Oftalmología
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Historia de la oftalmología en Cuba
Prefacio
Introducción
La oftalmología en la antigüedad
La oftalmología en Cuba antes del siglo XX
La oftalmología en Cuba desde el siglo XX hasta inicios del siglo XXI
Referencias bibliográficas

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LA OFTALMOLOGIA EN CUBA DESDE EL SIGLO XX HASTA INICIOS DEL SIGLO XXI

Terminada la guerra e instituida la nueva república, la sanidad se organizó dentro de las dependencias de la Secretaría de Gobernación, hasta 1910 que deja de serlo para convertirse en secretaría independiente, lo que ocurrió en Cuba antes que en otro país del mundo.

A la Academia de Ciencias regresan algunos de sus miembros como José Rafael Montalvo, 97 y otros que estuvieron sumidos en la lucha emancipadora, en la que Cowley Odero perdió la vida y pasó a la historia como el primer académico con esa condición. 182 La cuota de médicos mártires en la última guerra de independencia cubana fue de 14 médicos en la guerra de 1895.

En la etapa de la república burguesa, después de dos años de intervención directa de Estados Unidos, comenzaron a notarse cambios en distintas esferas del país, sobre todo en cuanto a las relaciones internacionales y también en la esfera de las ciencias, de la salud y educación. La universidad cambió sus planes de estudio y quedó establecido por largo tiempo el Plan ?Varona?. Se mantuvieron los sistemas de salud privado, mutualista y estatal, este último muy escaso de recursos por la pasada guerra de independencia y el abandono de la metrópoli española a los servicios de salud.

En 1900 se funda la Revista de Medicina Tropical, primera revista médica de la etapa de la república, por los doctores Juan Guiteras Gener y Emilio Martínez Martínez, destacados salubristas.

En 1901 se celebró, en el Teatro Nacional de La Habana el Tercer Congreso Médico Panamericano, presidido por el Gobernador Militar Interventor, Leonard Wood, quien fue nombrado ese año como Académico Emérito en la Academia de Ciencias de Cuba. En 1902 se llevó a cabo en La Habana el Congreso Sanitario Internacional. 138

A inicios de ese siglo, fueron abriéndose algunos servicios de oftalmología en grandes centros médicos mutualistas, casi siempre en relación con sociedades de origen español.

En 1903 se le ofrece a López Veitía la plaza de oftalmólogo de ? La Quinta de Dependientes ? , hoy Hospital ?10 de Octubre?, que ocupa solo por dos años, 1905-06. En 1904 se gradúa de doctora en medicina Luisa Pardo Suárez quien fuera una de las tres profesoras de la Facultad de Medicina que hubo antes de 1960 en dicha facultad y la primera mujer en ocupar un puesto docente. Esto demuestra que la liberación de prejuicios, hábitos y atraso en costumbres en contra de los derechos de la mujer no se eliminaron completamente en la república liberal burguesa.

En 1905 se celebró el Primer Congreso Médico Nacional Cubano, donde presentaron trabajos Santos Fernández, Enrique López, Jorge Dehogues y Carlos Eduardo Finlay Shine, este último con el tema ?Consideraciones sobre 400 operaciones de extracción de catarata?.

En 1906 se funda la Cátedra de ?Enfermedades de los Ojos con su Clínica? en el Hospital ?Nuestra Señora de las Mercedes?, ?, asiento de la enseñanza de la medicina de la universidad habanera. Fue su primer profesor titular el doctor Carlos Eduardo Finlay Shine, quien ocupó la jefatura de la cátedra por más de treinta años.

La Academia de Ciencias continuó su labor científica y publicitaria con más bríos. Su membresía siguió aumentando e integraron la misma destacadas personalidades, que realzaron su nivel científico.

En 1908 el doctor Valdés Anciano presentó a la Academia los trabajos del sabio español Santiago Ramón y Cajal. 183

Algunos oftalmólogos integraron las filas de la Academia de Ciencias y la presidieron, como fue el doctor Santos Fernández en dos períodos, desde 1897 a 1899 y luego desde 1901 a 1922. 184-186 También su sobrino, el doctor Francisco María Fernández Hernández ocupó la presidencia, de 1929 a 1934, por lo que se puede decir que prácticamente la tercera parte de los años de existencia de la Academia de Ciencias, antes de 1959, estuvo presidida por un oftalmólogo.

Santos Fernández se destacó, entre otras muchas cosas, por sus donaciones 187 y por los discursos de homenaje que dedicó a diferentes figuras destacadas del país, sobre todo en medicina, los que permiten hoy conocer con más detalles sobre la historia de los colegas que nos antecedieron. 72,96,99,135,139,188-191 Sobre Santos Fernández también quedó mucho escrito por sus contemporáneos o sucesores. 184,192-194

Anteriormente Nicolás Gutiérrez, primer presidente de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, había rendido tributo a los profesionales cubanos de esa forma y con su obra sobre la historia de la medicina en Cuba. 195 En el primer cuarto del siglo XX Santos Fernández, publicó además sobre aspectos sociales y médicos, no sólo en relación con la oftalmología, sobre todo en los últimos años de su vida. 196-202

En 1910 se fundó el Colegio Médico Cubano, cuyo discurso de inauguración tuvo a su cargo Santos Fernández. 203 Este Colegio había estado precedido por la Federación Médica de Cuba.

En su obra ?Contribución de los oculistas cubanos al progreso de la oftalmología? 16 Horacio Ferrer nombra, trabajando como oftalmólogos en Cuba, avanzado el siglo XX, a Manuel Altunaga; Díaz Brito y Agustín Abril; Martínez Ferro, Pedro Lamothe, Luis Fernández, Lorenzo Comas, en Oriente; el doctor Isidro Herrán en Camagüey; López Silverio en Cienfuegos; Salas en Santa Clara y Escoto, en Matanzas.

En 1911 se llevó a cabo el Segundo Congreso Médico Cubano. Se presentaron trabajos de oftalmología por Santos Fernández y Carlos Eduardo Finlay entre otros, este último con el tema ?Consideración sobre una segunda serie de operaciones de catarata? que elevó las experiencias presentadas a 800 pacientes. Santos Fernández presidió el Congreso de la Prensa Médica en Cuba celebrado junto con ese Congreso Médico Cubano.

En ese primer cuarto del siglo XX, se reconocieron como destacados y consta así en placa de reconocimiento colocada en el Pabellón de Ojos ?Santos Fernández?, del Hospital ?General Calixto García? los oftalmólogos, Enrique López Veitía, Carlos Eduardo Finlay Shine, Jorge Dehogues Michelena y Francisco M. Fernández Hernández. También destacaron posteriormente los doctores, Raymundo Menocal, llamado príncipe de la cirugía, muy diestro en este menester; Mariano Penichet de los Reyes, Álvarez Guanaca, Antón Lutz, Vicente Gómez, que era además especialista de garganta, nariz y oídos y tuvo especial dedicación al diagnóstico precoz del glaucoma y las enfermedades del nervio óptico; José Morón en Santiago de Cuba, diseñó una operación para corregir el entropión, que publicó en 1923. Rodolfo Guiral Viondi, creó múltiples instrumentos quirúrgicos y escribió, en 1916, el libro ?Nociones de Oftalmología para Médicos Generales? y en 1920 el ?Compendio de Cirugía Ocular?, 205 además de un interesante folleto ?Diagnóstico diferencial de la conjuntivitis granulomatosa? en 1913, sobre tracoma, conjuntivitis primaveral y folicular. En 1917 ya se había fundado la Asociación Cubana de Oftalmo-Otorrino-Laringología, dada la relación entre esos sistemas anatómicos y la dedicación que muchos médicos hicieran a ambas especialidades a la vez, 204 siguiendo la costumbre americana.

Carlos Eduardo Finlay Shine 206 fue un famoso oftalmólogo, hijo de Finlay Barré, y sobresaliente por sus propios méritos (Fig.54). Nació en 1868 y se graduó de Doctor en Medicina en la Universidad de Columbia de Nueva York en 1889, donde comenzó su especialización en oftalmología, en el servicio que fue dirigido por el oftalmólogo alemán Hermann Knapp. En 1893 se había graduado de Licenciado en Medicina y Cirugía en La Habana y allí alcanzó el grado de Doctor, en 1900, lo que también hizo en La Habana.

Fig.54. Carlos Eduardo Finlay Shine.

Desde 1894 impartió docencia en la especialidad mediante cursos en el Hospital ?San Francisco de Paula? y brindó asistencia en el Centro Gallego de La Habana y ?La Quinta de Dependientes?. Este tipo de trabajo y su movimiento a las provincias cercanas, para atender enfermos, le facilitó el trabajo revolucionario clandestino entre 1895 y 1898, lo que llevó a cabo con el seudónimo de El Monje.

En 1889, al crearse la Escuela de Enfermería del Hospital ?Nuestra Señora de las Mercedes?, se desempeñó como profesor de la asignatura ?Enfermedades de los Ojos?, en la cual su nombramiento como especialista fue ratificado en 1900. Dio un curso libre sobre la misma materia en 1904 y al año siguiente fue designado como profesor del curso complementario de esa especialidad. Ganó por oposición la recién creada Cátedra de Enfermedades de los Ojos y su Clínica frente al doctor Jorge Dehogues, en 1907. Más tarde impartió la asignatura Óptica Práctica, en la escuela de optometría. Años más tarde fue acompañado en la Cátedra de Oftalmología por el doctor Jesús Mariano Penichet, como Profesor Auxiliar, y por Ernesto Ramírez Meléndez, como Profesor Agregado.

Finlay Shine ingresó como Académico de Número en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, en 1906, la que recoge en el índice de sus Anales 14 trabajos presentados por él con los números de registro 1 919 al 1 932. Fue miembro de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, miembro de la American Ophthalmology Society en 1927, instructor del College of Physicians and Surgeous de la Universidad de Columbia en Nueva York, y del Presbyterian Hospital; miembro de la Sociedad Mexicana de Oftalmología, en 1925; Honorary Fellow del Gorgas Society Louisiana Staten University Medical School, en 1938; vicepresidente de la American Public Health Association, en 1941.

Mediante su concurso y el de otros profesionales, en 1927 se recibió la visita en Cuba y en la Academia, del restigioso oftalmólogo Charles May, de la Universidad de Columbia, donde Finlay Shine y luego Francisco María Fernández estudiaron la carrera. 207,208 Por su oposición al régimen de Gerardo Machado, Finlay Shine tuvo que emigrar y se instaló en Nueva York, donde ocupó cátedra de Oftalmología en Columbia, la misma universidad que lo formó. Allí trabajó también en el Instituto Oftalmológico Presbiteriano; desde Nueva York siguió conspirando contra el tirano Gerardo Machado.

Durante el gobierno revolucionario de los 100 días, presidido por el profesor universitario y miembro de la Academia de Ciencias, doctor Ramón Grau San Martín, Antonio Guiteras Holmes y otros hombres del Directorio Estudiantil Universitario, en septiembre de 1933, Finlay Shine ocupó la Secretaría de Sanidad y Beneficencia de Cuba.

En 1934 fue electo Decano de la Facultad de Medicina, después Rector y en 1943 fue nombrado como Profesor Emérito. Fueron ascendidos entonces los profesores Penichet y Ramírez y ganó la plaza de agregado que quedó vacía el doctor Miguel A. Branley.

Constante trabajador a quien lo caracterizó la honestidad en los resultados científicos de su trabajo y su amor por la investigación. Tradujo el compendio de Oftalmología de Charles May, que tuvo su primera edición en 1900 y que tantas generaciones de oftalmólogos tuvieron como texto básico, en sus múltiples ediciones.

Finlay Shine publicó su experiencia en la cirugía de catarata de 2 000 pacientes, en 1928. Escribió un libro propio de oftalmología para los estudiantes de la cátedra, el cual revisó y amplió, para una segunda edición, con la colaboración de Tomás R. Yánez Rojas, en 1939; lo dedicó, como el primero, a los estudiantes de la recién fundada Escuela de Optometristas. 209 Ese libro nombrado ?Manual de Enfermedades de los Ojos? cuenta con 606 páginas, 274 figuras y 17 láminas a color. Sus publicaciones pasan del centenar.

Finlay Shine hizo publicar el folleto de Carlos J. Finlay Barré ?Semiología e Higiene de la vista? que también se usó para los estudiantes de la carrera de optometría. Entre sus libros destaca la biografía de su padre, ?Carlos J. Finlay y la Fiebre Amarilla?. Practicó por primera vez en Cuba las extracciones de cataratas por el proceder de Barraquer.

Jorge Dehogues Michelena, fue uno de los jóvenes talentos de la época; graduado en 1892 de Licenciado de Medicina y Cirugía y en 1900 de Doctor en Medicina. Fue director y jefe de oculística de la Policlínica del doctor López Veitía; médico oculista del Hospital Cubano del Ejército Libertador ?La Ofelia? en 1899, médico inspector de sanidad, oculista del Hospital ?Los Ángeles?, del Servicio Sanitario Municipal de La Habana, del Asilo ?San Isidro?, de la Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana, del Dispensario ?Tamayo?, del Centro Gallego y del Hospital número 1, después nombrado Hospital ?General Calixto García?. Su bibliografía abarcó variados temas de la oftalmología.210

En 1911 vino a establecerse en La Habana el doctor Anton Lutz Renggly, oculista nacido en Lucerna, Suiza; graduado en 1900 en la universidad de Zurcí y en 1908 de Doctor. Se dedicó a la neuropatología ocular y realizó importantes aportes a la neurooftalmología y a la genética de la especialidad. 211-213 Fue asistente del Hospital de niños, del Instituto Bacteriológico y de las clínicas oftalmológicas de Zurcí, Tubingen y Breslau. Revalidó sus títulos en Cuba tres años después de graduado de Doctor en Medicina y trabajó en el Dispensario ?Tamayo?, y en las Sociedades ?La Bondad? y la del Centro de Dependientes, en La Habana. Formó familia en Cuba donde quedó para siempre.

Entre los más destacados oftalmólogos de ese tiempo estuvo el doctor Francisco María Fernández Hernández, nacido en 1886, infatigable trabajador como Juan Santos Fernández, primo hermano de su padre (Fig. 55). Se graduó de doctor en Medicina en la Universidad de Columbia, Nueva York, en 1908 e hizo la reválida en Cuba. Oculista del Centro Castellano, del Centro Gallego, de la Asociación Canaria, del Hospital Nacional de Dementes, del Hospital ?Hijas de Galicia? y jefe de la clínica de Santos Fernández. 214—218

Fig.55. José María Frenández Hernández

En 1912, como miembro del Partido Liberal, fue electo Representante a la Cámara, posición que ocupó hasta 1921. Profesor Auxiliar interino de la Cátedra de Enfermedades de los Ojos, en 1921 y en propiedad en 1922 hasta 1926 en que toma posesión de la Secretaría de Sanidad, donde desarrolló una encomiable labor como salubrista e higienista.

Durante su cargo de Secretario de Sanidad y Beneficencia, mejoró las condiciones del ya nombrado Hospital ?General Calixto García? y reconstruyó gran parte de sus pabellones. Fundó o creó las bases para múltiples instituciones de salud, como el Instituto del Cáncer, en 1929, el Hospital Antituberculoso ?La Esperanza?, la Escuela de Sanitarios, el Instituto ?Finlay?, la sala de ojos ?Santos Fernández? del Hospital ?General Calixto García? y otras dependencias de salud. Introdujo la pasteurización de la leche, e inició campañas contra el parasitismo intestinal. Secretario de la Sociedad de Oftalmo-otolaringología, secretario general de los congresos médicos nacionales tercero, cuarto, quinto y sexto en los años de 1914, 1917, 1921, 1924 y presidente del séptimo; en 1927, Secretario del Buró Sanitario Panamericano en Washington. Miembro de múltiples asociaciones médicas nacionales e internacionales. Fundó y trabajó en varias revistas nacionales e internacionales de la especialidad, entre ellas la Revista Cubana de Oftalmología, la que fundó en 1919 y la Crónica Médica Quirúrgica de La Habana, que dirigió después de la muerte de Santos Fernández. Escribió y publicó más de 500 artículos. 214

Fue Académico de Número, en 1921, de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana; su tesorero desde 1923 a 1926; vicepresidente de 1926 a 1929 y presidente de 1929 a 1934. Miembro Corresponsal de la Academia de Medicina de Nueva York. Presidente de la Asociación Médica Panamericana de La Habana, en 1929; de Panamá, en 1930; y de México, en 1931. Miembro de la Academia Americana de Oftalmología, de la Societé d´ Ophthalmologie Francaise, de la Sociedad Mexicana de Oftalmología y de la Sociedad Española de Oftalmología. Miembro de la Sociedad de Medicina de París, de la Academia de Historia Internacional y de la Sociedad Médica Francesa Ibero-Americana.

Por su trabajo ?Estrabismo y su tratamiento? ganó el premio ?Cañongo? de la Academia de Ciencias, 216 en 1917 y múltiples títulos y condecoraciones más. Donó la biblioteca de su tío y algunas piezas de oftalmología consideradas de museo. Dio el nombre de este a la sala de oftalmología del Hospital ?General Calixto García? y tradujo el libro ?Oftalmología Tropical? de Elliot, en 1922, 219 y un folleto de Higiene Ocular en ese propio año.

Para Horacio Ferrer, el doctor Francisco María Fernández Hernández fue el oftalmólogo que más se destacó en la especialidad después de Santos Fernández. 16

Fue Secretario de Estado interino en tres ocasiones, 1928- 30 y en propiedad en 1930 y 1931, a lo que renunció para ingresar en el Congreso Cubano como senador por Matanzas. A pesar de su intenso trabajo científico, su participación en el gobierno de Machado, le restó en su vida pública. Al caer ese tan represivo gobierno en que había trabajado. Se retiró a vivir a Estados Unidos donde falleció debido a una enfermedad vascular aguda, en 1937. Sus restos descansan en la Necrópolis de Colón, en La Habana.

En 1914 se celebra el Tercer Congreso Médico Cubano, donde se exponen varios trabajos de Santos Fernández, Jorge Dehogues, Manuel Altunaga, Francisco María Fernández y Carlos Eduardo Finlay.

En 1917 se celebró el Cuarto Congreso Médico Cubano y entre los trabajos presentados por Santos Fernández estuvo la ponencia ?Criterios que deben de regir actualmente en la operación de cataratas?. Participaron también como ponentes Finlay Shine, que expuso sobre el tracoma y Antón Lutz. En el Quinto Congreso se expuso una ponencia sobre la sífilis ocular, por A. de la Herrán.

En 1919 se funda, la Revista Cubana de Oftalmología, por Francisco María Fernández Hernández, con el apoyo de Santos Fernández. Esa revista comenzó a editarse en enero de 1919; tuvo una frecuencia semestral. Su director fue Francisco M. Fernández y su secretario Jesús M. Penichet. Su valor era de 6 pesos oro por año. Sobre oftalmología, editadas en español antes que ella, solo existían los Archivos de Oftalmología Hispano Americana y la Revista España Oftalmológica.

La Revista Cubana de Oftalmología estuvo muy bien estructurada y respaldada internacionalmente, por el prestigio que en el mundo tenía Santos Fernández y la oftalmología cubana. Contenía, índice, Prefacio, Sección biográfica, artículos o trabajos originales, notas de redacción con noticias importantes, reproducciones o extractos bibliográficos de las principales revistas del mundo en oftalmología, sobre todo, francesas, españolas, americanas, inglesas y japonesas; sesión de libros nuevos y lo presentado en congresos internacionales.

Esta publicación lograba mantener actualizado a sus lectores en la materia. Estuvieron representados en ella 20 países con uno o más miembros como colaboradores fijos de la revista, la que se distribuía a los suscriptores cubanos y en el extranjero. Uno de los principales colaboradores fue H. V. Wurdemann, fundador de la revista Ophthalmology, en Washington. Fueron los colaboradores cubanos de esa revista: J. Santos Fernández, Carlos E.Finlay, J. M. Penichet, Jorge L. Dehogues, Vicente Gómez, P. Lamothe, R. Guiral, S. Álvarez Guanaga, José D. González, S. Díaz Brito, E. Fontanills, A. C. Portocarrero, Antonio Frías, Miguel Antuna, Juan F. Tamargo, M. Masforroll, Lorenzo Comas, F. Martínez Ferrer, J. P. Sánchez Silveira y Horacio Ferrer.

Horacio Ferrer Díaz nació en 1876 en la provincia de Matanzas (Fig. 56). Fue un destacado oftalmólogo, patriota e higienista, 220 que jugó un papel destacado en la historia de Cuba, por su actividad combativa en el derrocamiento de la metrópoli española y muchos años más tarde en el de la dictadura de Gerardo Machado.

Fig.56. Horacio Ferrer Díaz.

Al estallar la guerra de 1895 Ferrer parte al campo de batalla, cuando era un estudiante de medicina, y sirvió en Camagüey con las fuerzas del Mayor General Máximo Gómez. Durante un combate Horacio Ferrer fue herido gravemente por una bala que le destrozó el maxilar inferior, dejando en su cara, para siempre, una gran cicatriz.

Por esa herida tuvo que ser evacuado a Nassau y de ahí a Nueva York donde fue operado. Al restablecerse se incorporó de nuevo al combate bajo las órdenes del General Carlos Roloff. Culminó la guerra con los grados de comandante del Ejercito Libertador. Termina entonces de estudiar la carrera de medicina en 1901 y trabaja como médico en el campo, luego como inspector médico a las órdenes del doctor Carlos J. Finlay Barré y después como médico militar.

En el ejército trabajó como oftalmólogo e higienista, organizando la sanidad militar, con su primer jefe nacional, el doctor Martín Marrero, coronel de la guerra de independencia y después de la república, como Ferrer. En ese cuerpo alcanzó las más altas condecoraciones militares y científicas conocidas en Cuba y otras por la Cruz Roja Española. Sobre esas etapas de su vida escribe su hermoso libro ?Con el rifle al hombro Se incorporó al ejército de la república como teniente médico, retirándose voluntariamente con los grados de coronel, en 1928. Después de retirarse del ejército, se dedica de lleno a la oftalmología, en la que había ido adquiriendo gran fama, en tiempos en que el General Gerardo Machado maniobraba de forma fraudulenta para continuar en el poder por cinco años más, contando con el pleno apoyo de los Estados Unidos.

La crisis económica, los desmanes y la represión contra el pueblo por el gobierno de Machado fueron tan grandes que se provocó un gran movimiento de masas contra ese gobierno. Es entonces que se le sugiere a Machado, por los norteamericanos, que entregue el mando a uno de los representantes de su gobierno, con la amenaza de Estados Unidos de retirarle su apoyo y la insinuación de una posible intervención militar si se negaba, a pesar de lo cual Machado no quiso dejar el poder de inmediato.

No obstante su retiro del ejército, Ferrer tomó partido para acabar con la dictadura machadista a lo que contribuyó promoviendo la desobediencia del ejército que hasta ese momento había respaldado a Machado. Esto lo hizo con el Coronel de la Independencia Julio Sanguily Echarte, jefe de la aviación y descendiente directo del famoso general de la guerra de independencia de 1868 Julio Sanguily Garrit, a quien Ignacio Agramonte rescatara de las manos enemigas en un acto de táctica y arrojo increíble.

Ello se materializó con la rebeldía de las guarniciones de La Habana y Columbia, lo que ayudó, aunque tardíamente, a la caída del tirano, el 12 de agosto de 1933. Este levantamiento sorprendió al embajador norteamericano, Sumner Welles en Cuba, quien tenía decidido fuera el General Herrera, jefe del ejército de Machado, quien sustituyera al dictador. A pesar de las amenazas de intervención americana Sanguily y Ferrer se enfrentaron a las decisiones de Welles aduciendo que los sublevados querían de presidente a un hombre de manos limpias y de ser posible apolítico. También se opusieron a las maniobras para que Herrera fuera designado presidente provisional y a permitir la fuga de Machado del país, como sucedió después, al ser violadas las órdenes dadas al respecto en el aeropuerto militar.

La parte del ejército sublevada días antes propuso a Horacio Ferrer como aspirante a la Presidencia de la República, lo que el Mayor General Andrés García Menocal, jefe del partido político al cual Ferrer pertenecía, apoyó, pero Ferrer difirió.

La designación de una junta mediatizada, formada por la oposición burguesa, no se hizo esperar, aunque orquestada por Estados Unidos. La decisión recayó en Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, hijo del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes y López del Castillo. Este personaje si satisfacía la idea que tenían el gobierno y el embajador de Estados Unidos Sumner Welles con el fin de formar un nuevo gobierno en Cuba que sustituyera a Machado en futuras elecciones. Trataron de imponer un representante de sus intereses pero los obreros y masas enardecidas se hacían fuertes e identificaban al gobierno de Estados Unidos como el culpable directo de tanta pobreza, por el saqueo que hacían del país. Los norteamericanos creían que Céspedes Quesada sería un hombre manejable que permitiría resguardar y hasta mejorar la dominación económica que ellos ejercían en Cuba. 221

Con la caída del tirano, por la participación popular que paralizó al país en una huelga general indefinida, los Estados Unidos trataron de colocar, en el gobierno de mediación designado, hombres de su entera confianza para controlar y reprimir el estallido de las masas populares. Por ello fue escogido Demetrio Castillo Pokorni como Secretario o Ministro de Guerra, lo que fue un completo fracaso para la junta, por la vinculación al anterior régimen que se le reconocía a Castillo Pokorni.

En medio del caos que reinaba en el país y tomando en consideración el poco reconocimiento del grupo de la junta de mediación por el pueblo, debido a su falta de prestigio y por representar los intereses de la oligarquía, Ferrer fue designado para esa secretaría. Para ello se tomó en consideración su trayectoria antimachadista y su intervención directa en el levantamiento, junto con Julio Sanguily, que en ese momento se encontraba enfermo. La designación de Horacio Ferrer para constituir el gobierno de Céspedes, como Secretario de Guerra, se hizo tratando con ello de detener el descalabro del ejército, que era ya inevitable y calmar los clamores del pueblo que querían un gobierno antimachadista. 221 Pero eso no sucedió así, sino más bien fue desafortunada su designación, pues a pesar de su prestigio entre el ejército y su destacada labor de conspiración contra Machado, se le acusó de querer disminuir el salario de las tropas y dictar licenciamientos masivos, lo que si había tratado de hacer, años antes, uno de sus subordinados. Ese asunto de salarios y despidos masivos, en medio de la grave crisis económica reinante en esos momentos, aunque desmentido por él, contribuyó en buena medida al levantamiento de sargentos y soldados del ejército, contra los oficiales de carrera, del que se hizo líder el sargento Fulgencio Batista. Este más tarde se adueñó de la jefatura militar del país con el golpe del 4 de septiembre 221 y más tarde del control del gobierno.

Sin tomar acciones, orden, ni mando, el gobierno de Céspedes fue destituido por un movimiento revolucionario que formó una pentarquía revolucionaria para dirigir el país, la que Batista apoyó con el movimiento de los sargentos que se habían levantado contra la oficialidad. Ese nuevo gobierno de la pentarquía tenía como fuerza de base al Directorio Estudiantil Universitario y al ala izquierda del ABC, pero no al movimiento obrero.222

Ferrer tuvo participación activa otra vez tratando de evitar la nueva intervención de los marines de Estados Unidos en Cuba, como era la intención del embajador norteamericano, Sumner Welles, para obtener el absoluto poder. 221 Ferrer propuso entonces un plan donde se restituía a Céspedes al frente del gobierno, con algunos cambios, lo que después se le conoció como ?Plan Ferrer ?.

Apoyó a los oficiales de carrera sustituidos por Fulgencio Batista en el golpe de los sargentos sublevados del 4 de septiembre. Con ellos se enfrentó a las fuerzas del ejército de Batista en las instalaciones del Hotel Nacional, donde se hicieron fuertes los oficiales que apoyaban al gobierno de mediación. Ferrer fue hecho prisionero, junto a Sanguily, como uno de los jefes principales y se temió mucho por su vida, por la masacre perpetrada posterior al combate con los que levantando banderas blancas se entregaron.

Después de salvar la vida y ser liberado, Ferrer volvió a su trabajo como oftalmólogo solamente, en el que era muy reconocido, lo que continuó hasta el final de su vida, en 1960.

A él se le debe mucha de la información sobre esos hechos de la primera revolución en la historia de la República de Cuba que describió detalladamente, 221 aunque sin llegar a comprender la grandeza de ideales antimperialistas que había entre las organizaciones obreras y comunistas, las más radicales que dirigían el movimiento de rebeldía popular contra el tirano.

En 1923 Ferrer había ingresado a la Academia de Ciencias como Académico de Número con su discurso ?Contribución de los oculistas cubanos al progreso de la oftalmología?; además hizo casi dos decenas de presentaciones publicadas en esa academia con los números de registro en sus Anales, 1 799 a la 1 817, la mayoría muy destacadas. 16, 223-227

Fue quien primero llevara a cabo la vacunación antitífica en Cuba y la profilaxis venérea en masa. Su obra ?Higiene Militar? fue el libro de texto durante muchos años en la Academia Militar. Miembro de la Sociedad Oftalmológica Mexicana. Miembro del College Internacional des Chinigiens y de la Societé Francaise D´Ophthalmologie.

El Hospital Militar, del campamento de Columbia, hoy Hospital Militar Central ?Dr. Carlos J. Finlay? fue en gran parte obra de Ferrer.

Operó por primera vez a un paciente con desprendimiento de retina en Cuba, trabajo que presentó con el resultado de los primeros cuatro pacientes, en 1932, siguiendo a Gonin. Entre sus otros trabajos se destacaron los relacionados con la tuberculosis y la nutrición deficiente del obrero cubano.

Se le considera un digno representante de la oftalmología, que practicó por más de 50 años. Entre sus discípulos estuvieron destacados oftalmólogos como Hernández Arias, Heriberto Hernández, Mario Rodríguez Pérez, Tomás R. Yanes y su propia hija Olga Ferrer de los Reyes. Recibió varios reconocimientos como oftalmólogo. La Sociedad Europea y la Latina de Oftalmología lo designaron miembro de honor.

En 1926 se inauguró la primera escuela nacional para ciegos, sueño de Enrique López y otros oftalmólogos, que fue nombrada Escuela ?Varona Suárez?. Después de 1959 cambió su nombre por el de Abel Santamaría, distinguido combatiente clandestino y mártir de la revolución a quien se le tomó prisionero en el asalto al Cuartel Moncada, que dirigía Fidel Castro Ruz, el 26 de Julio de 1953, en Santiago de Cuba. Fue torturado por los esbirros del dictador Fulgencio Batista y se le extrajeron los dos ojos, por negarse a delatar a sus compañeros de lucha, y le dieron muerte.

En 1926 se fundó un servicio de oftalmología, en el Hospital ?General Calixto García?, en el pabellón que se denominó, ?Santos Fernández?, en honor a quien ha sido considerado el padre de la oftalmología cubana, fallecido cuatro años antes. Después de estar cerrada la universidad, durante la dictadura de Machado este servicio acogió, en 1936, la cátedra de la especialidad de Oftalmología de la Escuela de Medicina y Farmacia, situada, hasta entonces, en el Hospital ?Nuestra Señora de las Mercedes?. Con más de 80 camas, se convirtió en el centro más importante de la oftalmología del país, hasta entrada la década de los años 1960.

Jesús Mariano Penichet de los Reyes fue un afamado oftalmólogo, formador de varias generaciones de especialistas 228 y muy aficionado al estudio del tracoma (Fig. 57). En 1916 publicó el libro, ?Nociones de Oftalmología?, dedicado al médico general y tradujo al castellano la obra de Luther Peter ?Principios y Práctica de la Perimetría?.

Penichet se graduó de doctor en medicina en 1909 en la Universidad de Georgetown, Estados Unidos y en la Universidad de La Habana en 1911. Se especializó en París, Londres y Viena en oftalmología y otorrinolaringología.

Fue oftalmólogo del Hospital Nacional de Dependientes, Centro Gallego y del Centro Canario. Escribió otro libro sobre oftalmología en 1948, 229 de 24 capítulos, 546 páginas y 274 figuras o láminas, que fue titulado ?El ojo y sus enfermedades predominantes? y otros importantes trabajos. 230 En 1951 sustituyó, en la plaza de titular de la especialidad, a Finlay Shine; falleció en 1958.


Fig. 57. Jesus Mariano Penichet de los Reyes.

Fue secretario de la Revista Cubana de Oftalmología y de la Sociedad Cubana de Oftalmología y Otorrinolaringología. Fundó la Sociedad Cubana de Oftalmología, que se separó de la anterior, las que estaban juntas desde hacía varios años, como en la escuela americana, y fue su presidente de honor. Ganó el premio de la Revista Crónica Médico Quirúrgica de la Habana con el tema ?El Tracoma en Cuba?. También ocupó cargo en la Sociedad de Estudios Clínicos de la Habana. Su línea principal de investigación fue el tracoma, las conjuntivitis en el trópico y las enfermedades oculares en relación a las cerebrales. A su muerte, se instituyó el premio ?Profesor Doctor Jesús Mariano Penichet in memoriam?, que se otorgaba anualmente al mejor trabajo presentado en la Sociedad Cubana de Oftalmología o en su revista.

En 1931 se celebra el Primer Congreso Latinoamericano de Oftalmología, en Santiago de Chile, y se proyecta el próximo para la ciudad de Buenos Aires.

En 1932 se funda la Revista Cubana de Oto-Neuro- Oftalmiatría, con frecuencia bimensual, la que incorporó a las Revistas Cubana de Oftalmología y de Oto-Rino-Laringología, ya desaparecidas. La editaba el capitán médico Tomás R. Yanes, jefe del servicio de oftalmología del Hospital Militar y del Instituto Clínico de La Habana. Tuvo de colaboradores a los oftalmólogos cubanos Gilberto Cepero, Lorenzo Comas, R. Hernández Arias, B Cruz Planas y además, en el Comité de Redacción a; Horacio Ferrer, Rodolfo J. Guiral, A.M. Lazcano, R Guiral Viondi, A.A. Lazcano, Carlos M. Taquechel, Rogelio Toledo, Emilio Martínez, Jesús M. Penichet, J. Grave de Peralta de Camaguey, José González Navarro de Santa Clara, Hernández Jiménez de Santi Spiritus, J. Ruiz Velasco de Santiago de Cuba y a los extranjeros Mario Esteban, de Marruecos español, Luciano Gennaro de Italia, Matio Moutinho de Lisboa, K. Velhengen de Alemania, entre otros, para un total de 40 países con colaboradores fijos. Fue frecuente en esta revista las publicaciones de los doctores Lorenzo Comas y Gilberto Cepero, dedicados al uso de la diatermia en oftalmología, para lo cual adaptaron equipos y diseñaron electrodos para aplicación ocular (Fig. 58). Esa revista con sus altas y bajas parece que perduró hasta casi comienzos de la década de 1940; a pesar de su nombre la mayoría de sus artículos fueron dedicados a la Oftalmología.

Fig.58. Curso de Física Electroterápica por los doctores Cepero y Comas, 1935.

En septiembre de 1932 se creó la Sociedad Cubana de Oftalmología, con los objetivos, según la declaración, de propender al adelanto de todas las ramas de la ciencia oftalmológica; estrechar los lazos de solidaridad entre asociados y proteger y defender los intereses morales y materiales de los oftalmólogos, en relación con el ejercicio de la especialidad. Clasificaba a sus miembros en Titulares, Honorarios, Protectores y Correspondientes. Su primera directiva fue elegida por sorteo y recayó en los doctores Miguel Branly como presidente, Manuel Anton Pérez como vicepresidente, Gustavo Alamilla como secretario, B. Cruz Planas como vicesecretario, Carlos M. Taquechel como tesorero y Rogelio Toledo Oses como vicetesorero. Se acordó que la Revista Cubana de Oto-Neuro-Oftalmiatría, fuera su órgano oficial. Su membresía se reunía el segundo domingo y el último miércoles de mes y una vez al trimestre celebraban un almuerzo. La cuota anual era de 5 pesos.

A partir de la constitución de la Sociedad, se formó un buró para hacer un proyecto de reglamento que certificara la calificación de los que querían ejercer la especialidad, mediante examen de competencia, el cual podían repetir una sola vez, en caso de ser desaprobado. Este reglamento fue presentado en junio de 1933 y dividía a los oftalmólogos en tres grupos para otorgar la calificación como tal, lo cual constaría en el registro médico nacional. Clase I. Los que hubieran practicado la oftalmología por 10 años o más. Clase II. Los que hubieran practicado la especialidad entre tres a menos de 10 años, con tres años ininterrumpidos de trabajo en la oftalmología. Ambos grupos quedaban como oftalmólogos de inmediato. Clase III. Los que hubieran practicado la especialidad por menos de tres años; esos candidatos debían presentar 1. Certificado de haber practicado la oftalmología por más de un año ininterrumpido en un servicio de oftalmología de un hospital o en el servicio privado de un oftalmólogo. 2. Presentar un reporte de 10 casos en su propia práctica, limitándose exclusivamente a decir los pasos necesarios para el diagnóstico y las razones para escoger un tratamiento determinado, excluyendo toda cita bibliográfica. 3. Someterse a una prueba escrita y otra práctica, determinada por el buró. El examen escrito se limitaría a tópicos de Anatomía, Fisiología, Embriología y Óptica Fisiológica Elemental. El examen práctico consistiría en el examen y presentación de un caso con lesión externa, un caso de refracción, uno de fondo de ojo, una prueba de Anatomía Patológica Ocular y preguntas de terapéutica médica o quirúrgica en relación con los casos presentados.

En 1935 apareció la revista mensual Luz, dedicada al cuidado y conservación del sentido de la vista, editada por José Acosta Recio.

En 1936 se inauguró la Escuela de Optometría, la cual funcionó hasta 1956, cuando se cerró la universidad de nuevo en Cuba. Su primer director fue Mariano Penichet. Esa profesión fue creada en Cuba en 1930, como rama de la física óptica.

Nuevas técnicas se iban introduciendo tanto en cirugía como en contactología. En 1936 se introdujo en Cuba la técnica quirúrgica del trasplante de cornea.

En 1937 la Academia de Ciencias se honró con la visita del doctor Ramón Castroviejo, eminente figura de la oftalmología en España, radicada en Estados Unidos. 231

En 1937 aparece el primer Anuario Médico Social, que recoge los datos de todos los médicos en ejercicio del país, especialidad y el año de graduado. En ese año había 24 médicos en La Habana, cuya dedicación fue la oftalmología, y 16 en el resto del país. 232 Ellos son, Gustavo Alamilla, 1927, quien también fuera miembro de la Academia de Ciencias; José Alfonso, 1929; Pedro Luis Barroso Córdova, 1934; Miguel Angel Branley, 1922; Rolando Branley, 1929; Gilberto Cepero García, 1929; Lorenzo Comas Céspedes, 1928; Buenaventura Cruz Planes, 1927; Aníbal Duarte Guzmán, 1934; Horacio Ferrer Díaz, 1901; Carlos E. Finlay Shine, 1893; Enrique Gabaldá Valiente, 1884; René Hernández Arias, 1929; Pedro Lamothe, 1902; Antón Lutz Renggli ,1906; Felipe Martínez Ferrer, 1892; Miguel Mery Ruiz, 1925; Pilinio Montalbán Marguot, 1926; Oscar Núñez Pajón, 1926; Mariano Penichet de los Reyes, 1902; Ernesto Ramírez Meléndez, 1921; Carlos Manuel Taquechel, 1919; Tomás Yanes Rojas, 1923 y Diego Lagarde, 1886. En el resto del país figuraban; en la provincia de Matanzas, Luis Fernández Hernández, 1927; Daniel Gutiérrez, 1911; y Juan Francisco Tamargo, 1904; en Cienfuegos Rodolfo Hernández Ferreiro, 1929 y E. López Silverio, 1914; en Sancti Spiritus, Armando Pérez Arriete y Heriberto Hernández Jiménez, 1914; Serafín Fernández López, 1927; José González Navarro, 1896; en Camagüey José Casanova Grave de Peralta,1911 y Arturo e Isidro Herrán Varona, 1905; en Santiago de Cuba, José Sánchez Silveira, 1902; Francisco Anaya Bestard, 1927 y José Ruíz Velazco, 1922; en Las Tunas, Benito Batallán Pedrera, 1906. Como se observa en esa fecha no figuraban mujeres dentro de la especialidad.

En 1937 se hace cargo del departamento de oftalmología del Hospital Mercedes, el doctor Bernardo Duelo Pouchet, quien dirigió ese servicio hasta 1956, cuando fallece.

En 1938 se funda Instituto Protector de la Vista, con el objetivo de trabajar en campañas de propaganda para la profilaxis de enfermedades oculares, el cual fue ubicado en la Manzana de Gómez. Publicaba materiales educativos que se repartían gratis a la población y se mantenía mediante donaciones. (Fig. 59) Tuvo como presidente a Tomás R. Yanes. Desde entonces se hablaba de la necesidad de crear un Instituto Oftálmico Nacional para el desarrollo de la especialidad y atender a los pobres, que carecían de toda atención, a semejanza de lo que se había hecho en Europa por las principales figuras de la oftalmología.

En 1940 se constituyó la Sociedad Panamericana de Oftalmología, la cual celebró su primer congreso en Cleveland, Ohio, y de la que Cuba formó parte.


Fig.59. Divulgación científica por radio y escritores, sobre el cuidado de los ojos.

En 1946 se fundó el Colegio Nacional de Optometristas, cuyo primer presidente fue Florentino Martínez. Se destacaron en esa etapa los optometristas, Antonio de Armas experto en talla de lentes, Lorenzo Comas, introductor del método de neblina en Cuba, 240 Jacinto Larrinúa, autor del ?Diccionario Técnico de Optometría?, publicado en 1948; Delfín Learra presidente durante 11 años seguidos del Colegio de Optometristas y creador de la Revista Optómetra Mensual, fundada en 1945 con Eduardo Hernández y Miguel Arias. Fue su director Antonio Luaces. Esta revista cambió su nombre después por Revista Optómetra, editada por el Colegio de Optometristas de Cuba. Tuvo como directores de honor a Delfín Learra Piloto y a Eduardo Hernández. El Comité de redacción estuvo compuesto por América Parla Ramos, los doctores Pedro Hechavarría, Lorenzo Comas Céspedes, Luís F Pérez Martínez y los optometristas Jacinto Larrinúa, José M. Suárez, Luís R. Parla, Ubaldo Ubeda, y José L. Rentería.

En Cuba no llegó a aprobarse una ley que impidiera trabajar solo a los optometristas haciendo refracciones, como en otros países, pero si fue frecuente el convenio entre algunos oftalmólogos y los dueños de óptica de recibir un buen por ciento de la ganancia sobre cada par de espejuelos que el oftalmólogo indicaba a su paciente.

Como cosa curiosa está el caso del norteamericano Jimmy Riveiro, optometrista que se formó en Cuba como tal, fundó familia en este país y aún hoy vive entre nosotros. Decidió quedarse, estudiar y graduarse en la universidad habanera, después de visitar la Isla, siendo aún un adolescente. Fue más conocido en su época de estudiante como gran deportista universitario y entrenador de football. Después del triunfo de la revolución pasó a dirigir la creación de escuelas de deportes en Cuba.

Tomás R. Yanes Rojas, famoso oftalmólogo 233, 234 fundador de varias revistas y organizaciones de la especialidad en Cuba. (figura 60) Fue capitán médico y jefe del servicio de oftalmología del Hospital Militar. Durante los sucesos de octubre de 1933, en el Hotel Nacional, se encontraba entre los oficiales médicos que allí se alzaron contra Batista, donde fue gravemente herido con dos tiros de bala, uno de ellos en el tórax. En malas condiciones fue llevado a los Estados Unidos, donde lo operaron y después de recuperado se mantuvo algún tiempo en el exilio, hasta que regresó a Cuba. Asumió de nuevo sus tareas como oftalmólogo y director de varias organizaciones, destacándose en ellas como gran publicista. En 1943 publicó el libro ?Oftalmoscopia clínica?, de 25 capítulos y 500 páginas; 20 usó interesantes fotos propias sobre la histología de la retina, con 221 figuras o fotos. Ya había publicado otro anteriormente con Carlos E. Finlay Shine, y no fueron esos los únicos. Fue miembro de varias organizaciones de oftalmólogos y de revistas extranjeras de la especialidad, con las cuales colaboraba y fundó la Revista de Oto Neuro Oftalmiatría de la cual fue su editor jefe hasta su desaparición. En el año 1952 fundó la organización de oftalmología para pobres ?La Liga contra la Ceguera? la cual asumió becados extranjeros y cubanos para estudiar la especialidad en ese centro.

Fig.60. Tomás R. Yanes, 1933.

En 1948 Tomás R. Yanes presidió, en Cuba, el III Congreso de la Asociación Panamericana de Oftalmología, que tuvo como tema central ?La lepra Ocular y la Oftalmodiatermia?, trabajos desarrollados en Cuba con profundidad. Como secretario estuvo Miguel A. Branly. Ambos quedaron después como oficiales en la directiva de esta asociación en el siguiente Congreso de Oftalmología en México, 1952. El director General de ese congreso panamericano fue Alberto Cepero y como secretarios auxiliares estuvieron los doctores Anibal Duarte, Oscar F. Horstmann, Manuel Jubea, Rafael Obrador, Pedro Hechavarría y Olga Ferrer. Como presidente de la Sociedad Cubana de Oftalmología fungía entonces Lorenzo Comas.

En este III Congreso Pan Americano se presentaron 167 trabajos se registraron 194 autores extranjeros y se proyectaron 20 películas. La sede fue el edificio de la Escuela de Medicina sita en calle 25 e I, en el Vedado.

Asistieron a este evento representantes del cuerpo diplomático de 28 países. Los oficiales principales de la Asociación Pan Americana fueron, Harry S. Gradel, de Chicago, como presidente y como presidente honorario Alberto Vázquez Barriere, de Montevideo, presidente del anterior Congreso, Pan Americano en Uruguay. El profesor universitario y presidente de la República Ramón Grau San Martín dictó el decreto número 3 352, dando carácter oficial al evento y nombrando a los delegados oficiales de Cuba. Destinó 20 000 pesos del presupuesto nacional, facilitó el evento mediante la supresión de impuestos con todo lo relacionado al mismo y agasajó con su presencia y una recepción en el Palacio Presidencial, a los delegados. Grau fue el presidente de honor del Congreso, junto a varios ministros, el alcalde de La Habana, el Rector de la Universidad de La Habana y el Decano de la Escuela de Medicina de dicha Universidad doctores Clemente Inclán y Ángel Vieta Barahona, el presidente del Colegio Médico de Cuba José R. Aldereguía y el presidente de la Academia de Ciencias José Presno. Se nombró además como Presidentes de Honor a los Miembros de Honor de la Sociedad Cubana de Oftalmología, Horacio Ferrer, Jesús Mariano Penichet y Ernesto Ramírez Meléndez.

El Círculo Médico, sito en Malecón 61, puso a la disposición de los delegados sus salones; se organizó una fiesta en la Plaza de la Catedral con los delegados vestidos con los trajes típicos de sus países y otras actividades sociales. Hubo feria de exposición de equipos.

El Cardenal Manuel Arteaga tuvo a su cargo las palabras de apertura invocando a Dios por el éxito del evento; lo siguieron las palabras del presidente Tomás R. Yanes y de Miguel A.Branley. Los idiomas oficiales fueron: inglés, español, francés y portugués. La cuota de inscripción fue de 10 pesos con derecho a asistir a las actividades científicas y recibir diploma de asistencia. Se publicaron programas y libros de resúmenes. México, 1952, y Santiago de Chile, 1956, serían las sedes de los próximos Congresos Pan Americanos.

En 1951 se anuncia el libro de Luís Pérez Martínez y colaboradores, ?Algunas observaciones de interés en refracción ocular?.235

En 1951 ve la luz la revista Archivos de la Sociedad Cubana de Oftalmología, 235 que inaugura el doctor Oscar F. Horstmann, presidente en esos momentos de la Sociedad Cubana de Oftalmología y a quien siguió como presidente, Gilberto Cepero García. Desde finales de la década de 1930 no se había tenido una publicación especial para la oftalmología. De esa revista aparece primeramente un número en 1951, 235 dos en 1952 236, 237 y uno en 1953, 238 los que fueron organizados para encuadernar en un solo libro. Los autores principales de esos volúmenes fueron: José Alfonso hijo, Manuel Antón, Heriberto Bush, G. Cepero, Lorenzo Comas, A. Curbelo, Aníbal Duarte, Horacio Ferrer, E. Giró, J. Lezcano, J. Linn, B. Márquez, Martínez Ferrer, J. Penichet, I. Pérez, J. A. Presno, H. Pichette, Mario Rodríguez, E. Schwartz, Arturo G. Taquechel, R Thiel y A. Vázquez Leiva. Varios trabajos sobre modificaciones de técnicas quirúrgicas y de instrumentos fueron publicados en esa revista por algunos de los oftalmólogos mencionados.

En estos tres volúmenes se dedicaron trabajos de recordación histórica a Helmholtz, en el centenario del oftalmoscopio, a Santos Fernández, Enrique López Veitía y a Finlay Shine. 235-238 La revista dejó de publicarse desde 1953 hasta 1958 y continuó hasta diciembre de 1961. En 1988 apareció de nuevo una revista oftalmológica estable con el nombre original de la primera, fundada en 1919, Revista Cubana de Oftalmología, la que se mantiene hasta nuestros días.

En 1951 se llevó a cabo el Primer Congreso Nacional de Oftalmología, en la ciudad de Cienfuegos, en el que se le rindió homenaje a Carlos J. Finlay. Este fue seguido por otro congreso anual en enero de 1952 en el local del Aula ?Presno? de la Escuela de Medicina ?Angel Arturo Aballí?, de La Habana, con el tema central del glaucoma y dedicado a Carlos Eduardo Finlay Shine. El III Congreso Nacional se celebró en la ciudad de Santa Clara, del 30 de enero al primero de febrero de 1953, con el desprendimiento de retina como tema central. Allí se le rindió homenaje a Horacio Ferrer por sus 50 años de graduado.

En 1952 Tomás R. Yanes y otros oftalmólogos fundaron una consulta oftalmológica en el Vedado, lo que sería el embrión de ?La Liga Contra la Ceguera? organización no lucrativa, para atender a la población de pocos recursos, que se desarrolló en un dispensario y fue sostenida por donaciones principalmente.

El 12 de febrero de 1953 llegó a Cuba el buque Italia, a bordo del cual venían los miembros del Congreso Itinerante de la Asociación Pan Americana de Oftalmología Flotante. Había zarpado de New Orleáns el 31 de enero e hizo escala para desarrollar sesiones científicas en La Guaira, Venezuela; La Habana, Cuba y San Juan, Puerto Rico. En La Habana, como parte de las actividades, se develó una tarja en honor al doctor Carlos Eduardo Finlay Shine y se sesionó en la Academia de Ciencias con el tema central de ?Implante lenticular de Ridley?. Los oftalmólogos cubanos, Yanes, Alfonso, Anton y Duarte presentaron, en la Sala de ojos ?Santos Fernández?, la experiencia en Cuba sobre esta técnica muy novedosa que sustituía al cristalino opacificado por uno de acrílico, a la que ellos aportaron tres modificaciones propias en la técnica de implante y el instrumental más adecuado para la misma, implante que hacían en un segundo tiempo operatorio. En la sesión de la noche, en la Academia de Ciencias, proyectaron la película sonora de los casos operados en Cuba y las variantes que los oftalmólogos del país proponían a esa técnica.

Se mencionan en esa época a oculistas destacados, algunos de los cuales, en los siguientes años, ocuparon cargos docentes en la Cátedra de Enfermedades de los Ojos y su Clínica? de la Facultad de Medicina en el Hospital ?General Calixto García?. Fueron varios de ellos: Ernesto Ramírez, J. J. Mestre, Gustavo Alamilla, Rafael Obrador, Juan R. Antuña, Luís Pérez Martínez, Jacobo Bejar, Horacio Tabares y Plinio Montalbán. Este último recibió una beca para Estados Unidos y no volvió a trabajar en Cuba.

En 1954 muere el Profesor Auxiliar Ernesto Ramírez Meléndez y el doctor Miguel A. Branley pasa a profesor Auxiliar; como Profesor Agregado gana la plaza el doctor Rafael Labrador Ruiz. El doctor Labrador murió al año siguiente y ocupó la plaza de forma interina el doctor Oscar Horstmann Menéndez y al discutirse la plaza, por oposición, quedó el doctor Juan R. Antuña Abio, como Profesor Agregado.

En el Hospital Municipal de la Infancia, actualmente Hospital ?Pedro Borrás Astorga?, se destacó el doctor Vázquez Leyva. 239 Otros nombres de instructores o adscriptos son mencionados por Alemañy. 21-22

En 1954 se llevó a cabo en La Habana, del 29 al 31 de enero, el IV Congreso, con el Glaucoma, como tema central. En él se le rindió homenaje a la memoria de Santos Fernández. Durante varios años no se celebraron nuevos congresos, en lo que influyó la difícil situación política represiva que existía con la dictadura de Fulgencio Batista quien por segunda vez ocupaba la presidencia de la república, en esa ocasión mediante un golpe de estado.

En 1956 se cerraron las aulas universitarias hasta 1959, y con ello las carreras de optometría y de medicina.

En 1957 se había fundado el Instituto superior de investigaciones optométricas, adscrito al Colegio de Optometristas, con el objetivo de brindar superación a sus miembros en diferentes áreas del conocimiento, como refracción, ortóptica y pleóptica, lentes de contacto etc, la cual dirigió Jacinto Larrinúa y otros optometristas profesores, como Roberto Lassale.

En 1957 se celebró el XVIII Congreso Internacional de Oftalmología, en Bélgica, con motivo del centenario del Primer Congreso Internacional celebrado en esa ciudad. Presidió ese evento el doctor León Coppez y la Reina madre.

Asistieron más de 2 000 delegados, cifra superada solo por el Congreso de Nueva York, en 1954. En el acto inaugural del Concillium Sir S. Duke-Elder entregó la medalla Gonin a Alan Woods, de Estados Unidos, por sus libros y trabajos sobre uveitis endógena. Desde Cuba asistieron los doctores Anton Pérez, Olga Ferrer, Iglesias Revuelta, Alberto de Jongh, Martínez Tapia, Pérez Martínez y Tomás R. Yanes.

En 1958 reaparece la revista Archivos de la Sociedad Cubana de Oftalmología, con una nueva Comisión Editorial compuesta por: Juan Antuña Abio, Manuel Iglesias Revuelta, Rafael Morales Vinagre, Rodolfo Hernández Ferreiro, Lorenzo Comas Céspedes y Edilberto Angulo. A esa comisión se le incorporó el nuevo cargo de Coordinador, que fue desempeñado dignamente por Jaime Alemañy Martorell. En esa revista se da a conocer sobre nuevos instrumentos construidos por Lorenzo Comas Céspedes para la cirugía de catarata, modificación del erisífaco para extraer la catarata madura y una nueva pinza para extraer restos capsulares.

En 1958, al fallecer el doctor Jesús Mariano Penichet, fue ascendido a Profesor Titular el doctor Juan. R. Antuña y como Profesor Auxiliar Interino nuevamente el doctor Oscar Horstmann.

En 1958, la Fundación para la Enseñanza y Desarrollo de la Oftalmología, (FEDO) concedió cuatro becas para latino americanos, en Cuba, cuya preparación se realiza en el Hospital ?Liga Contra la Ceguera?. Las becas correspondieron a Manuel Pinto de México, Abelardo Aguirre y José Sanz de Ecuador y a Manuel Reinoso de Perú.

Se graduaban ese año los doctores Eugenio Jara Cazco de Paraguay y Ernesto Garay Morales de Nicaragua, por el mismo sistema de becas de la FEDO.

En mayo de 1958, después del fallecimiento de Jesús M. Penichet, tomaron posesión de sus cargos los Profesores Titulares y Auxiliares Miguel A. Branley Grenet y Juan Antuña Abio. Este profesor escribió un libro de 147 páginas titulado ?Oftalmología? para estudiantes de la Escuela de Medicina, en 1959.

En junio de 1958 visitó la Isla, invitado por la Cátedra de Ojos de la Escuela de Medicina, el profesor Hans Pau de la universidad de Münster, Alemania, quien impartió conferencias y practicó operaciones de retina.

Al finalizar la década de los años 1950, en Cuba, un país de algo más de 6 millones de habitantes apenas se llegaba a 200 camas de la especialidad, en todo el territorio nacional, la mayoría en Ciudad de La Habana, de las cuales menos de diez estaban en otras provincias. Había algo menos de 500 optometristas y 116 médicos que ejercían como oculistas, la mayoría en la capital, aunque no todos pertenecían a la Sociedad Cubana de Oftalmología; existían seis servicios en hospitales y seis en clínicas privadas, además de ?La Liga Contra la Ceguera?.

En la revista Archivos de la Sociedad Cubana de Oftalmología, volumen 5, de enero a abril de 1959 se dice que ?La Fundación Retina, de Cuba, en relación con la de Boston, dirigida por Charles Schepens, facilitan la adquisición de conocimientos mediante cursos de un año en este campo, a especialistas jóvenes y bien avalados con posibilidades de viajar a los Estados Unidos de Norteamérica?. Gracias a ese convenio regresó a Cuba, el pasado año, el primer alumno graduado, que laborará en el servicio de oftalmología del Hospital ?General Calixto García?.

En ese mismo número se da noticia, en su editorial, que el oftalmólogo cubano, Gilberto Cepero García, es responsable de uno de los adelantos científicos en la especialidad por su trabajo en el perfeccionamiento del lente de contacto. Fue el orador principal del III Congreso Nacional Americano de Lentes de Contacto con su aporte CON-LISH, que fue el tema principal del congreso, lo que mejora la constitución y la adaptación al lente. En 1959 ocurre un decisivo cambio político y social en Cuba, con una verdadera revolución a la que no se le pudo escamotear el triunfo como a la de 1933. Sus primeras leyes modificaron todo el servicio de salud a favor del pueblo y se pasó a ofrecer los servicios médicos de forma gratuita, además de una serie de medidas que beneficiaban a los obreros y al campesinado, como la Reforma Agraria, y la enseñanza masiva y gratuita, entre otras de carácter social y humano.

Se vuelven a abrir entonces las aulas universitarias, cerradas por el Consejo Universitario dada la difícil situación en el anterior gobierno del dictador Fulgencio Batista y con ello la carrera de Medicina. También se abre nuevamente la Escuela de Optometría, para terminar de graduar a los matriculados anteriormente, después de lo cual se cerró como tal esa carrera universitaria y empezaron a formarse técnicos medios en optometría de forma acelerada para cubrir las necesidades a la mayor parte posible de la población.

El nuevo optometrista que se forma va entonces a trabajar no a las ópticas, como antes, sino a los servicios de oftalmología de los hospitales existentes y a los nuevos que se fundan, pero ampliando su perfil de trabajo a otras áreas y no solo a la refracción, con un trabajo y salario asegurado. Se va borrando la competencia entre ópticos y oftalmólogos, que antaño marco las relaciones entre esos dos gremios, ya que, el fin de mejorar la salud visual de toda la población y no el enriquecimiento individual, fue común desde entonces.

Poco después del triunfo de la revolución, en el mes de junio de 1959, el jefe de la Cátedra de Oftalmología de la Universidad, el doctor Miguel A. Branley presentó su renuncia y se acogió a la jubilación. Lo sustituyó el doctor Juan R. Antuña; pasó a Profesor Auxiliar Interino el doctor Luís Pérez Martínez, y por tercera vez el doctor Horstmann a Profesor Agregado Interino, ambos no por oposición sino por decreto ley.

En el año 1959, en el segundo volumen de los Archivos de la Sociedad Cubana de Oftalmología, volumen 5, Número 2, de los meses mayo-agosto, se publicó el editorial ?La Sociedad Cubana de Oftalmología ante la actualidad nacional?.

En ese escrito la Sociedad se pronuncia a favor de los cambios revolucionarios y se prestan a dar apoyo a las medidas revolucionarias; el editorial fue agradecido por el presidente de la República, con carta fecha 17 de septiembre de 1959, dirigida a Jaime Alemañy Martorell como Coordinador de la revista Archivos de la Sociedad Cubana de Oftalmología.

Para entonces el número de oftalmólogos que aparecían como Miembros Titulares de la Sociedad Cubana de Oftalmología era de 74, de ellos solo tres mujeres. Su distribución por territorios era la siguiente: Pinar del Río: Jorge Lamothe. La Habana: Gustavo Alamilla, Jaime Alemañy, José Alfonso, José Alfonso hijo, Adolfo Alfonso, Manuel Anton, Rigoberto Antuña, Pedro L. Barroso, Argimiro Borges, Miguel Branly, Heriberto Bush, David Castañeda, Gilberto Cepero, Lorenzo Comas, Juan del Cristo, Buenaventura Cruz, Enrique Cuellar, Leida Díaz, Martín Díaz, Antonio Díaz, Anibal Duarte, Candido Durán, Manuel Fariñas, Horacio Ferrer, Olga Ferrer, Ernesto Galainena, Ernesto Giró, Gerardo Gutiérrez, Pedro Hechavarría, Oscar Horstmann, Jorge Lezcano, Ricardo Martínez, A. Martínez Tapia, Antonio Marrero, Fernando Menéndez, Miguel Mery, Rafael Morales, Orfilio Pélaez, R. Pérez Blanco, Ramón Rivero, Mario Rodríguez, Aida Serrano, Carlos M. Taquechel, Guy Taquechel, Teófilo Tomás, Alberto Torres, Guillermo Torre, Gonzalo de Varona, A. Vázquez Leyva, Luis Walter y Tomás Yanes.

Matanzas: Raúl González, Daniel Gutierrez y Julio Mori.

Las Villas: Emilio Colón, Serafín Fernández, Alberto de Jongh, José Rodríguez, Heriberto Hernández, Rodolfo Hernández, Pedro Sánchez y Laudelino Trilles.

Camaguey: Rolando Branly y José Grave de Peralta.

Oriente: Abido Aljaiek, Jacinto Anaya, Miguel Avilés, Edilberto Bravo, José Hernández, C. González Echevarria, Rafael Halley y Nin Juárez.

Llama la atención la distribución por área geográfica, con gran concentración de consultorios privados en la Ciudad de La Habana, específicamente en el Vedado y Centro Habana, con un 90% del total, y la escasa cantidad de oftalmólogos en territorios tan grandes como toda la antigua provincia de Camaguey, con dos, y la de Pinar del Río con un solo oculista. No en balde se le llamaba a esa provincia la Cenicienta de Cuba.

En enero de 1960 se lleva a cabo el V Congreso de Oftalmología en el Hotel Habana Libre, presidido por el doctor Jaime Alemañy Martorell, con el tema central? Estrabismo infantil?. Como miembros del Comité organizador habían sido designados Jorge Lezcano, Antonio Díaz Rodríguez, Teófilo Tomás y Manuel Padrón. Cuenta Alemañy lo difícil que fue llevar a cabo el mismo por las reacciones en contra de la revolución que ya mostraban algunos de los principales profesores y especialistas. Desde entonces se han celebrado esos Congresos con bastante regularidad, hasta la fecha.

En enero de 1960, mediante la ley de Cuba, número 723, del 21 de enero, se oficializa la ley del Servicio Médico Rural, que en 1964 se establece por períodos de dos años, aunque desde la primera graduación después de la revolución se venía brindando este servicio por los que terminaban la carrera, pero por períodos más cortos. Los pocos médicos que ya tenían alguna experiencia en la especialidad de oftalmología al graduarse, cumplían con esta ley, a veces trabajando como oculista en el interior del país, cubriendo la necesidad de asistencia oftalmológica o médica.

En febrero de 1960 se llevó a cabo el VI Congreso Panamericano de Oftalmología, en Caracas. La delegación cubana estuvo compuesta por Manuel Iglesias Revuelta, como presidente, Jaime Alemañy Martorell, Gilberto Cepero García, Luís Pérez Martínez y Oscar Horstmann Menéndez. La ponencia principal presentada fue de Gilberto Cepero ?Comentarios clínicos sobre mil casos de lentes de contacto?.

En la etapa de la república anterior al triunfo revolucionario, la práctica, así como la enseñanza de la especialidad de oftalmología era casi toda privada, en consultas particulares, ópticas o en clínicas de asociados, como casi toda la medicina de esa época en Cuba, excepto en el Servicio de Ojos del Hospital ?General Calixto García? algún que otro centro hospitalario con pocas camas y en el llamado hospital o dispensario ?Liga Contra la Ceguera?. Su edificio, refiere Jaime Alemañy, estaba aún por terminar y solo tenía en uso 20 camas, de 300 posibles, al triunfo de la revolución, en 1959. El gobierno revolucionario lo termina y lo equipa posteriormente. Para entonces tenía como principales figuras a los doctores Ricardo Masvidal, Othón Gómez Ruiz y Carlos González Díaz, además de Tomás R. Yanes, su director.

Se cuenta en la historia de esa institución, recogida por sus trabajadores, y en entrevistas y reportajes de periódicos de ese tiempo (Periódico Pueblo del 17 de agosto de 1954, Avances del 13 de septiembre 1955, El Mundo del 21 de diciembre de 1960) que la idea de crear esta institución benéfica sin carácter estatal, surgió del doctor Tomás R. Yanes, durante su participación en el Congreso Panamericano de Oftalmología en Uruguay. Solicitó durante algún tiempo fondos para ello al gobierno de turno, pero no tuvo éxito. Yanes y un grupo de oftalmólogos, fundaron en 1951, una asociación para atender gratuitamente a pacientes sin recursos y formaron un patronato. Comenzó este sistema de atención con tres médicos y una enfermera para servicios externos, nominándolo ?Liga contra la Ceguera?. Las consultas de oftalmología para pobres empezaron en un local de la calle 23 entre D y E, El Vedado. En 1954 se acogieron pacientes para ingresos en un nuevo local o dispensario privado que alquilaron, en la calle 11 y K, también en El Vedado, donde se formó además Escuela de Oftalmología. En 1954 se volvió a solicitar un fondo inicial para ampliar la obra al gobierno de turno, en este caso de Fulgencio Batista que no se aprobó. Surgió entonces la idea de dirigirse a las asociaciones cívicas y profesionales para apoyar y formar el cuerpo directivo de la naciente asociación.

En el año 1955 se había fundado el ?Comité de Damas de la Liga Contra la Ceguera?, compuesto por señoras de la aristocracia habanera y esposas de políticos y personalidades públicas de la época, quienes designaron como presidenta de honor a la señora Marta Fernández, Primera Dama de la República, por ser esposa del presidente Fulgencio Batista Zaldívar, dictador al que se le acusa de más de 20 000 asesinatos en Cuba, durante su segundo periodo de presidente impuesto.

Las damas de ?La Liga Contra la Ceguera? organizaron su primera cuestación nacional pública para obtener donativos, con el lema, ?Un granito de arena?, que fue satisfactoria. Con lo recolectado y el terreno ?donado? por la primera dama, se dice que se comienza a construir un local nuevo para un dispensario de mayor capacidad, lo que comienza a fabricarse en 1956 al costo de 75,000 pesos. Este edificio fue creado para pacientes de consulta externa y para ingresados, en las calles Tres Rosas y Avenida de Columbia, Marianao, actualmente Avenida 31 y calle 76. Se inauguró en enero de 1957, con 22 camas, y siguió recibiendo la prestación de servicios gratuitos por los médicos que en ella trabajaban o se fueron incorporando. En ese propio año se llevó a cabo la segunda cuestación con el lema ?La Marcha del Real? y con ello se comenzaron los trabajos para construir el hospital de seis plantas aledaño.

La prestación de servicios gratuitos a pobres se manejaba por un comité que estudiaba la solicitud presentada por el paciente, al cual clasificaban sobre la base de sus ingresos y de ello dependía si debía pagar y cuánto, pero siempre poco, lo cual era un servicio de excepción en el sistema de salud cubano de entonces, al que se podía llegar sin influencias. También se recibían servicios por sugerencias de los principales donantes.

Esto último sí no era raro, pues el condicionamiento era lo usual en los deteriorados servicios hospitalarios que el estado prestaba, en los que para ingresar y a veces hasta por una urgencia, se necesitaba tener una recomendación de persona influyente o de un político, a quien en la mayoría de los casos debían de haber entregado previamente un número de cédulas electorales para su partido.

En 1957 se habían empezado a formar especialistas cubanos en ese centro, entre ellos los doctores López Cascales, González Fleites, Gladys Colom, Fausto Tablada, Collado, Garmendía, Ledó y algunos extranjeros de Latinoamérica que como Eugenio Jara y Jorge Sanz se quedaron a trabajar en Cuba, aunque este último solo por unos años.

En febrero de 1958 se lanzó la nueva cuestación con el nombre de ?La Cruzada del Millón? que era lo que se calculaba se necesitaría para construir ese centro. En abril de 1959 se realiza la última cuestación que no produjo tan buenos frutos económicos como las anteriores (Fig. 61).

Fig. 61. Tomás R. Yanes con parte del Comité de Damas de ?La Liga Contra la Ceguera», en 1959.

El día 17 de abril de 1960 se reúnen algunos trabajadores y se toma el acuerdo de participar en el desfile del ?Primero de Mayo? pidiendo la intervención del centro por el gobierno revolucionario, dado por actitudes de la directiva no acordes con las nuevas ideas que trajo consigo la revolución.

El día 26 de Mayo dejan cesantes a once trabajadores que habían desfilado y tomado parte en esas luchas sindicales. Se organizan entonces manifestaciones de protesta frente a ?La Liga contra la Ceguera? y a la consulta privada que tenía su director, en El Vedado. Por la prensa, radio y televisión se hacen denuncias por los trabajadores de esa arbitrariedad y ante la grave situación creada, el Ministerio de Salud Pública envía al Director de Asistencia Médica Hospitalaria, para que exija la reposición de los cesanteados, los que el día 11 de junio son devueltos a sus puestos. Días más tarde, el director con toda su familia, abandonó el país.

En 1960 se interviene oficialmente el Hospital ? Liga Contra la Ceguera? (Fig. 62), que deja de ser una institución benéfi- ca no lucrativa y se convierte en un centro asistencial del Ministerio de Salud Pública gratuito, con el nombre de Hospital Oftalmológico ?Ramón Pando Ferrer? en honor a un mártir de la revolución, trabajador de la medicina.

Se comienzan entonces los trabajos para terminar las instalaciones interiores de los primeros pisos de la institución y del resto del edificio.

Fig.62. Intervención de ? La liga Contra la Ceguera» por el Gobierno Revolucionario.

En diciembre de 1960 se inauguran dos plantas y en 1961 la unidad quirúrgica con cinco salones de operaciones. En 1982 se acometieron las obras de terminación del cuarto y quinto pisos del edificio principal, cuyas instalaciones habían quedado sin completar. En 1986 comienzan nuevas obras de ampliación y se construye un centro de Microcirugía Ocular en Serie, dotado de moderna tecnología y siete posiciones quirúrgicas, que se culmina en 1988, con la presencia del famoso oftalmólogo soviético Sveastolaff Fjodorov y del Presidente del Consejo de Estado y de Ministros de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz.

En esos años se amplía la docencia a residentes cubanos y de otros países que vienen a hacer la especialidad a Cuba y se incorporan locales aledaños. En el año 2004 comienzan a operarse de forma gratuita gran cantidad de pacientes latinoamericanos, según convenio con sus países, en un plan sin precedentes de ayuda a otros pueblos hermanos del continente, llamado ?Operación Milagro? que después se va extendiendo a otros servicios de oftalmología del país y mediante el cual se han operado más de 400 000 enfermos.

En los años 2004-2005 se remodela el antiguo edificio central, se construye otro edificio de similar tamaño para la consulta externa y cirugía, con 20 posiciones quirúrgicas más y se anexa una edificación aledaña para ingreso de pacientes de la ?Operación Milagro? con 156 camas; queda otra edificación en preparación para ser dedicada a la investigación básica de la especialidad. Este centro llega a nuestros días, ampliado en capacidad material y científica, lo que lo convierte en un gran complejo de salud ocular reconocido como el centro más importante y rector de la oftalmología de todo el país, el Instituto Cubano de Oftalmología ?Ramón Pando Ferrer?, dirigido por el doctor Marcelino Río Torres.

El éxodo de profesionales creó una difícil situación que fue compensada por el arduo trabajo de esa generación de profesionales que se quedaron en el país y asumieron actitudes muy dignas como la de ayudar en la docencia y a la campaña de alfabetización, que se llevó a cabo en 1961 con refracciones y espejuelos. Esto hoy lo repiten los optometristas formados por la revolución, quienes trabajan para corregir la refracción de los sujetos que lo necesitan para contribuir a lograr así la alfabetización, de la población sin recursos para ello, en otros pueblos hermanos.

Entre 1959 y 1965 abandonaron el país casi la mitad de los 6 511 médicos que había en Cuba. Quedaron 34 oftalmólogos y menos de un centenar de optometristas, que pasaron a prestar asistencia en los hospitales y clínicas mutualistas y la mayoría dejaron la consulta privada, si la tenían. Como instructores y adscriptos pasaron por la Cátedra de oftalmología, antes de la Revolución, 25 oftalmólogos, 23 entre ellos Olga Ferrer, hija de Horacio Ferrer, única mujer en ese cargo y el doctor Jesús Rigueiro Vázquez, quien quedó trabajando como profesor Auxiliar en el servicio de oftalmología del Hospital ?Comandante Manuel Fajardo? hasta su fallecimiento, hace pocos años.

El doctor Jaime Alemañy Martorell, fue asumiendo desde los primeros años de la revolución las tareas de coordinación en lo relacionado con la oftalmología en el país y algunos otros asuntos en la administración de salud, como delegado del Ministro de Salud Pública, doctor José Ramón Machado Ventura, incluyendo la dirección del Hospital ?General Calixto García? en 1968 y más tarde la dirección del Grupo Nacional de Oftalmología, la jefatura del Servicio de Oftalmología del Hospital ?Comandante Manuel Fajardo? y después la del Servicio de Oftalmología del Hospital ?Hermanos Ameijeiras?, hasta la fecha, con una vida entera dedicada al trabajo y a la coordinación de la especialidad en el país.

En diciembre de 1960 se celebró el primer congreso de ópticos en Cuba, presidido por los optometristas Bravo y Larrinúa, en el Hotel Nacional de Cuba. Las ponencias centrales estuvieron a cargo de la optometrista Esther Menéndez de Turbat ?La lente de contacto en la visión subnormal? y por el profesor de la Escuela de Optometría Roberto Lassale del Amo, ?Esquiascopia?.

El 24 de abril de 1961, en la Gaceta Oficial, se da a conocer la disposición final sobre asuntos sobre la optometría, donde entre otras cosas se reconoce a Roberto Lassale como miembro fundador y creador del Instituto Superior de Investigaciones Optométricas, siendo Presidente del Colegio de Optometristas Nacional Ramón Bravo Alcántara. El Instituto de Investigaciones Optométricas desapareció poco después, casi junto a la carrera universitaria de optometría, que sólo se reabrió para terminar de graduar a los que ya estaban matriculados antes del cierre de la universidad.

En 1961 presentaron la renuncia a sus cargos los profesores Antuña y Luis Pérez Martínez y quedó solamente el doctor Horstmann. En la jefatura del servicio de oftalmología ?Juan Santos Fernández? fue nombrado el doctor Francisco Pérez Carballás como interventor. También cooperó en la Cátedra el doctor Guillermo de la Torre Ordetx.

Después de varias nominaciones y otras renuncias de oftalmólogos docentes son nombrados para asumir la cátedra de la especialidad los doctores Manuel Iglesias Revuelta y Jaime Alemañy Martorell. El doctor Iglesias Revuelta también se marcha del país y Alemañy es nombrado en 1963, como Profesor Auxiliar y más tarde como Titular. 23 Se nombró como jefe de servicio y Profesor Auxiliar al doctor Jacobo Bejar Bejar. Por problemas administrativos, en 1962, se sustituye al doctor Bejar por Horacio Tabares Ventura, quien en enero de 1963 entregó la jefatura a Jaime Alemañy y se marchó del país. En 1963 pasan a Profesores Auxiliares Alberto Machado Rodríguez del Rey, quien fallece poco después y Orlando Rodríguez Muro, ambos instructores de la cátedra. El doctor Orfilio Peláez Molina es nombrado Profesor Auxiliar, quien en 1965 pasa al Hospital ?Liga contra la Ceguera?, donde después ocupó cargo en la dirección del centro. 23

En 1962, frente a la necesidad de optometristas para atender y extender a toda la población del país la posibilidad del uso de espejuelos y el cierre de esa carrera universitaria, se creó la Escuela de Técnicos Medios de Oftalmología como una escuela politécnica en la ciudad de La Habana, con estudios por dos años y dirigida por el optometrista Julio Suárez. Los primeros cursos comenzaron con un nivel básico de noveno grado, lo que pocos años después se elevó a graduados de bachiller o de 12 grados, como fue siempre para este perfil, pero sin considerarla una carrera universitaria nuevamente. Estas graduaciones posibilitaron ir cubriendo las crecientes necesidades asistenciales de los hospitales que para esa fecha ya se encargaban de la refracción y de examinar a su vez al paciente por el oftalmólogo de forma integral, para hacer labor preventiva y educativa.

En 1962, Cuba fue expulsada de la OEA, y la Organización Panamericana de Oftalmología relegó a los oftalmólogos de la organización oftalmológica que habían quedado en Cuba, entre ellos a Jaime Alemañy. Sin embargo fueron admitidos, en representación de Cuba, los oftalmólogos que habían abandonado el país, la mayoría viviendo en Estados Unidos desde hacía algún tiempo.

Con el éxodo de profesionales y el incremento de los servicios de salud en todas las provincias, se hizo necesario comenzar la formación rápida de oftalmólogos. Esto se logró, a partir de 1962, con la creación del internado vertical de oftalmología, en el último año de la carrera, lo que también sucedió para varias de las especialidades consideradas como escasas o ?anémicas?. Se oficializó entonces la residencia de la especialidad que se inició con dos años, además del internado vertical en el último año de carrera. La mayoría de los que terminaban el internado de un año y los especialistas de la capital que se graduaban, eran enviados a trabajar como oftalmólogos por algunos años al interior del país y a participar allí en la formación de nuevos especialistas y servicios de oftalmología.

En 1962, también se amplían los servicios en La Habana. ?La Liga contra la Ceguera?, ya entonces con el nombre de Hospital ?Ramón Pando Ferrer?, fue dotada de lo necesario para funcionar con mayor capacidad como centro especial dedicado a la oftalmología y a formar nuevos especialistas. En 1963 se crean allí las secciones de glaucoma, estrabismo, retina, traumatología y vías lagrimales. Para entonces se organiza la guardia física de la especialidad en varios centros.

En 1962 se anuncia la desaparición de la revista Archivos de la Sociedad Cubana de Oftalmología, debido a las dificultades económicas que atraviesa el país, por el injusto bloqueo que aplica Estados Unidos a Cuba, lo que impide adquirir material de impresiones. Se decidió reducir el número de revista de especialidades que se publicaban y dejar las más generales. Quedan entonces tres revistas médicas para poder publicar trabajos de oftalmología, según el tema a tratar; Pediatría, Medicina o Cirugía. Las sociedades por especialidades continuaron funcionando, bajo la nueva dirección del Consejo Nacional de Sociedades Científicas de la Salud que agrupó a todas las que existían y siguió incorporando nuevas, según se fueron desarrollando.

En 1963 Alemañy había asumido a su vez la jefatura del Servicio de Oftalmología y de la Cátedra de Oftalmología de la Facultad en el Hospital ?General Calixto García?, hasta el año siguiente, que se nombra al doctor Orlando Rodríguez Muro como jefe de servicio. Años más tarde se someten a tribunal de promoción de categoría docente los doctores Orfilio Pélaez Molina, Gladys Colom, hija del oftalmólogo Emilio Colom, Rolando López Cardet y Rosa Esther Mayor Cancio. Los dos primeros obtienen la categoría de Profesor Titular y el resto Auxiliar.

Fueron ellas las primeras mujeres que alcanzaron plazas de Profesores Auxiliares o Titulares en la Cátedra de Oftalmología de la Universidad de La Habana en toda la historia de esa cátedra y las que demostraron cuan útil y adecuada podía ser la mujer en la práctica de la enseñanza de esa especialidad.

Nos dice el doctor Jaime Alemañy que hasta 1960 sólo dos mujeres habían trabajado como instructoras en oftalmología, que no era entonces realmente una categoría docente de la cátedra. Antes de esa fecha no llegaban a diez las mujeres dedicadas a la oftalmología en el país, como se vió, solo tres eran miembros de la Sociedad Cubana de Oftalmología en esa fecha.

A partir de ese año empieza la incorporación como docentes, en varias especialidades de la Facultad de Medicina de La Habana, de una docena de mujeres. 27

El doctor Orlando Rodríguez Muro abandona el país en 1970 y lo sustituye en la jefatura del servicio del Hospital ?General Calixto García? el doctor Urbano Rodríguez, después le sigue el doctor Marcelino Río y actualmente ocupa la jefatura del servicio la doctora Carmen de Prada, primera mujer en ese cargo.

Desde ese momento la oftalmología siguió nutriéndose cada vez más de féminas, hasta que sobrepasaron al número de hombres que integraban el personal de esa especialidad.

Con la incorporación de nuevos oftalmólogos y servicios se hizo evidente la necesidad de instrumentos de trabajo, como oftalmoscopios y lámparas de hendidura, que ya no era posible seguir comprando en Estados Unidos, por lo cual hubo que buscar nuevos mercados en Europa, y principalmente en Alemania.

En 1963 se constituye la Primera Brigada Médica Internacionalista de Cuba que parte para trabajar en Argelia; formaran parte de ella los oftalmólogos Arturo Guy Taquechel y Eugenio Jara Casco, quienes fueron los pioneros de este tipo de ayuda de la revolución cubana al continente africano (Fig. 63).

Fig.63. Arturo Gut Taquechel Maymir

En el año 1964 se crea la Cátedra de Oftalmología de la Facultad de Medicina en Santiago de Cuba, en lo que participan los doctores Alberto López Cascales, Gladys Colom, Eugenio Jara Casco y Elio Marrero Faz en el plan llamado ?Santiago?, lo que contribuyó a la creación de la Universidad de Oriente.

Entre 1963 y 1969 se crearon 22 servicios en el interior del país, se mejoran los de algunos centros y fueron convertidos en hospitales las que habían sido clínicas privadas. Se crean nuevos servicios en los hospitales
del interior del país que se inauguran en esa época y así queda al menos un servicio de oftalmología de adultos y uno de niños por provincia.

Los médicos que regresaban a la capital, después de cumplir el posgraduado de dos años en el interior del país como servicio médico social rural, volvían a La Habana a cursar la residencia de la especialidad. Muchos de los ya graduados de especialistas regresaban a trabajar a su provincia de origen y los de La Habana volvían al interior del país por otro período o quedaban ubicados en los nuevos servicios de la capital.

En los principales centros se fueron introduciendo paulatinamente nuevas técnicas de tratamiento, como la fotocoagulación con láser xenón y la crioterapia, para extracción intracapsular de cataratas.

Entre los principales especialistas que contribuyeron en el Hospital ?Pando Ferrer?, u otras instituciones, a formar las nuevas generaciones de oftalmólogos estuvieron: Orfilio Peláez Molina, Otón Gómez Ruiz, Hernández Leal, Noelio Rodríguez, Jesús Rigueiro, López Cascales, Arturo Guy Taquechel, Gladys Colom, Rosa Esther Mayor, Elio Antonio Marrero de la Rosa, Fausto Tablada y Rolando López Cardet, actual Profesor Titular y Doctor en Ciencias Médicas, quien aún sirve de ejemplo en el trabajo, donde recibe el respeto y cariño de las nuevas generaciones que durante tantos años ha formado.

Algunos de estos profesores fueron directores del Hospital ?Ramón Pando Ferrer?, en la década de los años 1960 hasta mediados de los años 70, cuando el doctor Justino Arrúe Rivero, de regreso de trabajo como especialista en Santiago de Cuba y Camagüey, fue nombrado como su director por varios años. Tras la muerte de Arrúe, éste fue sustituido por el doctor Marcelino Río, su director desde 1992 y presidente de la Sociedad Cubana de Oftalmología.

Entre los profesores que se destacaron en esa época por su facilidad para enseñar y por lo poco frecuente de ver mujeres en la especialidad, hasta entonces, hay que mencionar al doctor Orfilio Peláez y a la doctora Gladys Colom, quien contribuyó además a abonar el suelo donde echó raíces el doctor Jara procedente de Paraguay.

Poco después de la caída del gobierno de Salvador Allende se incorporó a ese escaso grupo de profesores, el doctor Sergio Vidal Casalís, chileno por nacimiento, especialista experto en retina, ejemplo como trabajador, quien formó y aún continua formando retinólogos para todo el país.

Vidal había nacido en 1923 en Santiago de Chile. Graduado de médico comienza a trabajar en retina desde 1959 en su país donde, con otro colega, introdujo la oftalmoscopia binocular indirecta de Schepens. De 1963 a 1965 se perfecciona en Boston, en el Massachucets Eye and Ear Infirmary y en Retinal Fundation, con el mismo Charles Schepens. De regreso a su país trabaja como retinólogo hasta 1974 cuando es expulsado de la jefatura del Servicio de Retina del Hospital ?El Salvador? que él dirigía en Chile, tres días después de la caída del gobierno del Presidente Salvador Allende. Se había destacado por sus ideas izquierdistas. Por intolerancia con el régimen de Augusto Pinochet sale del país y pide de inmediato venir a Cuba. Marcha primero a España para recibir tratamiento médico. De ahí acepta un contrato de trabajo para ir a Argelia, mientras esperaba el permiso para viajar a Cuba, lo que hace después de terminar el contrato de un año en ese país. Trabaja desde entonces con una laboriosidad sin límites en el servicio de retina del actual Instituto Cubano de Oftalmología, Hospital ?Ramón Pando Ferrer, asumiendo tareas asistenciales y docentes. Este oftalmólogo, junto a López Cardet, elevó el nivel de la sub especialidad de retina y de la oftalmología en general como pocos en Cuba. A la manera de Finlay Wilson, debe sentirse contento de haberse quedado entre nosotros por lo que se le aprecia, y sentirse orgulloso por haber dado a este país tantos hijos espirituales que lo continúan y honran.

Entre los optometristas que ayudaron a formar nuevas generaciones se destacaron; Elio Ordáz, Migdalia Iglesias y Eduardo Gil, contactólogos; Julio Suárez, quien fuera, después de la revolución, director de la Escuela de Técnicos Medios de Oftalmología; Marta Menéndez, Tulio Pérez y Carlos Bartolomé, dedicados a la ortóptica y pleóptica; Joaquín Martínez, Adolfo Más Escoriza, Ezequiel Escoriza, los hermanos Robaina, Ricardo Manuel, Manuel Padrón, José Fraga, Guillermo Iglesias, Irmina Díaz, Roberto Lassale, Héctor Pérez Martínez, Noel Hurtado y otros como Humberto Salas, quien fuera condecorado como Héroe Nacional del Trabajo.

En 1967 se crea el Grupo Nacional de Oftalmología que comienza a asesorar el desarrollo de la especialidad en el país. También se crean los grupos provinciales que asesoran el trabajo en sus territorios y especialmente en La Habana por la complejidad de los servicios de la capital, cargo que ocupa hace varios años el doctor Reynaldo Ríos, a su vez vicedirector primero del Instituto Cubano de Oftalmología ?Ramón Pando Ferrer?. Se amplía la docencia a tres hospitales más de La Habana, lo que se continúa haciendo, a inicios de la década de los años de 1970, en otros servicios de la capital y de provincias. En ese tiempo mejora la tecnología básica con equipos adquiridos a través de lo que se llamó el ?Plan Suecia?.

Durante el primer y segundo decenio después de la revolución se recibió la cooperación solidaria de un grupo de oftalmólogos, la mayoría del antiguo campo socialista, que ayudaron a mantener la asistencia oftalmológica, aún insuficiente para cubrir las necesidades. Entre ellos estuvieron los doctores Víctor Hazan, Cruzto Lilov, Milos Klima, Comberg, Elías y Olga Mustaev, Angelika Shamshinova, Jalka Maneva, Milovf Popov y Miguel Penkov, entre otros. Estos dos últimos trabajaron en Holguín y junto con el doctor Elio Marrero Faz desarrollaron un servicio de alta calificación oftalmológica en el Hospital ?Lenin?. El doctor Klimax apoyó el desarrollo de la estrabología, que tan dignamente continuara Elena Joa Miró, Rolando Hernández Leal y otros especialistas.

Con el tiempo se multiplicaron los servicios y las facultades de medicina, las cuales actualmente existen en todas las provincias y son varias en Ciudad de La Habana. El tiempo de formación de especialistas, que a partir de 1962 fue de dos años, más tarde fue de tres. A mediados de los años 70 se instituyó el segundo grado de la especialidad y poco después se nombraron, por resolución ministerial, y por única vez, los primeros doctores en ciencias. A partir de entonces la obtención del grado científico se obtuvo solamente mediante el estricto cumplimiento de los requisitos previamente establecidos y la defensa de la tesis doctoral.

En 1968 la Editorial del Instituto Cubano del libro publicó el ?Manual de enfermedades de los ojos para estudiantes y médicos?, de Charles Perera.

En 1971 vió la luz el primer libro cubano de una subespecialidad de oftalmología que se editó después del triunfo
de la revolución, titulado ?Temas de Neurooftalmología?, de la serie Información Temática, del doctor Arturo Guy Taquechel Maymir. 241 En 1971 se editó el libro ?Desprendimiento retiniano?, de José Casanovas.

En 1983 los doctores Jaime Alemañy Martorell, Elio Marrero Faz y Rosendo Villar Valdés, 242 editan una obra para estudiantes de la asignatura, ?Oftalmología?, de 19 capítulos y 201 páginas, que se convierte, desde entonces, en el libro de texto de la asignatura y de la que se hacen nuevas ediciones en 1985 y 1991. Poco después el doctor Orfilio Peláez publica un libro básico de oftalmología para estudiantes, en la Facultad de Medicina ?Salvador Allende?, con un colectivo de autores de ese centro.

En 1997 se publica el libro ?Endemias y Epidemias en Cuba?, de la doctora Rosaralis Santiesteban Freixas, 243 el que había obtenido en 1996 el premio anual del Consejo Nacional de Sociedades Científicas de la Salud. En 1997 se edita el libro ?Retinosis Pigmentaria?. Experiencia cubana? del doctor Pelaéz Molina. 244 En el 2003 y luego en el 2006 Alemañy y Villar editan la última versión ampliada y corregida de su libro ?Oftalmología?, en la que participa un colectivo de autores de varias provincias y centros del país. 23 También en el 2003, se publica el libro, ?Manual de refracción y lentes de contacto?, del licenciado Roberto Lassale, con 222 páginas y nueve capítulos 240 y el de ?Urgencias Oftalmológicas? del doctor Rolando López Cardet. 245 En el 2005 se publica el libro ?Historia de la Oftalmología en Cuba?, que amplía a más del doble de la información, en esta nueva edición.

Algunas publicaciones de folletos o libros se hicieron por diferentes editoriales en los primeros años de la Revolución. Poco después la literatura oftalmológica comenzó a publicarse por el Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas, fundado en 1965. Entre 1973 y 1975 varios folletos sobre Estrabismo y Ortóptica, de Alberto Ciancia, y de Glaucoma, de W. Leydhecker, fueron publicados por el Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas.

Algunas monografías nacionales se publicaron en esos años, buscando aliviar la falta de textos, entre ellas: dos folletos sobre electrofisiología de la visión de la colaboradora soviética Doctora en Ciencias Angélica Shamshinova, en 1976 y 1977 246- 247; un folleto de 57 páginas titulado ?Óptica? del optometrista Joaquín González Álvarez, en 1989; uno sobre ?Electrorretinografía? de Rosaralis Santiesteban y un folleto para los alumnos de Optometría y Tecnología de la Salud por Luisa Guerra, en 1987. Un folleto sobre ?Tumores orbitarios? apareció en la década de 1970, de la oftalmóloga Marta Puig Mora, quien fuera jefa del servicio de oftalmología del Instituto de Oncología y Radiocirugía y muriera ciega, pero trabajando en la docencia y en la investigación dentro de la especialidad, hasta finales de la decada de 1990, como lo demuestra su última investigación sobre causa de ceguera, que quedó sin editar.

Otras monografías de autores cubanos sobre refracción, campo visual, examen físico oftalmológico, ortóptica y ambliopía, de la Editorial Ciencias Médicas, aparecen recientemente, escritas por optometristas y profesores de la carrera de Tecnología de la Salud, rama Optometría y Óptica, como los de las profesoras, Liliam Miranda, Melba Montero, Iracema Carpio, Josefa Romero, Acelia B. Vargas, Olga de Landaluce y Yahumara Alberto, entre otros.

Una obra de oftalmología pediátrica, dentro de la ?Serie de pediatría?, para residentes de Medicina General Integral, está en proceso editorial, aunque algunos de sus capítulos se usan ya en un disco compacto diseñado para la docencia de un diplomado en oftalmología clínica, ISBN 959-71-58-2-3 del 2005.

Publicaciones Oftalmológicas fue una revista que circuló entre los años 1974 y 1976, con artículos cubanos fundamentalmente. En 1977 se publicaron Temas de Actualidades en Oftalmología, que contenía información reciente sobre la especialidad, la mayoría del extranjero, que dejó de publicarse en 1982.

En 1988 aparecieron varias revistas cubanas de diferentes especialidades, entre ellas la Revista Cubana de Oftalmología. Fue el Director de esa revista Orfilio Peláez Molina, Secretario Jorge Martínez Ribalta; el Comité de Redacción estuvo constituido por Jaime Alemañy Martorell, Othón Gómez Ruiz, Luisa Guerra García, Rolando Hernández Leal, Rolando López Cardet, Marcelino Río Torres, y 17 asesores. En 1996 la revista cambió su portada y el comité de redacción, que desde entonces ha estado compuesto por, Jorge Martínez Ribalta como director, Elier Ortiz como secretario y los doctores Jaime Alemañy Martorell, Marcelino Río Torres, Luisa Guerra García, Rosaralis Santiesteban y Reinaldo Rivero en el Comité Editorial, junto con 16 asesores.

Hoy en día la revista ya no se publica en papel y solo se hace en formato electrónico dentro de la página Web de Infomed y también en la página dedicada a la oftalmología cubana, http/ /www.sld.cu/sitios/oftalmología, desde donde se accede directo a esa revista. En ese sitio se encuentran una exposición permanente de imágenes, de Carlos Mendoza y colaboradores, con fotos obtenidas con moderna tecnología, estilo Atlas o Galería, de 600 casos con su fondo de ojo y estudio de Tomografía Óptica Coherente. Estas imágenes son lo común actualmente, en algunas páginas Web de oftalmología dedicadas a la docencia o a la exposición de trabajos, como hace más de un siglo lo fue encontrar atlas pintados a mano donde se mostraban las variaciones de fondo de ojo en distintas enfermedades, como los de los cubanos Francisco Argilagos y González Echeverría. Indiscutiblemente el desarrollo tecnológico en la oftalmología y en especial de la imagenología, en los últimos 40 años, supera lo soñado para los que en ese tiempo comenzábamos la especialidad.

En 1971 se crea el primer Centro de Rehabilitación Visual Para Niños, que en la actualidad tienen las 14 provincias del país, con tres centros en la ciudad de La Habana, donde se trata al niño ambliope o débil visual por cualquier otra causa. En los inicios de ese decenio se llevó a cabo una investigación nacional sobre el grado de agudeza visual de los niños de círculos infantiles, que dirigieron Jaime Alemañy y Rolando Hernández Leal, en la que participaron oftalmólogos de toda Cuba. Como resultado de este trabajo se supo que la visión de la unidad se alcanzaba ya a los tres años. Esta investigación sobre agudeza visual en el niño fue la de mayor número de casos estudiados en el mundo para esa época, con más de 30 000 niños examinados. Le seguía otra investigación realizada en Israel con 5 000. Los resultados fueron publicados en un folleto de 35 páginas titulado ?Encuesta nacional de oftalmología en círculos infantiles y jardines de la infancia.

En la década de los años 1970 se abren los servicios de oftalmología de los institutos de Oncología y Endocrinología, que se suman al de Neurooftalmología del Instituto de Neurología y Neurocirugía, constituido como hospital de Neurología y Neurocirugía en 1962, por el doctor Rafael Estrada González. Desde su inauguración, Estrada se preocupó por disponer en ese centro de esta rama de la oftalmología y a la vez de las neurociencias.

En 1974 se introduce la microcirugía en el Hospital ?Comandante Manuel Fajardo? y en 1975-1976 la electrofisiología de la visión en el Departamento de Neurooftalmología del Instituto de Neurología y Neurocirugía, la que se trató de extender al país usando también los electroencefalógrafos existentes.

En ese mismo año se introduce el ultrasonido ocular modo A en cinco centros del país y se inicia la fabricación y experimentación animal de los lentes intraoculares y queratoprótesis.

El 19 de julio de 1975 se funda la Asociación Nacional de Ciegos de Cuba, con una estructura de base hasta nación, lo que tuvo lugar en los locales de la Escuela de Ciegos ?Varona Suárez?. Su primer presidente fue Carlos Olivares Sánchez. Cuenta en la actualidad casi con 28 000 asociados y tiene representación en los 169 municipios del país, con un secretariado de cinco a siete personas, en los municipios, en las instancias provinciales y nacionales, con un Consejo Nacional permanente, que celebran su congreso cada cinco años. Entre los objetivos de esa asociación está agrupar y ayudar a rehabilitar a las personas con discapacidad visual para su incorporación a la sociedad, para lo cual el Ministerio de Salud Pública amplió el sistema de escuelas especiales para niños ciegos y débiles visuales a todas las provincias, para un total de 17 centros de rehabilitación. Esta asociación cuenta con 18 bibliotecas para ciegos, en áreas especiales, con salas ?Broille? y de audio, 90 áreas especiales municipales con mini bibliotecas, una sala especial en la Biblioteca Nacional ?José Martí?, donde se preparan materiales para ciegos y un Centro Nacional de Rehabilitación para adultos en Bejucal. Cuentan además con un Centro Recreativo localizado en la escuela ?Abel Santamaría?.

Con la nueva división político-administrativa se crean servicios de oftalmología en las nuevas provincias y algunos municipios del país. A finales de la década de los años 1970 mejora el equipamiento en los Hospitales ?Ramón Pando Ferrer? y ?CIMEQ?, pero no lo suficiente para dar asistencia del más alto nivel, por lo que la oftalmología se convierte en la especialidad que más casos envía a tratar fuera de Cuba, con el consiguiente gasto que eso comporta al país. Eso es debido a su sistema social, en el cual toda la medicina es gratuita, incluyendo el envío de pacientes a tratarse al extranjero, cuando hay solución para la afección que padece y Cuba no cuenta con los recursos necesarios.

En 1978 se inicia, en esos dos hospitales la técnica de fotocoagulación con láser argón.

En 1981 la jefatura de Cátedra de Oftalmología se descentraliza del Hospital ?General Calixto García?, y se abre una para cada facultad de medicina, que se va creando en toda la Isla. Pasa el Doctor en Ciencias Rosendo Villar Valdés a ser el nuevo Profesor Titular de ese centro, quien aún continúa como puntal de la docencia de oftalmología en esa facultad y en el país.

En los años siguientes se incrementa la docencia de pos grado y se admiten residentes extranjeros para cursar la especialidad de tres años en Cuba. La residencia de oftalmología pasó, de dos a tres años y en algunos casos de segunda especialización o subespecialidad, a cuatro años, pero actualmente vuelve a darse la posibilidad de hacerlo en menos tiempo, en relación a lo intensivo del estudio, al perfil de salida y la asimilación del educando.

En 1981 una epidemia de conjuntivitis hemorrágica afectó a la población cubana y queda ya en el país como endemia, con sucesivos brotes epidémicos en algunos años.

En 1982 se inaugura el moderno Hospital ?Hermanos Ameijeiras?, el que dotan de tecnología muy actualizada. En
1983 se hace un proyecto de plan para el desarrollo de la oftalmología en Cuba. En 1984 se aprueba el plan especial para el desarrollo de la oftalmología y de la industria óptica, que se materializa poco después.

Indiscutiblemente la prestación de los servicios de la especialidad se había extendido a todo el país, pero se había atrasado con respecto al desarrollo del resto del mundo, pues era constante la aparición de nuevas tecnologías que dejaban atrás las anteriores, en una forma tan rápida, nunca antes vista. Y era difícil por el bloqueo a que estaba sometido el país reponer la que se tenía. Se discute con los oftalmólogos y comienza a ejecutarse en los dos años siguientes este proyecto con la compra de numerosos equipos y un plan de inversión millonario, pues había que desarrollar a todo el país y no solo a la capital.

En 1985 visita a Cuba el doctor Svyastolaff Fyodorov quien realiza, en el Hospital ?Hermanos Ameijeiras?, la cirugía de la miopía y la extracción extracapsular de la catarata, con implantación de lente intraocular. A finales de ese decenio, se había construido en un centro anexo al Hospital ?Ramón Pando Ferrer? un módulo de microcirugía en serie, según la concepción de este académico de Moscú y con su asesoría. Ese fue el único en América de su tipo y a la vez el primero que existió fuera de las fronteras de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Durante 1985 y 1986 se introdujo, en algunos centros del país, la facoemulsificación, el ultrasonido modo B y la perimetría computarizada; se extendió la electrofisiología de la visión y sobre todo la microcirugía ocular. Como parte del entrenamiento para la nueva tecnología adquirida viajaron varios especialistas cubanos a calificarse, en los países socialistas principalmente. Más tarde se adquirieron nuevas tecnologías de láser, se modernizó la trasplantología y el equipamiento para el examen de chequeo para la licencia de conducción. En 1996 se inició la cirugía de vitreo en el Hospital Ramón Pando Ferrer.

Se confeccionó el Programa de Prevención y Rehabilitación Visual para Niños y se hizo un plan de estratificación de los servicios de la oftalmología para todo el país. Los recién nacidos, los niños de círculos infantiles y otros centros de educación de menores en el país, reciben atención preventiva mediante examen ocular obligatorio, antes de otorgarles la matrícula en esos centros.

Posteriormente se compraron equipos para 32 policlínicos, el Instituto de Medicina Aereonáutica y nuevos centros de rehabilitación visual. En 1990 ya la atención se oferta en 45 policlínicos, 19 de ellos en La Habana y hay plan de construir otros en el país. Se programó la atención al diabético, mediante examen sistemático de fondo de ojo.
Actualmente esta idea de modernización continúa y se pretende reparar y equipar con moderna tecnología a un grupo importante de centros en el país, que ya están en ejecución.

En 1989 se abrió nuevamente la optometría como carrera universitaria de cinco años, con dos años de ciencias básicas en la Escuela de Medicina, a partir de los ya graduados de técnicos medios con grado 12, después de dos años de trabajo y con examen de ingreso a la universidad. En este denodado esfuerzo docente para elevar el nivel de la optometría en Cuba de nuevo a carrera universitaria, es de reconocer el trabajo de la profesora y pedagoga Olga de Landaluce, las optometristas Marta Menéndez, Migdalia Iglesias, las doctoras Marta Francisco, Migdalia Ríos y otros oftalmólogos y optometristas que hicieron posible la formación de un excelente grupo de profesionales de alta calificación que ahora ayudan a los demás, en la nueva licenciatura que se ha diseñado con sus largos años de experiencia y estudios.

Actualmente se forman tres tipos de optometristas; el técnico básico con un año de estudio teórico práctico, el que trabaja con un tutor hasta graduarse de técnico medio; el técnico medio con tres años de estudio y práctica; y el licenciado, con dos años más de estudios para alcanzar ese grado.

En 1989 se llevó a cabo un estudio de prevalencia de ceguera en niños de edad escolar, con vistas a estudiar sus causas y trazar un plan de prevención, por la doctora Luisa Guerra. El estimado de prevalencia encontrada fue de 0,02 %, mayor en débiles visuales que en ciegos, lo que se publicó en la Revista Cubana de Oftalmología, v 3, 1989. En 1994, en el volumen 1-2 de la misma revista, los doctores Jaime Alemañy y Arnaldo Tejeiro publicaron una encuesta de ciegos en busca de las principales causas de ceguera, de 3 967 miembros registrados, como ciegos en La Asociación Nacional de Ciegos de Cuba, cuyos resultados fueron los siguientes: 62% sexo masculino, fluctuación de tasa por provincia entre 27,7% y 66,5%, la mayor en Ciudad de la Habana. Las causas más frecuentes fueron los accidentes, seguida de enfermedades congénitas o hereditarias, glaucoma, catarata operada en que el enfermo no recuperó buena visión, retinosis pigmentaria, enfermedades de la retina, atrofia del nervio óptico, diabetes mellitus y otras de menor incidencia.

Terminando el decenio de 1980-1990, el país contaba con 10 millones de habitantes, con 566 médicos dedicados a la oftalmología. De ellos 426 especialistas y 134 residentes. Los técnicos de optometría llegaban a 210 y las camas dedicadas a la especialidad eran de 340. Los oftalmólogos en Ciudad de la Habana estaban algo por debajo del 50% y el resto estaba distribuido en las provincias equitativamente. Ya la ayuda internacionalista se extendió a 23 oftalmólogos en países de África, Asia y América Latina.

Se contaba con vitrectomía en tres hospitales; Nd.Yag láser en tres hospitales; microscopia especular en tres, ultrasonido ocular, modos A y AB en 8 hospitales; paquimetría en cinco; perimetría computadorizada en seis; electrofisiología ocular en cinco; facoemulsificación en siete; irrigación aspiración por máquina de presión controlada en 12; lentes intraoculares en tres y queratotomía radiada en cuatro. Se incrementó en diversos hospitales el número de microscopios con luz coaxial, el láser argón, el fotocoagulador xenón, los angiógrafos, retinógrafos y muchos otros equipamientos más. Algunos oftalmólogos extranjeros visitaron a Cuba en intercambio científico en ese decenio.

En la atención a los planes de oftalmología sobresalieron los funcionarios Luís Nafeh y Hatuey Álvarez, este último ya fallecido.

Comenzando la década de 1990, el personal del programa?ORBIS? empieza a venir a la Isla con cierta regularidad y a desarrollar actividades asistenciales y docentes durante sus visitas, mostrando las más novedosas técnicas quirúrgicas. También la organización Cristopher Blidness Vision prestó ayuda a varios servicios de oftalmología del país.

Las enfermedades oculares por infecciones, como las oftalmías purulentas, ya no eran un problema de salud como antaño en Cuba pero si surgieron en ocasiones epidemias de conjuntivitis viral hemorrágica, que ponía en tensión las fuerzas médicas y oftalmológicas de todo el país. El déficit visual por cataratas era resuelto, y nuevas técnicas quirúrgicas de avanzada iban apareciendo, como la colocación del lente intraocular en el saco capsular.

A pesar del elevado costo de esos insumos y la situación de bloqueo económico que tenía el país desde inicios de la decada de 1960, se fueron introduciendo esos avances y hoy en día se cuenta con tecnología muy actualizada en ese campo de la cirugía de la catarata.

Un programa nuevo surge para el diagnóstico y tratamiento de la retinosis pigmentaria, a cargo del doctor Orfilio Peláez Molina el cual se introduce en todo el país; el programa cuenta actualmente con un centro por cada provincia y uno de atención para extranjeros nombrado ?Camilo Cienfuegos?, dotado de las más actualizadas técnicas para la oftalmología en general.

Cambios políticos en el campo socialista de Europa, unido al bloqueo en el comercio de Cuba por Estados Unidos, traen aparejados nuevos y graves problemas económicos a la nación.

En 1991, en medio de la crisis económica sufrida en esa época, aparece de forma epidémica, una desconocida enfermedad en pacientes con un tipo de neuropatía óptica, acompañada o no de neuropatía periférica, con muy pocos signos objetivos, similar a la ambliopía tabaco alcohólica o nutricional. La forma óptica de la enfermedad afectó, en menos de un año, a más de 25 000 personas. 123 Costó trabajo admitir a la deficiencia nutricional como base del proceso, ya que era contradictorio con los excelentes índices de salud que se habían alcanzado en Cuba, con una mortalidad infantil y esperanza de vida mejor que algunos países altamente desarrollados y la poca referencia de enfermedad similar en los que tienen mayores dificultades económicas que Cuba. En estos últimos se explica por hábitos alimentarios diferentes, ausencia de registros epidemiológicos y por la poca importancia que se da en esos países a este tipo de neuropatía; enfermedad esta que dificulta la visión central pero que no incapacita para llevar a cabo las tareas habituales que tienen que realizar las clases desposeídas y sin escolaridad, que ni espejuelos para la presbicia pueden adquirir.

Al demostrarse que los pacientes con la enfermedad mejoraban con vitaminas y que la demora en el diagnóstico y tratamiento se relacionaba con la peor agudeza visual, puso aún más en tensión a la oftalmología cubana. Se realizó una campaña, por la prensa, radio y televisión y por la organización del médico de familia, para detectar los casos precozmente y tratarlos, lo que propició algo de sobrediagnóstico, como demostró Rosaralis Santiesteban en varias investigaciones y en su tesis de doctor en Ciencias Médicas150. Se habilitaron más de 40 centros en el país para el diagnóstico, para lo cual se adquirieron pantallas tangentes de campo visual, prueba de Ishihara y sensibilidad al contraste, elementos imprescindibles, los dos primeros, para precisar el diagnóstico. Se ofrecieron cursos por los neurooftalmólogos y se llevaron a cabo múltiples investigaciones para aclarar la causa de la enfermedad y profundizar en la clínica y el diagnóstico precoz y diferencial.

La epidemia disminuyó su incidencia de forma brusca al suplementar a toda la población, de forma profiláctica con complejos vitamínicos, aunque se mantuvo como una endemia de pocos casos durante varios años más. El desarrollo del sistema de salud cubano permitió hacer estudios más profundos y detallados de lo que se había logrado en epidemias similares de otros países, en especial lo que tenía que ver con la clínica de la neuropatía óptica, 248-278 pues en lo nutricional no pudo precisarse un déficit específico, a pesar de los numerosos estudios realizados.

La revisión de la literatura médica del siglo XIX, permitió asegurar que esta fue una neuropatía como la que se describió en Cuba en forma epidémica en los años de guerras y penurias, por el doctor Domingo Madan.

Este tema de la neuropatía epidémica es uno de los que más publicaciones han dado origen en Cuba. Sobre la epidemia de neuropatía cubana se escribe hoy en los libros de texto de la especialidad en el mundo. 279-281

A partir de 1993, motivados por la tragedia que para la oftalmología cubana constituyó la epidemia de neuropatía, visitó el país un grupo de especialistas dedicados al estudio de retina y vía visual, en gesto de solidaridad para tratar de aclarar la causa de la epidemia que afectaba al nervio óptico. Entre ellos se encontraban, los doctores, Nora Lincoff, Michio Hirano, Alfredo Sadun, Rafael Muci Mendoza, Thomas Hedges, Sokof, Gordon Plant, Geoefrey Arden, Janet Wolf y otros profesionales relacionados con el estudio de la epidemia, muchos de los cuales han mantenido intercambio científico y colaboración con Cuba durante los años siguientes. Ellos, junto a otros científicos del mundo, investigaron y publicaron sobre la epidemia junto a autores cubanos. 282-291

También se declararon en contra de un acto tan hostil como el bloqueo o embargo a Cuba, que creaba las condiciones para la epidemia. 292- 302 Al doctor Alfredo Sadun, de Estado Unidos, le fue otorgado un premio mundial, de la Light House, por sus investigaciones al respecto.

En 1994 se llevó a cabo un taller internacional presidido por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, donde se analizaron las posibles causas de la epidemia y se tomaron medidas para continuar disminuyendo la incidencia de casos, que ya permitía hablar de una endemia y no una epidemia en esos momentos.

En septiembre de 1994 se celebró, en el Palacio de Convenciones de La Habana, el VI Encuentro Internacional del Club Latinoamericano de Neurooftalmología. Más tarde se unirían los neurooftalmólogos de Cuba en la Sección de Neurooftalmología de la Sociedad Cubana de Oftalmología. Esta sección llevó a cabo un encuentro internacional, itinerante, en La Habana, Pinar del Río y Matanzas en el año 2000, lo que repitió el 2002 y 2006 en Ciudad de La Habana. Otras subespecialidades también, formaron sus secciones, como las de Retina, Baja visión y Oculoplastia, entre otras y celebraron diferentes actividades científicas, lo que ha sido de gran ayuda para el adelanto de esas ramas de la especialidad.

La crisis económica en que se vio sumido el país provocó, en el último decenio del siglo, retrasó en los planes de desarrollo de la especialidad, que no pudo seguirse extendiendo, en una primera fase, a los 150 centros de atención primaria del país, como se había planificado, ni mantenerse al día con las nuevas tecnologías que aparecían constantemente en el mundo, en los centros de máximo nivel del país. Se calcula, que Cuba ha perdido, solo por el bloqueo, hasta el momento de escribir este libro, más de 86 000 millones de dólares.

No obstante estas inmensas pérdidas, el país siguió adelante destinando los pocos recursos a obras de interés social fundamentalmente. Se pudieron por ello completar los centros de rehabilitación visual en todas las provincias, y se cumplieron las tareas de formación de personal, incluyendo una buena cantidad de residentes de América Latina que vinieron a estudiar la especialidad en Cuba y propiciar estudios en la Escuela Latino Americana de Medicina, a los jóvenes que no tenían recursos para pagar la carrera en su país, algunos de los cuales estudian ahora esta u otras especialidades en Cuba.

Fue de gran ayuda, frente a la escasez de información actualizada, la creación de la red informática de la salud pública en Cuba ?INFOMED?, alrededor de los años de 1990, la cual permitió el acceso a la bibliografía más actualizada del mundo y desarrollar la del país.

En 1996, después de haber sido electos diferentes directivas, se reestructura la Junta de Gobierno de la Sociedad Cubana de Oftalmología y se eligen nuevos miembros. Son desde entonces sus dirigentes. Marcelino Río como presidente, Gildo Pérez Blázquez vicepresidente, Maritza Miqueli como secretaria, Carmen de Prada y Mayra Mier como tesoreras y un grupo de vocales.

Antes de finalizar el siglo XX los oftalmólogos, distribuidos equitativamente en el país, pasaban de 600, cinco veces más que los que había al triunfo de la revolución cubana. Ya en este año deben llegar a 700 los graduados de especialistas. Habían desaparecido las principales enfermedades oculares por enfermedades infectocontagiosas y la catarata, principal causa de ceguera en países subdesarrollados, no era un problema de salud en Cuba. Las camas de la especialidad no fue necesario incrementarlas en el último decenio debido al desarrollo de la cirugía de catarata extracapsular con el paciente ambulatorio, o con pocas horas de ingreso.

Se aumentaron las plazas docentes y en el 2005-2006 se otorgaron nombramientos de profesores a algunos oftalmólogos y a licenciados en optometría destacados en la docencia, en la carrera de Optometría y Óptica, cuya gran cantidad de educandos matriculados así lo requirió.

Hoy estudian oftalmología un número mayor de especialistas de los que existen actualmente, con un programa sin precedentes en la formación de estos, en los que están, además del programa tradicional de la especialidad, las Ciencias Básicas, Cirugía Experimental y otras asignaturas no incluidas antes, que elevan el nivel de formación de nuestros especialistas.

Hoy es mucho mayor el número de profesores con categoría docente en el país, incluyendo a los optometristas. Hoy son muchas las mujeres que ostentan cátedras de la especialidad en las diferentes facultades de medicina, son profesoras consultantes, dirigen en la Sociedad Cubana de Oftalmología o sus filiales y han tenido labores de dirigente en el gobierno del país, como fue el caso de la doctora Marta Puig Mora.

Hoy cinco mujeres oftalmólogas han llegado a ostentar el grado científico de Doctores en Ciencias Médicas, posición que estrenó la pediatra Liane Borbolla Bacher en 1981. 27 Estos reconocimientos se los ha sabido ganar la mujer cubana en la actualidad con su sacrificio, como lo demuestra el inmenso número de licenciados, técnicos y especialistas de ese sexo, quienes junto a los hombres han prestado o prestan su ayuda a países necesitados en nombre de Cuba y la labor abnegada de las que se quedan sustituyendo el trabajo de los que marchan a esa honrosa misión; son también mujeres la mitad de los miembros del grupo nacional de la especialidad y quienes dirigen la mayoría de los servicios del país. Es en la oftalmología donde se hace más evidente los cambios que trajo aparejado el nuevo sistema social para la mujer en un país subdesarrollado como era Cuba, donde hace apenas 70 años no tenía derecho al voto. 221-222

Para el nuevo siglo se han comenzado a hacer planes para el desarrollo de la especialidad, que ya se materializan en parte, al haber podido aumentar y equipar más unidades de atención primaria y comprar equipos de tecnología básica y de primera línea para las unidades del país.

La Sociedad de Oftalmología aumentó sus actividades, inauguró nuevas sesiones y se continuó publicando la Revista Cubana de Oftalmología, en forma electrónica, con artículos de autores cubanos de cada vez mejor calidad.

Se celebraron los congresos que correspondían, con un alto nivel de actualización. El más reciente, el XIII Congreso Nacional de Oftalmología y el V Internacional en Cuba, se celebró en junio del 2005, el que fue completamente gratis para los oftalmólogos, y licenciados en optometría y óptica en reconocimiento al arduo y masivo trabajo desplegado por ellos en esos tiempos.

Los primeros años del siglo XXI abrieron nuevas perspectivas. La labor internacionalista de la oftalmología cubana durante la revolución, iniciada en Argelia, se ve multiplicada por cientos de especialistas quienes trabajan ayudando a otros países y realzan el prestigio de Cuba en el mundo.

En julio del 2003 una primera avanzada de 33 optometristas comenzó, en Venezuela, labores en el llamado ?Plan Robinson? para corregir los defectos refractivos de los que iban a tener las posibilidades de ser alfabetizados, dándoles espejuelos completamente gratis. Tiempo después se constituía el ?Plan Barrio Adentro?, que sumó a estos optometristas y a oftalmólogos que comenzaron a diagnosticar y tratar, en lo posible, ciertas enfermedades visuales.

En el 2004 el nuevo plan nombrado como ?Operación Milagro? daba ya solución inmediata al problema de salud ocular de muchos pacientes de esa hermana república y luego, de otros países latinoamericanos con similar situación en la salud visual de sus habitantes. Los pacientes que necesitan tratamiento quirúrgico y no pueden pagarlo son recibidos para ser operados en Cuba, lo que los devuelve a su país con visión útil, listos para incorporarse a la sociedad. Esta ayuda es completamente gratis para el paciente y según un convenio entre estados. 303

Actualmente se está aumentando la formación de personal por la demanda que nuestros profesionales y técnicos tienen en los países pobres a los cuales se le presta ayuda; a ellos se les envían optometristas y oftalmólogos de forma gratuita, así como médicos generales o de otras especialidades, lo que ya sobrepasa, solo en Venezuela, la cantidad de 20 000 profesionales de la salud.

Ya hoy se empiezan a abrir servicios de oftalmología, con el apoyo de Cuba en varios hospitales de ese y otros países cuyos gobiernos así lo solicitan y se siguen brindando servicios en Cuba a pacientes pobres de otros países de la América y El Caribe, costeado en gran parte por Cuba y Venezuela. Estos dos países han encontrado entre ellos la forma de ayudarse mutuamente y ayudar a los demás, sentando las bases de lo que ya es una realidad para el desarrollo de los pueblos pobres, La Alternativa Bolivariana para las Américas, ALBA, un sistema de intercambio económico y social, sin desigualdades ni explotación por una u otra parte.

Las intenciones y acciones que Cuba desarrolla, en cuanto a mejorar la atención sanitaria a los pueblos subdesarrollados, se basan en la formación de médicos y personal técnico procedentes de las clases humildes de la población. Ellos se educan de forma masiva y gratuita para regresar a sus lugares de origen,con un nuevo modelo de educación médica que sirve de ejemplo al mundo, pues forma masivamente al hombre necesario y capacitado en medicina para resolver los principales problemas de salud de su comunidad. Este método ya lo empiezan a seguir algunos países que despiertan del letargo y la miseria en que el sistema económico reinante los tenía sumidos.

Pero no sólo comienzan a ver con más claridad los que reciben atención oftalmológica gratuita, sino también los que reciben el beneficio de la alfabetización y la cultura a través de los planes de educación masiva, de lo que Cuba es también abanderada en diversos países, abriendo los ojos de la conciencia a los que hasta ahora estuvieron sumidos en las tinieblas más densas, las del desconocimiento.

Hoy, en el 2006, la atención oftalmológica de Cuba llega a todos los rincones del país y a otros muchos pueblos pobres, con los que comparte lo poco que tiene. La revolución cubana demuestra así su espíritu humanitario y solidario, lo que la convierte en uno de los países que más ayuda ha dado, en personal calificado, para evitar la ceguera prevenible en el mundo, tratando de llevar a cabo una nueva reforma de la oftalmología en el siglo XXI; la de la justicia social.