
  Recipiente para desecho (ri?onera).
 
Jeringuilla estéril y solución salina 0,9 % -suero fisiológico- (para instilar solución suficiente, insuflar el balón y fijar la sonda con seguridad, se recomienda de 5 a 10 mL).
  Esparadrapo y tijera (en caso que el sondaje sea temporal o permanente).
  Bolsa colectora (en caso que el sondaje sea temporal o permanente).

Equipo accesorio: parabán y lámpara de pie.

Procedimiento. Invariantes funcionales generales que inician el procedimiento:

Verifique la indicación médica: el enfermero basado en la Historia Clínica revisará los datos del paciente y los aspectos relacionados con la técnica que se debe cumplir.
Identifique al paciente según su esfera psicológica (de acuerdo con su estado de conciencia): le preguntará el nombre, su estado de ánimo y se le explicará la técnica que se realizará y las ventajas que tendrá para su estado de salud.
Lavarse las manos: se realizará un lavado higiénico de las manos. Se valorarán las condiciones del paciente, del área y de acuerdo con el pensamiento valorativo y crítico de enfermería se realizará este tipo de lavado de las manos.
Prepare el material y el equipo: para evitar interrupciones durante el procedimiento y evitar molestias al paciente (incluye el parabán y la fuente de iluminación).
Variantes funcionales:
Coloque el parabán y la fuente de iluminación, si es necesario.
Trasladar el equipo a la unidad del paciente.
Poner al paciente en la posición indicada: el hombre en decúbito supino y la mujer en decúbito supino con las rodillas ligeramente flexionadas y separadas.
Colocar el hule y la sábana tirante bajo las caderas del paciente.
Colocar la cu?a y realizar el lavado higiénico de las manos: realizar el lavado social de las manos hasta enjuagar la llave con las manos en forma de recipiente (frotar vigorosamente las manos con movimientos rotativos).
Colocarse los guantes y proceder al aseo de los genitales externos con maniobra semicrítica utilizando agua jabonosa, suero fisiológico, agua yodada u otro antiséptico aprobado por la institución y establecido en las normas epidemiológicas.
En la mujer: el enfermero, con la mano dominante, utilizará la pinza para coger las torundas estériles, las humedecerá con las soluciones indicadas (primero aplicará la solución salina y después la antiséptica), se iniciará la higiene eliminando la secreción de los labios mayores; los labios menores se separarán y levantarán con los dedos pulgar e índice de la mano izquierda para exponer el meato urinario. La zona alrededor del meato se limpiará con mucho cuidado. Durante la limpieza se emplearán movimientos suaves, pero firmes de arriba hacia abajo y se cambiarán las torundas. Se colocará una torunda en el orificio vaginal para evitar que las secreciones de este órgano se diseminen hacia le meato. Debe colocarse con cuidado, teniendo en cuanta que la torunda no tapone la vagina, o sea, no la incomunique. Al finalizar la higienización y aseptización de la región se secará con una torunda estéril y se retirará el tapón vaginal, se quitará los guantes.
En el varón: realizar el aseo y la asepsia del glande: con la mano no dominante echará para atrás el prepucio y dejará visibles el glande y el meato urinario. Con la mano dominante utilizará la pinza para coger las torundas estériles, las humedecerá en las soluciones indicadas (primero aplicará la solución salina y luego la antiséptica) y se iniciará la higienización de la zona que rodea al meato, después se procederá a secar la región con movimientos circulares, con torundas estériles o pa?os estériles destinados para ello. Se retirará los guantes.
Retire la cu?a.
Realizar el lavado higiénico o médico de las manos.
Colocarse los guantes estériles.
Proceda a desempacar la sonda vesical.
Compruebe el funcionamiento de la sonda (especialmente del balón).
Lubrique la sonda (catéter) empleando el depresor, 10 cm en la mujer y de 17 a 20 cm en el varón (no use ungüentos, pomadas, bálsamos o lubricantes que contenga base de petróleo porque puede causar da?o de la sonda-catéter y la ruptura del balón).
En la mujer: cuando se trata de un sodaje intermitente:
  Decir a la paciente que respire lenta y profundamente; con esta medida se favorece la relajación del esfínter externo de la uretra.
 
Separe los grandes labios con los dedos índice y pulgar de la mano no dominante; también se puede utilizar el dedo índice y del medio, en dependencia a la comodidad, agilidad y destreza del enfermero. Con su mano dominante introduzca con suavidad la sonda en el meato urinario hasta que drene la orina en la cu?a. Se recomienda mantener los labios mayores separados mientras se está introduciendo la sonda, esta acción evita la contaminación del meato urinario. Si por error introduce la sonda en la vagina de la paciente, dejarla en ese lugar, utilizar otra sonda estéril e insertarla en la uretra, luego retire la sonda que está en el lugar equivocado, así se evitará introducir también la segunda sonda en la vagina (Fig. 4.16).
 
Retirar la mano no dominante de los labios mayores y sujetar la sonda a unos 2 cm del meato. Evitar la salida accidental de la sonda por una contracción vesica).
  Finalizado el drenaje, retirar la sonda lentamente hasta su total extracción y drenar la orina en el recipiente destinado para ello (ri?onera).
  Retirar la ri?onera y si es necesario proceder a la higiene y secado de la zona perineal.
  Quitarse los guantes y colocarlos en el recipiente de desecho, realizar el lavado higiénico o médico de las manos.

 

Fig. 4.16. Representación de la colocación de una sonda vesical en la mujer (posiciónde los dedos de la mano no dominante e introducción de la sonda con la mano dominante). Tomado de: Botella M, Hernández OM, López ML, Rodríguez A. Cuadernillo de técnicas básicas de enfermería. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, 2002.

En el caso de un sondaje temporal o permanente. Una vez preparado el material y realizada la higiene de los genitales:

Decir a la paciente que respire lenta y profundamente; con esta medida se favorece la relajación del esfínter externo de la uretra.
Separe los grandes labios con los dedos índice y pulgar de la mano no dominante, también se pueden utilizar los dedos índice y del medio según la comodidad, agilidad y destreza del enfermero. Con su mano dominante introduzca con suavidad la sonda en el meato urinario hasta que drene la orina en la cu?a (aproximadamente de 5 a 7,5 cm). Se recomienda realizar igual procedimiento que en el sondaje intermitente, para este paso. Mantener los labios mayores separados mientras se está introduciendo la sonda, esta acción evita la contaminación del meato urinario. La aparición de orina indica que la punta de la sonda se encuentra en la uretra o en la vejiga.
Cuando se observa la presencia de la orina, introducir un poco más la sonda, de 2 a 2,5 cm, con ello se asegura la ubicación de la punta de la sonda en la vejiga y el ulterior inflado del globo de retención en dicha cavidad y no en la uretra.
Inflar el balón de retención con la jeringuilla (Fig. 4.17).
Deslizar suavemente la sonda hacia el exterior hasta notar una resistencia. Mantenerla en esta posición. El inflado del balón ancla la punta de la sonda en la unión de la vejiga con la uretra.
Conectar el embudo colector de la sonda al sistema de drenaje (bolsa colectora).
Situar la bolsa por debajo del nivel de la vejiga. Esta posición evita el reflujo de orina hacia la cavidad urinaria.
Si la paciente está encamada, fijar la sonda en la parte interna del muslo con una tira de esparadrapo. Comprobar que la amplitud de movimiento de la extremidad no tense la sonda, esto evita el riesgo de lesión hística de esta zona y la posibilidad de salida accidental de la sonda (Fig. 4.18).
Proceder a la higiene y secado de la zona perineal si es necesario.
Quitarse los guantes, colocarlos en el recipiente de desecho y realizar el lavado higiénico o médico de las manos.

Fig. 4.17. Representación de la colocación de una sonda vesical en la mujer (inflado del balón). Tomado de: Botella M, Hernández OM, López ML, Rodríguez A. Cuadernillo de técnicas básicas de enfermería. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, 2002.

Fig. 4.18. Representación de la fijación de una sonda vesical en la mujer encamada. Tomado de: Botella M, Hernández OM, López ML, Rodríguez A. Cuadernillo de técnicas básicas de enfermería. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, 2002.

En el caso del varón. Cuando se trate de un sondaje intermitente:

Sujetar el pene con firmeza mediante los dedos pulgar e índice de su mano no dominante (esta maniobra evita la erección). Con la ayuda de una gasa, deslizar el prepucio hacia abajo (Fig. 4.19).
Sostener el pene con la mano no dominante y llevarlo hacia arriba, de manera que forma un ángulo de 60 a 900, aproximadamente en relación con el cuerpo. Realizar una ligera tracción del pene manteniéndolo en esta posición; esta maniobra endereza el canal urinario y facilita la inserción de la sonda.
Decir al paciente que respire lenta y profundamente (con esta medida se favorece la relajación del esfínter interno de la uretra).
Con la mano dominante introducir con suavidad la sonda en el meato urinario hasta que fluya la orina (entre 17 y 20 cm) (Fig. 4.20).
Bajar el pene hasta un ángulo de 45 a 60? y colocar el extremo distal de la sonda hacia la ri?onera. Sujetar la sonda a unos 2 cm del meato (evitar la salida accidental de la sonda por una contracción vesical).
Finalizado el drenaje, retirar la sonda lentamente hasta su total extracción.
Volver a colocar el prepucio sobre el glande.
Retirar la ri?onera y si es necesario proceder a la higiene y secado de la zona perineal.
Quitarse los guantes, colocarlos en el recipiente de desecho y realizar el lavado higiénico o médico de las manos.

Fig. 4.19. Representación de la sujeción del pene para la colocación de una sonda vesical en el varón. Tomado de: Botella M, Hernández OM, López ML, Rodríguez A. Cuadernillo de técnicas básicas de enfermería. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, 2002.

Fig. 4.20. Representación de la colocación de una sonda vesical en el varón. Tomado de: Botella M, Hernández OM, López ML, Rodríguez A. Cuadernillo de técnicas básicas de enfermería. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, 2002.

En caso de un sondaje temporal o permanente. Una vez preparado el material y realizada la higiene de los genitales:

Sujetar el pene con firmeza mediante los dedos pulgar e índice de su mano no dominante (esta maniobra evita la erección). Con la ayuda de una gasa deslizar el prepucio hacia abajo.
Con la mano no dominante sujetar el pene en posición perpendicular, formando un ángulo de 90? respecto al cuerpo. Realizar una ligera tracción del pene manteniéndolo en esta posición (esta maniobra endereza el canal urinario y facilita la inserción de la sonda).
Decir al paciente que respire lenta y profundamente (con esta medida se favorece la relajación del esfínter interno de la uretra).
Con la mano dominante, introducir con suavidad la sonda en el meato urinario hasta que fluya la orina aproximadamente entre 17 y 20 cm (la aparición de orina indica que la punta de la sonda se encuentra en la uretra o en la vejiga). Para introducir la sonda con más comodidad se puede colocarla en la palma de la mano haciendo un rollo-lazo.
Cuando se observa la presencia de la orina, se introduce un poco más la sonda, unos 2 cm; con ello se asegura la ubicación de la punta de la sonda en la vejiga y el ulterior inflado del globo de retención en dicha cavidad y no en la uretra.
Inflar el balón.
Bajar el pene hasta un ángulo de 45 a 60? y conecte el embudo colector de la sonda al sistema de drenaje (bolsa colectora).
Situar la bolsa por debajo del nivel de la vejiga, esta posición evita el reflujo de orina hacia la cavidad urinaria.
Volver a colocar el prepucio sobre el glande.
Si el paciente está encamado fijar la sonda en la parte interna del muslo con una tira de esparadrapo; comprobar que la amplitud de movimiento de la extremidad no tense la sonda, esta operación evita el riesgo de lesión tisular y la posibilidad de salida accidental de la sonda).
Retirar la ri?onera y si es necesario proceder a la higiene y secado de la zona perineal.
Quitarse los guantes, colocarlos en el recipiente de desecho y realizar el lavado higiénico o médico de las manos.

Una vez concluida la técnica es importante que los genitales queden bien limpios, en el caso de los hombres que el prepucio cubra el glande.

Invariantes funcionales generales que concluyen el procedimiento:

Acomodar al paciente según su esfera psicológica: en este momento se le debe preguntar sobre alguna molestia, se le volverá a explicar los beneficios que tiene para su estado de salud esta técnica, así como alguna duda o inquietud que tenga al respecto.
Recoger el material utilizado: trasladar al cuarto de cura o de enfermería el equipo utilizado y los accesorios.
Desechar el material no recuperable que fue utilizado.
Proceder a la limpieza del equipo y los materiales que se destinarán a la desinfección, descontaminación y esterilización.
Realizar el lavado higiénico o médico de las manos. Se valorarán las condiciones del paciente, del área y de acuerdo con el pensamiento valorativo y crítico de enfermería se realizará este tipo de lavado de las manos.
Anotar en la Historia Clínica el cumplimiento de la indicación para que quede constancia de la acción ejecutada.

Principios científicos relacionados con la eliminación urinaria (aplicables al sondaje, instilación, irrigación y lavados vesicales). El profesional de enfermería considerará antes, durante y después del procedimiento del cateterismo o sondaje vesical que:

La mayor parte de los desechos nitrogenados del metabolismo celular se eliminan por los ri?ones.
Los ri?ones tienen un papel importante en la conservación del equilibrio de los líquidos.
La supresión de la formación de orina en los ri?ones pone en peligro la vida de la persona.
Normalmente la madurez total de la capacidad funcional de los ri?ones se alcanza al final del primer a?o de vida.
Las estructuras neuromusculares necesarias para el control voluntario de la micción suelen estar bastante desarrolladas a los 2 o 3 a?os de vida.
La pérdida de control voluntario de la micción es una amenaza grave para la autoestimación de la persona.
El promedio de orina en el adulto es de 1 000 a 1 500 mL en 24 h; el promedio de los ni?os en edad escolar es hasta 1 000 mL en igual período.
Los líquidos constituyen una proporción mayor del peso corporal de los ni?os.
Normalmente el adulto siente deseos de orinar cuando la vejiga contiene de 300 a 500 mL.
El recubrimiento de las vías consiste en una capa continua de mucosa.
La estrecha relación anatómica de las vías urinarias y las de reproducción determinan que el funcionamiento urinario sea un tema de consideración para la mayoría de las personas.
La localización del meato urinario muy próximo al ano y los órganos sexuales externos hacen que las vías urinarias sean vulnerables a infecciones provenientes de estas fuentes.
Una eliminación de orina menor que 25 mL/h (600 mL/24 h) se considera inadecuada en adultos.
La excreción de la orina normalmente es una función independiente del adulto.
Siempre existen microorganismos en la superficie externa del organismo y en las cavidades y conductos que tienen comunicación directa con el exterior.
El aseo adecuado del meato y de la zona que lo rodea reduce la posibilidad de introducir bacterias en la vejiga.
Si se permite que los grandes labios (mujer) o el prepucio (hombre) se cierre sobre el meato se contamina el área que se acaba de limpiar.
El lubricante disminuye la fricción que causa la sonda seca. Si se emplea con descuido puede tapar el lumen de la sonda.
Si se contamina la porción de la sonda que va a introducírsele al enfermo puede ocasionarle infección en la vejiga, que normalmente es una cavidad estéril.
Para introducir la sonda es indispensable ver el meato con claridad. La orina que está dentro de la vejiga debe quedar por encima del nivel de la abertura de la sonda para poder eliminar la orina por acción de la gravedad.
La orina continuará saliendo por la sonda si no se cierra el lumen de esta.
Cuando se saca la sonda y después se vuelve a empujar hacia el interior de la uretra aumenta la posibilidad de una contaminación.
Cuando la salida de la orina comienza a disminuir se debe sacar lentamente la sonda, de este modo se logra que el extremo de la sonda pase por la orina que hay aún en la vejiga y así escurra hacia fuera.

Cuidados generales del paciente con sonda urinaria temporal o permanente. Los profesionales de la salud especialmente los enfermeros los pacientes y a los familiares deben considerar los aspectos siguientes:

Asegurar una hidratación correcta (al menos 1,5 L de líquido al día).
Realizar lavado higiénico de las manos antes y después de manipular la sonda y/o la bolsa colectora.
Lavar diariamente la zona de inserción de la sonda con agua y jabón y secarla (no olvidar la recolocación del prepucio). Se debe evitar la limpieza frecuente del meato uretral o la aplicación periuretral de cualquier tipo de crema que no haya sido previamente prescrita por el médico.
Mantener buena higiene del periné: limpiar 2 veces al día y después de cada deposición para evitar la contaminación ascendente por flora entérica.
Mantener libre de secreciones el meato mediante lavado con agua y jabón.
Cada día mover suavemente la sonda en sentido rotatorio con el fin de evitar adherencias en las paredes.
Asegurar la asepsia cada vez que se realice el cambio de bolsa o cada vez que esta se vacíe. No se deben tocar los extremos de las conexiones: el pabellón de la sonda y la parte del tubo de drenaje que conecta con el pabellón en los sistemas abiertos, así como el tubo de drenaje de la bolsa en los sistemas cerrados.
Mantener la hermeticidad del circuito cerrado entre la sonda y bolsa recolectora de orina. La bolsa está dotada de válvula antirreflujo.
La bolsa recolectora debe colocarse siempre por debajo del nivel de la vejiga.
Con el fin de evitar el reflujo de la orina se vigilará que el tubo y la bolsa colectora no sobrepasen el nivel de la vejiga. Si es imprescindible elevar la bolsa de diuresis; se procederá a pinzar el tubo de drenaje lo más cerca posible del meato urinario, así se evita da?ar el mecanismo de inflación del globo de retención.
La bolsa debe fijarse al muslo para evitar la tensión y tracción de la vejiga. En los varones se fijará en una posición horizontal en el muslo o en el abdomen, para eliminar el ángulo penescrotal y evitar que la presión de la sonda en dicho ángulo pueda originar fístula uretrocutánea.
La bolsa debe ser vaciada 3 veces al día o de acuerdo con la cantidad de orina que contenga.
Cambiar o vaciar la bolsa antes de que esté completamente llena.
Evitar tirones que puedan provocar traumatismos o desconexiones accidentales del sistema.
Evitar acodamientos en la sonda o en el tubo de la bolsa.
La recogida de muestras de orina se harán en el punto de acceso de la sonda y si no dispone de este punto se hará en el pabellón (extremo distal, próximo a la unión con el tubo recolector de la bolsa), evitando la aspiración de la rama principal de la sonda, ya que puede desinflarse el balón. Se utilizará técnica y material aséptico, incluyendo una aguja y jeringuilla estériles.
Se evitará la utilización de irrigaciones vesicales con soluciones antibacterianas, las investigaciones demuestran que esta práctica no disminuye el número de infecciones.
Estimular la ingestión abundante de líquidos para producir una limpieza natural.
El cambio de sonda se realizará aproximadamente una vez al mes o cuando se observen signos de infección, en este caso se comenta con el médico por si quiere realizar alguna prueba (urocultivo).
La conservación de una orina ácida ayuda a prevenir la infección, la incrustación de arenillas urinarias y depósito de cálculos.
Para evitar contaminación cruzada los pacientes sometidos a cateterismo con bacterias en la orina no deben permanecer en la misma habitación que los pacientes con sonda y que no presentan infección (se requieren habitaciones individuales).

Duración del cateterismo:

Corto tiempo: duración menor que 30 días. Se emplea en pacientes hospitalizados con afección aguda. En algunos casos se prefiere pasar el catéter de manera precoz antes que utilizar pa?ales hidrófugos o colectores para poder retirar la sonda vesical. No se aconseja la profilaxis antibiótica de rutina, aunque pospone la bacteriuria no la previene y se aumentan las resistencias de los microorganismos. Se deben administrar antibióticos en los casos de bacteriurias sintomáticas o cuando el urocultivo realizado a la semana de retirado el catéter es positivo.
Largo tiempo: duración mayor que 30 días. Se emplea en pacientes con afección crónica, que hacen retenciones urinarias frecuentes. En estos casos no es posible prevenir la bacteriuria, se debe intentar evitar que aparezcan complicaciones como prostatitis, pielonefritis, epididimitis, bacteriemia, obstrucción del catéter, litiasis, fístulas, insuficiencia renal o cáncer de vejiga). La obstrucción de la sonda es más frecuente por lo que se debe cambiar todo el sistema; para prevenirla es útil evitar acodaduras; se deben administrar antibióticos si existen síntomas de infección, previo urocultivo y cambio del sistema. Se proseguirá con antibioterapia según el urocultivo. En algunos casos se puede pasar al cateterismo intermitente o la utilización de pa?al o colector externo.
Intermitente: se realiza cada determinado tiempo (en general cada 6 a 8 h). Es una técnica habitual en el mantenimiento de la función de la vejiga neurógena. Debe utilizarse una técnica de cateterismo aséptica. El cateterismo intermitente tiene menor incidencia de infecciones, litiasis e insuficiencia renal que el permanente, pero ocasiona más uretritis, falsas vías y lesiones de la mucosa uretral.

Diversas han sido las propuestas de medidas preventivas para evitar las infecciones del tracto urinario en los pacientes con sonda vesical. Atendiendo a su eficacia se pueden agrupar en 3 categorías:

Categoría I. Adopción altamente recomendada:
  Educar a los profesionales de la salud, pacientes y familiares respecto a las técnicas de inserción y mantenimiento de las sondas.
  Evitar los sondajes innecesarios.
  Realizar lavado higiénico de las manos antes y después de cualquier manipulación de la sonda.
  Insertar la sonda de forma aséptica utilizando un equipo y guantes estériles.
  Fijar la sonda después de su inserción para evitar el movimiento y la tracción uretral.
  Utilizar sistemas de drenaje cerrado y evitar la desconexión entre sonda, tubo y bolsa.
  Si es necesaria la irrigación se usará un método de irrigación intermitente.
  Las muestras de orina se obtendrán por métodos asépticos.
  Se mantendrá siempre un flujo urinario constante, libre de obstáculos.
Categoría II. Adopción moderadamente recomendada:
  Reeducar periódicamente a los profesionales de la salud, paciente y familiares respecto al mantenimiento de las sondas.
  Utilizar la sonda de menor calibre posible.
  No practicar irrigación continua de la vejiga como medida antiinfecciosa de rutina.
  No realizar cuidados rutinarios del meato con desinfectantes o antimicrobianos tópicos.
  No cambiar la sonda de forma reiterada en intervalos fijos.
Categoría III. Adopción menos recomendada:
  Aislamiento de los pacientes infectados.
  Monitorización bacteriológica rutinaria.
  Considerar otras técnicas alternativas antes de recurrir a un sondaje urinario.
  Reemplazar el sistema colector cuando haya sido interrumpido el drenaje cerrado.

Las medidas que requieren consideración son:

Utilización de sondas confeccionadas con materiales hidrofílicos.
Adición de antimicrobianos a la bolsa colectora en determinadas situaciones.
Profilaxis antibiótica en grupos seleccionados de pacientes.
Descontaminación selectiva del tracto intestinal.

Medidas de control para evitar infecciones urinarias. La infección urinaria en pacientes con sonda vesical y/o instrumentación urológica es la más frecuente dentro de las infecciones hospitalarias, las complicaciones graves son poco frecuentes cuando se contemplan las medidas de control pertinentes (medidas eficaces):

Ningún paciente debe ser sondeado a menos que sea estrictamente necesario. Se debe retirar la sonda tan pronto como sea posible.
El sodaje debe ser llevado a cabo por personal entrenado y con estricta técnica aséptica.

Los aspectos más relevantes de la técnica aséptica son:

  Lavado de manos previo en forma exhaustiva (higiénico o médico).
  Higiene perineal previa, de preferencia con iodo povidona o cualquier otro antiséptico.
  Colocación de la sonda con guantes estériles.
  Uso de lubricantes estériles e hidrosolubles.
  Utilizar la sonda vesical más peque?a que cumpla con el propósito deseado para evitar traumatismos.
Todo el sistema (sonda vesical, tubuladura y bolsa colectora) debe ser estéril y permanecer cerrado (Fig. 4.21). El sistema elegido debe contar con tubo de vaciado seguro.
Las bolsas de orina y el pico de "desagote" no pueden tocar el piso. Siempre deben estar debajo del nivel de la vejiga, aun en el traslado del paciente para evitar la contaminación por reflujo. Instruir a los pacientes ambulatorios para que no lleven la bolsa colectora por encima de la vejiga.
Lavado higiénico de las manos antes y después de manipular cualquier parte del sistema (vaciamiento de la bolsa colectora, no es necesario el uso de guantes estériles. No vaciar en forma simultánea bolsas colectoras de varios pacientes).
No desconectar la unión sonda-tubuladura y obturar con tapones, ámpulas u otros aditamentos útiles para ello debido al riesgo de contaminación. Si el paciente es trasladado, llevarlo con la bolsa colectora.
Lavado de la sonda vesical como si fuera parte del propio cuerpo del paciente.
La sonda vesical se cambiará: ante infección urinaria a gérmenes no habituales (Pseudomona multirresistente, sedimento urinario anormal (mucus) y cuando se obstruye, excepto posoperatorio inmediato, por indicación médica).
En circunstancias habituales es aconsejable cambiar la sonda vesical cada 20 días. Si la sonda vesical es de silicona pura puede estar colocada hasta 2 meses.
Decir a la paciente que respire lenta y profundamente; con esta medida se favorece la relajación del esfínter externo de la uretra.
Separe los grandes labios con los dedos índice y pulgar de la mano no dominante, también se pueden utilizar los dedos índice y del medio según la comodidad, agilidad y destreza del enfermero. Con su mano dominante introduzca con suavidad la sonda en el meato urinario hasta que drene la orina en la cu?a (aproximadamente de 5 a 7,5 cm). Se recomienda realizar igual procedimiento que en el sondaje intermitente, para este paso. Mantener los labios mayores separados mientras se está introduciendo la sonda, esta acción evita la contaminación del meato urinario. La aparición de orina indica que la punta de la sonda se encuentra en la uretra o en la vejiga.
Cuando se observa la presencia de la orina, introducir un poco más la sonda, de 2 a 2,5 cm, con ello se asegura la ubicación de la punta de la sonda en la vejiga y el ulterior inflado del globo de retención en dicha cavidad y no en la uretra.
Inflar el balón de retención con la jeringuilla (Fig. 4.17).
Deslizar suavemente la sonda hacia el exterior hasta notar una resistencia. Mantenerla en esta posición. El inflado del balón ancla la punta de la sonda en la unión de la vejiga con la uretra.
Conectar el embudo colector de la sonda al sistema de drenaje (bolsa colectora).
Situar la bolsa por debajo del nivel de la vejiga. Esta posición evita el reflujo de orina hacia la cavidad urinaria.
Si la paciente está encamada, fijar la sonda en la parte interna del muslo con una tira de esparadrapo. Comprobar que la amplitud de movimiento de la extremidad no tense la sonda, esto evita el riesgo de lesión hística de esta zona y la posibilidad de salida accidental de la sonda (Fig. 4.18).
Proceder a la higiene y secado de la zona perineal si es necesario.
Quitarse los guantes, colocarlos en el recipiente de desecho y realizar el lavado higiénico o médico de las manos.

Fig. 4.17. Representación de la colocación de una sonda vesical en la mujer (inflado del balón). Tomado de: Botella M, Hernández OM, López ML, Rodríguez A. Cuadernillo de técnicas básicas de enfermería. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, 2002.

Fig. 4.18. Representación de la fijación de una sonda vesical en la mujer encamada. Tomado de: Botella M, Hernández OM, López ML, Rodríguez A. Cuadernillo de técnicas básicas de enfermería. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, 2002.

En el caso del varón. Cuando se trate de un sondaje intermitente:

Sujetar el pene con firmeza mediante los dedos pulgar e índice de su mano no dominante (esta maniobra evita la erección). Con la ayuda de una gasa, deslizar el prepucio hacia abajo (Fig. 4.19).
Sostener el pene con la mano no dominante y llevarlo hacia arriba, de manera que forma un ángulo de 60 a 900, aproximadamente en relación con el cuerpo. Realizar una ligera tracción del pene manteniéndolo en esta posición; esta maniobra endereza el canal urinario y facilita la inserción de la sonda.
Decir al paciente que respire lenta y profundamente (con esta medida se favorece la relajación del esfínter interno de la uretra).
Con la mano dominante introducir con suavidad la sonda en el meato urinario hasta que fluya la orina (entre 17 y 20 cm) (Fig. 4.20).
Bajar el pene hasta un ángulo de 45 a 60? y colocar el extremo distal de la sonda hacia la ri?onera. Sujetar la sonda a unos 2 cm del meato (evitar la salida accidental de la sonda por una contracción vesical).
Finalizado el drenaje, retirar la sonda lentamente hasta su total extracción.
Volver a colocar el prepucio sobre el glande.
Retirar la ri?onera y si es necesario proceder a la higiene y secado de la zona perineal.
Quitarse los guantes, colocarlos en el recipiente de desecho y realizar el lavado higiénico o médico de las manos.

Fig. 4.19. Representación de la sujeción del pene para la colocación de una sonda vesical en el varón. Tomado de: Botella M, Hernández OM, López ML, Rodríguez A. Cuadernillo de técnicas básicas de enfermería. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, 2002.

Fig. 4.20. Representación de la colocación de una sonda vesical en el varón. Tomado de: Botella M, Hernández OM, López ML, Rodríguez A. Cuadernillo de técnicas básicas de enfermería. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, 2002.

En caso de un sondaje temporal o permanente. Una vez preparado el material y realizada la higiene de los genitales:

Sujetar el pene con firmeza mediante los dedos pulgar e índice de su mano no dominante (esta maniobra evita la erección). Con la ayuda de una gasa deslizar el prepucio hacia abajo.
Con la mano no dominante sujetar el pene en posición perpendicular, formando un ángulo de 90? respecto al cuerpo. Realizar una ligera tracción del pene manteniéndolo en esta posición (esta maniobra endereza el canal urinario y facilita la inserción de la sonda).
Decir al paciente que respire lenta y profundamente (con esta medida se favorece la relajación del esfínter interno de la uretra).
Con la mano dominante, introducir con suavidad la sonda en el meato urinario hasta que fluya la orina aproximadamente entre 17 y 20 cm (la aparición de orina indica que la punta de la sonda se encuentra en la uretra o en la vejiga). Para introducir la sonda con más comodidad se puede colocarla en la palma de la mano haciendo un rollo-lazo.
Cuando se observa la presencia de la orina, se introduce un poco más la sonda, unos 2 cm; con ello se asegura la ubicación de la punta de la sonda en la vejiga y el ulterior inflado del globo de retención en dicha cavidad y no en la uretra.
Inflar el balón.
Bajar el pene hasta un ángulo de 45 a 60? y conecte el embudo colector de la sonda al sistema de drenaje (bolsa colectora).
Situar la bolsa por debajo del nivel de la vejiga, esta posición evita el reflujo de orina hacia la cavidad urinaria.
Volver a colocar el prepucio sobre el glande.
Si el paciente está encamado fijar la sonda en la parte interna del muslo con una tira de esparadrapo; comprobar que la amplitud de movimiento de la extremidad no tense la sonda, esta operación evita el riesgo de lesión tisular y la posibilidad de salida accidental de la sonda).
Retirar la ri?onera y si es necesario proceder a la higiene y secado de la zona perineal.
Quitarse los guantes, colocarlos en el recipiente de desecho y realizar el lavado higiénico o médico de las manos.

Una vez concluida la técnica es importante que los genitales queden bien limpios, en el caso de los hombres que el prepucio cubra el glande.

Invariantes funcionales generales que concluyen el procedimiento:

Acomodar al paciente según su esfera psicológica: en este momento se le debe preguntar sobre alguna molestia, se le volverá a explicar los beneficios que tiene para su estado de salud esta técnica, así como alguna duda o inquietud que tenga al respecto.
Recoger el material utilizado: trasladar al cuarto de cura o de enfermería el equipo utilizado y los accesorios.
Desechar el material no recuperable que fue utilizado.
Proceder a la limpieza del equipo y los materiales que se destinarán a la desinfección, descontaminación y esterilización.
Realizar el lavado higiénico o médico de las manos. Se valorarán las condiciones del paciente, del área y de acuerdo con el pensamiento valorativo y crítico de enfermería se realizará este tipo de lavado de las manos.
Anotar en la Historia Clínica el cumplimiento de la indicación para que quede constancia de la acción ejecutada.

Principios científicos relacionados con la eliminación urinaria (aplicables al sondaje, instilación, irrigación y lavados vesicales). El profesional de enfermería considerará antes, durante y después del procedimiento del cateterismo o sondaje vesical que:

La mayor parte de los desechos nitrogenados del metabolismo celular se eliminan por los ri?ones.
Los ri?ones tienen un papel importante en la conservación del equilibrio de los líquidos.
La supresión de la formación de orina en los ri?ones pone en peligro la vida de la persona.
Normalmente la madurez total de la capacidad funcional de los ri?ones se alcanza al final del primer a?o de vida.
Las estructuras neuromusculares necesarias para el control voluntario de la micción suelen estar bastante desarrolladas a los 2 o 3 a?os de vida.
La pérdida de control voluntario de la micción es una amenaza grave para la autoestimación de la persona.
El promedio de orina en el adulto es de 1 000 a 1 500 mL en 24 h; el promedio de los ni?os en edad escolar es hasta 1 000 mL en igual período.
Los líquidos constituyen una proporción mayor del peso corporal de los ni?os.
Normalmente el adulto siente deseos de orinar cuando la vejiga contiene de 300 a 500 mL.
El recubrimiento de las vías consiste en una capa continua de mucosa.
La estrecha relación anatómica de las vías urinarias y las de reproducción determinan que el funcionamiento urinario sea un tema de consideración para la mayoría de las personas.
La localización del meato urinario muy próximo al ano y los órganos sexuales externos hacen que las vías urinarias sean vulnerables a infecciones provenientes de estas fuentes.
Una eliminación de orina menor que 25 mL/h (600 mL/24 h) se considera inadecuada en adultos.
La excreción de la orina normalmente es una función independiente del adulto.
Siempre existen microorganismos en la superficie externa del organismo y en las cavidades y conductos que tienen comunicación directa con el exterior.
El aseo adecuado del meato y de la zona que lo rodea reduce la posibilidad de introducir bacterias en la vejiga.
Si se permite que los grandes labios (mujer) o el prepucio (hombre) se cierre sobre el meato se contamina el área que se acaba de limpiar.
El lubricante disminuye la fricción que causa la sonda seca. Si se emplea con descuido puede tapar el lumen de la sonda.
Si se contamina la porción de la sonda que va a introducírsele al enfermo puede ocasionarle infección en la vejiga, que normalmente es una cavidad estéril.
Para introducir la sonda es indispensable ver el meato con claridad. La orina que está dentro de la vejiga debe quedar por encima del nivel de la abertura de la sonda para poder eliminar la orina por acción de la gravedad.
La orina continuará saliendo por la sonda si no se cierra el lumen de esta.
Cuando se saca la sonda y después se vuelve a empujar hacia el interior de la uretra aumenta la posibilidad de una contaminación.
Cuando la salida de la orina comienza a disminuir se debe sacar lentamente la sonda, de este modo se logra que el extremo de la sonda pase por la orina que hay aún en la vejiga y así escurra hacia fuera.

Cuidados generales del paciente con sonda urinaria temporal o permanente. Los profesionales de la salud especialmente los enfermeros los pacientes y a los familiares deben considerar los aspectos siguientes:

Asegurar una hidratación correcta (al menos 1,5 L de líquido al día).
Realizar lavado higiénico de las manos antes y después de manipular la sonda y/o la bolsa colectora.
Lavar diariamente la zona de inserción de la sonda con agua y jabón y secarla (no olvidar la recolocación del prepucio). Se debe evitar la limpieza frecuente del meato uretral o la aplicación periuretral de cualquier tipo de crema que no haya sido previamente prescrita por el médico.
Mantener buena higiene del periné: limpiar 2 veces al día y después de cada deposición para evitar la contaminación ascendente por flora entérica.
Mantener libre de secreciones el meato mediante lavado con agua y jabón.
Cada día mover suavemente la sonda en sentido rotatorio con el fin de evitar adherencias en las paredes.
Asegurar la asepsia cada vez que se realice el cambio de bolsa o cada vez que esta se vacíe. No se deben tocar los extremos de las conexiones: el pabellón de la sonda y la parte del tubo de drenaje que conecta con el pabellón en los sistemas abiertos, así como el tubo de drenaje de la bolsa en los sistemas cerrados.
Mantener la hermeticidad del circuito cerrado entre la sonda y bolsa recolectora de orina. La bolsa está dotada de válvula antirreflujo.
La bolsa recolectora debe colocarse siempre por debajo del nivel de la vejiga.
Con el fin de evitar el reflujo de la orina se vigilará que el tubo y la bolsa colectora no sobrepasen el nivel de la vejiga. Si es imprescindible elevar la bolsa de diuresis; se procederá a pinzar el tubo de drenaje lo más cerca posible del meato urinario, así se evita da?ar el mecanismo de inflación del globo de retención.
La bolsa debe fijarse al muslo para evitar la tensión y tracción de la vejiga. En los varones se fijará en una posición horizontal en el muslo o en el abdomen, para eliminar el ángulo penescrotal y evitar que la presión de la sonda en dicho ángulo pueda originar fístula uretrocutánea.
La bolsa debe ser vaciada 3 veces al día o de acuerdo con la cantidad de orina que contenga.
Cambiar o vaciar la bolsa antes de que esté completamente llena.
Evitar tirones que puedan provocar traumatismos o desconexiones accidentales del sistema.
Evitar acodamientos en la sonda o en el tubo de la bolsa.
La recogida de muestras de orina se harán en el punto de acceso de la sonda y si no dispone de este punto se hará en el pabellón (extremo distal, próximo a la unión con el tubo recolector de la bolsa), evitando la aspiración de la rama principal de la sonda, ya que puede desinflarse el balón. Se utilizará técnica y material aséptico, incluyendo una aguja y jeringuilla estériles.
Se evitará la utilización de irrigaciones vesicales con soluciones antibacterianas, las investigaciones demuestran que esta práctica no disminuye el número de infecciones.
Estimular la ingestión abundante de líquidos para producir una limpieza natural.
El cambio de sonda se realizará aproximadamente una vez al mes o cuando se observen signos de infección, en este caso se comenta con el médico por si quiere realizar alguna prueba (urocultivo).
La conservación de una orina ácida ayuda a prevenir la infección, la incrustación de arenillas urinarias y depósito de cálculos.
Para evitar contaminación cruzada los pacientes sometidos a cateterismo con bacterias en la orina no deben permanecer en la misma habitación que los pacientes con sonda y que no presentan infección (se requieren habitaciones individuales).

Duración del cateterismo:

Corto tiempo: duración menor que 30 días. Se emplea en pacientes hospitalizados con afección aguda. En algunos casos se prefiere pasar el catéter de manera precoz antes que utilizar pa?ales hidrófugos o colectores para poder retirar la sonda vesical. No se aconseja la profilaxis antibiótica de rutina, aunque pospone la bacteriuria no la previene y se aumentan las resistencias de los microorganismos. Se deben administrar antibióticos en los casos de bacteriurias sintomáticas o cuando el urocultivo realizado a la semana de retirado el catéter es positivo.
Largo tiempo: duración mayor que 30 días. Se emplea en pacientes con afección crónica, que hacen retenciones urinarias frecuentes. En estos casos no es posible prevenir la bacteriuria, se debe intentar evitar que aparezcan complicaciones como prostatitis, pielonefritis, epididimitis, bacteriemia, obstrucción del catéter, litiasis, fístulas, insuficiencia renal o cáncer de vejiga). La obstrucción de la sonda es más frecuente por lo que se debe cambiar todo el sistema; para prevenirla es útil evitar acodaduras; se deben administrar antibióticos si existen síntomas de infección, previo urocultivo y cambio del sistema. Se proseguirá con antibioterapia según el urocultivo. En algunos casos se puede pasar al cateterismo intermitente o la utilización de pa?al o colector externo.
Intermitente: se realiza cada determinado tiempo (en general cada 6 a 8 h). Es una técnica habitual en el mantenimiento de la función de la vejiga neurógena. Debe utilizarse una técnica de cateterismo aséptica. El cateterismo intermitente tiene menor incidencia de infecciones, litiasis e insuficiencia renal que el permanente, pero ocasiona más uretritis, falsas vías y lesiones de la mucosa uretral.

Diversas han sido las propuestas de medidas preventivas para evitar las infecciones del tracto urinario en los pacientes con sonda vesical. Atendiendo a su eficacia se pueden agrupar en 3 categorías:

Categoría I. Adopción altamente recomendada:
  Educar a los profesionales de la salud, pacientes y familiares respecto a las técnicas de inserción y mantenimiento de las sondas.
  Evitar los sondajes innecesarios.
  Realizar lavado higiénico de las manos antes y después de cualquier manipulación de la sonda.
  Insertar la sonda de forma aséptica utilizando un equipo y guantes estériles.
  Fijar la sonda después de su inserción para evitar el movimiento y la tracción uretral.
  Utilizar sistemas de drenaje cerrado y evitar la desconexión entre sonda, tubo y bolsa.
  Si es necesaria la irrigación se usará un método de irrigación intermitente.
  Las muestras de orina se obtendrán por métodos asépticos.
  Se mantendrá siempre un flujo urinario constante, libre de obstáculos.
Categoría II. Adopción moderadamente recomendada:
  Reeducar periódicamente a los profesionales de la salud, paciente y familiares respecto al mantenimiento de las sondas.
  Utilizar la sonda de menor calibre posible.
  No practicar irrigación continua de la vejiga como medida antiinfecciosa de rutina.
  No realizar cuidados rutinarios del meato con desinfectantes o antimicrobianos tópicos.
  No cambiar la sonda de forma reiterada en intervalos fijos.
Categoría III. Adopción menos recomendada:
  Aislamiento de los pacientes infectados.
  Monitorización bacteriológica rutinaria.
  Considerar otras técnicas alternativas antes de recurrir a un sondaje urinario.
  Reemplazar el sistema colector cuando haya sido interrumpido el drenaje cerrado.

Las medidas que requieren consideración son:

Utilización de sondas confeccionadas con materiales hidrofílicos.
Adición de antimicrobianos a la bolsa colectora en determinadas situaciones.
Profilaxis antibiótica en grupos seleccionados de pacientes.
Descontaminación selectiva del tracto intestinal.

Medidas de control para evitar infecciones urinarias. La infección urinaria en pacientes con sonda vesical y/o instrumentación urológica es la más frecuente dentro de las infecciones hospitalarias, las complicaciones graves son poco frecuentes cuando se contemplan las medidas de control pertinentes (medidas eficaces):

Ningún paciente debe ser sondeado a menos que sea estrictamente necesario. Se debe retirar la sonda tan pronto como sea posible.
El sodaje debe ser llevado a cabo por personal entrenado y con estricta técnica aséptica.

Los aspectos más relevantes de la técnica aséptica son:

  Lavado de manos previo en forma exhaustiva (higiénico o médico).
  Higiene perineal previa, de preferencia con iodo povidona o cualquier otro antiséptico.
  Colocación de la sonda con guantes estériles.
  Uso de lubricantes estériles e hidrosolubles.
  Utilizar la sonda vesical más peque?a que cumpla con el propósito deseado para evitar traumatismos.
Todo el sistema (sonda vesical, tubuladura y bolsa colectora) debe ser estéril y permanecer cerrado (Fig. 4.21). El sistema elegido debe contar con tubo de vaciado seguro.
Las bolsas de orina y el pico de "desagote" no pueden tocar el piso. Siempre deben estar debajo del nivel de la vejiga, aun en el traslado del paciente para evitar la contaminación por reflujo. Instruir a los pacientes ambulatorios para que no lleven la bolsa colectora por encima de la vejiga.
Lavado higiénico de las manos antes y después de manipular cualquier parte del sistema (vaciamiento de la bolsa colectora, no es necesario el uso de guantes estériles. No vaciar en forma simultánea bolsas colectoras de varios pacientes).
No desconectar la unión sonda-tubuladura y obturar con tapones, ámpulas u otros aditamentos útiles para ello debido al riesgo de contaminación. Si el paciente es trasladado, llevarlo con la bolsa colectora.
Lavado de la sonda vesical como si fuera parte del propio cuerpo del paciente.
La sonda vesical se cambiará: ante infección urinaria a gérmenes no habituales (Pseudomona multirresistente, sedimento urinario anormal (mucus) y cuando se obstruye, excepto posoperatorio inmediato, por indicación médica).
En circunstancias habituales es aconsejable cambiar la sonda vesical cada 20 días. Si la sonda vesical es de silicona pura puede estar colocada hasta 2 meses.

 

Fig. 4.21. Representación del sistema cerrado de cateterismo vesical: principales puntos de contaminación. Tomado de: Stamm WE. Prevention of urinary tract infections. Am J Med, 1984.

Retiro de la sonda. Para retirar la sonda vesical (temporal o permanente) antes de realizar cualquier técnica se debe tener preparado el material que consiste en:

Fase de higiene de los genitales:
  Bandeja o carro.
  Guantes (pueden ser desechables o utilizar dediles).
  Cu?a.
  Torundas estériles de gasa.
  Toalla.
  Recipiente con agua.
  Jabón o agua jabonosa.
  Suero fisiológico (solución salina 0,9 %).
  Agua yodada o antiséptico aprobado por la institución y establecido en las normas epidemiológicas o indicado por el médico.
Fase de retirada de la sonda:
  Torundas estériles (gasa).
  Solución antiséptica.
  Jeringuilla de 10 mL.
  Recipiente de desecho (ri?onera).

El equipo accesorio es el parabán (este se incluye en ambas fases).

Procedimiento. Invariantes funcionales generales que inician el procedimiento:

Verificar la indicación médica: basado en la Historia Clínica el enfermero revisará los datos del paciente y los aspectos relacionados con la técnica que se debe cumplir.
Identificar al paciente según su esfera psicológica: se le preguntará el nombre, una vez verificado, se indagará sobre su estado de ánimo y se le explicará la técnica que se realizará y las ventajas que tendrá para su estado de salud.
Lavado de las manos: se realizará un lavado higiénico de las manos.
Preparar el material y el equipo: para evitar interrupciones durante el procedimiento y evitar molestias al paciente (incluir el parabán).

Las variantes funcionales son:

Informar al paciente del procedimiento que se le va a realizar y comentar que es más sencillo que el sondaje vesical.
Colocar el parabán.
Trasladar el equipo a la unidad del paciente.
Realizar el lavado y la desinfección de los genitales.
Conectar la jeringuilla en la válvula de la sonda.
Aspirar y sacar toda el agua que contiene el balón (así se consigue desinflar el globo).
Decir al paciente que respire lenta y profundamente (con esta medida se favorece la relajación del esfínter interno de la uretra).
Extraer con suavidad la sonda hasta retirarla completamente.
Retirar la cu?a, si es necesario proceder a la higiene y secado de la zona perineal.
Quitarse los guantes, colocarlos en el recipiente de desecho y realizar el lavado higiénico o médico de las manos.

Las invariantes funcionales generales que concluyen el procedimiento son:

Acomodar al paciente según su esfera psicológica: se le preguntará sobre alguna molestia y se le volverá a explicar los beneficios que tiene esta técnica, así como alguna duda o inquietud que tenga.
Recoger el material utilizado: trasladar al cuarto de cura o de enfermería el equipo utilizado y los accesorios.
Desechar el material no recuperable que fue utilizado.
Proceder a la limpieza del equipo y los materiales que se destinarán a la desinfección, descontaminación y esterilización.
Realizar el lavado higiénico o médico de las manos (se valorarán las condiciones del paciente, del área y de acuerdo con el pensamiento valorativo y crítico de enfermería se realizará este tipo de lavado de las manos).
Anotar en la Historia Clínica el cumplimiento de la indicación: para que quede constancia de la acción ejecutada.

Principios científicos aplicables al retiro de la sonda vesical. El profesional de enfermería además de los principios científicos que aparecen al final de la técnica de cateterismo vesical considerará antes, durante y después del procedimiento del retiro de la sonda vesical que:

La excreción de la orina normalmente es una función independiente del adulto.
Siempre existen microorganismos en la superficie externa del organismo, en las cavidades y conductos que tienen comunicación directa con el exterior.

Las dificultades al retirar la sonda vesical permanente son:

Adherencias de arenillas en el extremo de la sonda. Si al intentar la extracción suave de la sonda vesical comprobamos esta complicación, se avisará al urólogo.
Dificultad para vaciar el globo. En esta caso las posibles soluciones son:
  Si la válvula está estropeada se cortará.
  Si la luz del globo se ha bloqueado se intentará mediante técnica aséptica pinchar la luz y extraer la solución.
 
Se introducirá de 2 a 3 cm de éter sulfúrico (o cualquier otra solución indicada por el médico) por la vías del globo, luego de haber llenado la vejiga.

Instilación vesical

Es la acción de administrar un líquido gota a gota. El término vesical es referente a la vejiga; por consiguiente la instilación vesical es la introducción de una peque?a cantidad de solución (agua estéril o medicamentosa) en la uretra a través de una sonda.

Objetivos:

Mantener la permeabilidad del sistema de drenaje.
Extraer coágulos después de una cirugía de vejiga, ri?ón y otros.
Obtener efectos terapéuticos y paliativos.

Precauciones:

Administrar el medicamento a temperatura ambiente para evitar los espasmos vesicales.
Introducir lentamente la solución para evitar traumas o irritaciones.

Equipo:

Bandeja o carro.
Cubeta con tapa.
Jeringuilla estéril de 20 a 50 mL.
Recipiente estéril.
Solución antiséptica.
Solución indicada por el médico (medicamento).
Torundas estériles (gasa).
Guantes estériles.
Hule o sábana tirante.
Pinza estéril protegida o montada.
Recipiente de desecho (ri?onera).

El equipo accesorio es el parabán.

Procedimiento. Invariantes funcionales generales:

Verificar la indicación médica: basado en la Historia Clínica el enfermero revisará los datos del paciente y los aspectos relacionados con la técnica que se debe cumplir.
Identificar al paciente según su esfera psicológica: se le preguntará el nombre, una vez verificado, se indagará sobre su estado de ánimo y se le explicará la técnica que se realizará y las ventajas que tendrá para su estado de salud.
Lavado de las manos: se realizará un lavado higiénico o médico de las manos (se valorarán las condiciones del paciente, del área y de acuerdo con el pensamiento valorativo y crítico de enfermería se realizará este tipo de lavado de las manos).
Preparar el equipo: para evitar interrupciones durante el procedimiento y evitar molestias al paciente (incluir el parabán).

Las variantes funcionales son:

Colocar el parabán.
Trasladar el equipo a la unidad del paciente.
Poner al paciente en la posición indicada: el hombre en decúbito supino y la mujer en decúbito supino con las rodillas ligeramente flexionadas y separadas.
Colocar el hule, la sábana tirante y el recipiente entre las piernas del paciente.
Evacuar la vejiga si no tiene sonda permanente.
Realizar el lavado higiénico o médico de las manos.
Colocarse los guantes estériles.
Desconectar la sonda del equipo colector y proteger su extremo con una torunda estéril, limpiar el extremo distal del catéter con una solución antiséptica y desechar las torundas utilizadas en esta operación.
Cargar la jeringuilla con la solución indicada por el médico y comenzar a instilar el medicamento lentamente, cierre la sonda con la pinza protegida o montada, durante 15 a 30 min, abrir nuevamente el catéter y esperar a que fluya la sustancia (solución) instilada.
Limpiar el extremo de la sonda y conectarla de nuevo al frasco o bolsa colectora.
Quitarse los guantes, colocarlos en el recipiente de desecho y realizar el lavado higiénico o médico de las manos.

Las invariantes funcionales generales que concluyen el procedimiento son:

Acomodar al paciente según su esfera psicológica: se le preguntará sobre alguna molestia y se le volverá a explicar los beneficios que tiene para su estado de salud esta técnica, así como alguna duda o inquietud que tenga.
Recoger el material utilizado: trasladar al cuarto de cura o de enfermería el equipo utilizado y los accesorios.
Desechar el material no recuperable que fue utilizado.
Proceder a la limpieza del equipo y los materiales que se destinarán a la desinfección, descontaminación y esterilización.
Realizar el lavado higiénico o médico de las manos (se valorarán las condiciones del paciente, del área y de acuerdo con el pensamiento valorativo y crítico de enfermería se realizará este tipo de lavado de manos).
Anote en la Historia Clínica el cumplimiento de la indicación: para que quede constancia de la acción ejecutada.

Principios científicos aplicables a la instilación vesical. El profesional de enfermería además de los principios de la técnica de cateterismo vesical considerará antes, durante y después del procedimiento de la instilación vesical que:

Siempre existen microorganismos en la superficie externa del organismo y en las cavidades y conductos que tienen comunicación directa con el exterior.
Si se contamina la porción de la sonda que va a ser introducida en el enfermo, puede ocasionarle una infección en la vejiga que normalmente es una cavidad estéril.

Irrigación y lavado vesical

La irrigación es la acción de lavar un cuerpo, una cavidad o una herida con una corriente de agua u otro líquido. El lavado es la irrigación de un órgano o cavidad, o sea, que desde el punto de vista vesical, se puede definir que la irrigación o lavado vesical es el lavado de la vejiga con una corriente de agua u otro líquido, que casi siempre se indica por obstrucción uretral.

Esta técnica siempre se trata de evitar, a menos que sea absolutamente necesaria y bajo prescripción médica. Se emplea en el bloqueo de la sonda debido a la presencia de coágulos después de una cirugía vesical o prostática.

Es preferible utilizar una sonda de 3 vías para estos pacientes y así evitar la necesidad de desconectar la sonda y reducir el riesgo de infección.

Equipo:

Jeringuilla de 50 o 60 mL tipo Toomey (si no está disponible, se puede emplear de 20 mL).
Solución salina 0,9 % (suero fisiológico) o agua estéril.
Ri?onera o cubeta estéril.
Hule o sábana tirante.
Torundas estériles (gasa).
Solución antiséptica.
Guantes estériles.
Recipiente de desecho (ri?onera).
Como equipo accesorio se utiliza el parabán.

Procedimiento. Invariantes funcionales generales que inician el procedimiento:

Verificar la indicación médica: basado en la Historia Clínica el enfermero revisará los datos del paciente y los aspectos relacionados con la técnica que se debe cumplir.
Identificar al paciente según su esfera psicológica: se le preguntará el nombre, una vez verificado, se indagará sobre su estado de ánimo y se le explicará la técnica que se realizará y las ventajas que tendrá para su estado de salud.
Lavado de las manos: se realizará un lavado higiénico o médico de las manos (se valorarán las condiciones del paciente, del área y de acuerdo con el pensamiento valorativo y crítico de enfermería se realizará este tipo de lavado de las manos).
Preparar el equipo: para evitar interrupciones durante el procedimiento y evitar molestias al paciente (incluir el parabán).

Las variantes funcionales son:

Colocar el parabán.
Trasladar el equipo a la unidad del paciente.
Poner al paciente en la posición indicada: el hombre en decúbito supino y la mujer en decúbito supino con las rodillas ligeramente flexionadas y separadas.
Colocar el hule y la sábana tirante bajo las caderas del paciente.
Realizar el lavado higiénico o médico de las manos.
Colocarse los guantes.
Realizar la antisepsia de la conexión sonda-tubuladura.
Colocar la ri?onera o cubeta estéril debajo de la conexión.
Cargar la jeringuilla con la solución salina o el agua estéril (aproximadamente 30 mL).
Desconectar cuidadosamente la sonda del tubo, asegurarse que ambos extremos del tubo y de la sonda estén protegidos con un tapón o gasa estéril.
Introducir la jeringuilla en el extremo de la sonda (sin que entre aire) y suavemente inyectar la solución salina o el agua estéril.
Retirar la jeringuilla y dejar que la solución drene en la ri?onera.
Si el líquido no sale, conectar la jeringuilla y aspirar suavemente. También se puede intentar movilizar al paciente rotándolo. Se puede intentar este procedimiento 2 veces más, siempre tratando de no lesionar y ante cualquier inconveniente avisar al médico.
Conectar la sonda-tubuladura con técnica aséptica.
Quitarse los guantes, colocarlos en el recipiente de desecho y realizar el lavado higiénico o médico de las manos.
Si el lavado se debe repetir, se utiliza un nuevo equipo y extraer nuevamente la solución del frasco.

Las invariantes funcionales generales que concluyen el procedimiento son:

Acomodar al paciente según su esfera psicológica: se le preguntará sobre alguna molestia y se le volverá a explicar los beneficios que tiene para su estado de salud esta técnica, así como alguna duda o inquietud que tenga.
Recoger el material utilizado: trasladar al cuarto de cura o de enfermería el equipo utilizado y los accesorios.
Desechar el material no recuperable que fue utilizado.
Proceder a la limpieza del equipo y los materiales que se destinarán a la desinfección, descontaminación y esterilización.
Realizar el lavado higiénico o médico de las manos (se valorarán las condiciones del paciente, del área y de acuerdo con el pensamiento valorativo y crítico de enfermería se realizará este tipo de lavado de las manos).
Anotar en la Historia Clínica el cumplimiento de la indicación: para que quede constancia de la acción ejecutada.

Principios científicos aplicables a la irrigación o lavado vesical. El profesional de enfermería, además de los principios científicos que aparecen al final de la técnica de cateterismo vesical considerará antes, durante y después del procedimiento de la irrigación o lavado vesical que:

Siempre existen microorganismos en la superficie externa del organismo y en las cavidades y conductos que tienen comunicación directa con el exterior.
Si se contamina la porción de la sonda que se debe introducir en el enfermo, puede ocasionar una infección en la vejiga que normalmente es una cavidad estéril.

Consideraciones finales

Alrededor de 40 % de todas las infecciones nosocomiales son infecciones del tracto urinario, de estas, alrededor de 75 % están relacionadas con la instrumentación urológica, o sea, la colocación de un catéter en la vejiga.

La prevención de estas infecciones es un desafío para el equipo de enfermería y otros profesionales relacionados con el cuidado del paciente.

Siempre deben seleccionarse los catéteres de tama?o más peque?o que drenan en la vejiga, se insertarán en forma suave para evitar lesión y en condiciones de esterilidad para prevenir la introducción de microorganismos en el sistema urinario. Un vez que el catéter permanente se ha insertado, debe mantenerse un sistema de drenaje absolutamente cerrado; se proporcionarán cuidados especiales para evitar la tensión sobre el catéter y el acodamiento de los tubos que obstruyan el paso del líquido urinario. Nunca deben sujetarse a las ropas de cama, pueden ocasionar una extracción accidental del catéter o un tironeo innecesario cuando el paciente se mueve en la cama; se debe fijar con cinta adhesiva (esparadrapo) al cuerpo del paciente.

Los hombres encamados (postrados en cama) pueden tener el catéter fijado al abdomen para evitar la presión en la unión del pene y el escroto.

Las bolsas de entubamiento y colección (bolsas colectoras o sistemas colectores) deben ser colocadas de modo que permitan el movimiento de gravedad continuo del flujo urinario. Las bolsas colectoras siempre deben colocarse por debajo del nivel de la vejiga para evitar el retorno de la orina; por esta razón nunca debe ser invertida, lo que es especialmente importante cuando el paciente está colocado en determinada posición, transportado fuera de la cama o en la camilla.

El catéter no se debe irrigar o cambiar por rutina. La mayoría de los profesionales concuerdan en que solo se debe cambiar si están obstruidos, si se sospecha contaminación o si se observa mal funcionamiento. Cuando se vacía la bolsa colectora se debe extremar el cuidado para evitar la contaminación del pico.

El cuidado del paciente también debe incluir las áreas vecinas al meato urinario al menos 2 veces al día o más si fuera necesario; debe higienizarse cuidadosamente el área genital con agua y jabón y secarla por completo. Las costras y secreciones que se encuentran alrededor del catéter se eliminan con torundas estériles (preferiblemente algodón para evitar irritación) aplicando una solución antiséptica. Estas medidas reducirán la posibilidad de infección y garantizarán confort al paciente, se eliminan olores desagradables y la irritación.

Debido a los peligros siempre presentes de infecciones en el tracto urinario, las indicaciones de rutina sobre la cateterización para el alivio de la distensión vesical deben evitarse y en su reemplazo se considerarán las relativas a los catéteres permanentes.

La cateterización después de una cirugía no resulta necesaria si se emplean otras medidas para reducir la micción. Los pacientes que requieren cuidado continuo por la incontinencia o incapacidad para orinar normalmente responden favorablemente a medidas distintas de la cateterización permanente, como el drenaje preservativo, la cateterización de drenaje suprapubiano y en algunos pacientes cuidadosamente seleccionados la autocateterización.

La cateterización o sondaje vesical, la instilación vesical y la irrigación o lavado vesical son técnicas de enfermería que responden a la necesidad humana de eliminación urinaria. En la acción cooperativa, entre los profesionales de enfermería, el paciente, los familiares y el equipo multidisciplinario de salud, estará el éxito de su aplicación para los diferentes fines o propósitos que se indican.

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